6 de junio: celebramos a San Marcelino Champagnat, fundador de los Maristas
La historia de san Marcelino Champagnat es la de un sacerdote que entendió la educación como un acto de amor, servicio y evangelización.
Hablar de la educación católica en México implica también recorrer la historia de congregaciones que, durante siglos, han contribuido a la formación humana, intelectual y espiritual de miles de personas. Entre ellas destaca la obra de los Maristas, inspirada por san Marcelino Champagnat, sacerdote francés que entendió la enseñanza como una misión profundamente cristiana y un camino para transformar la sociedad desde las aulas, especialmente entre los más pobres y olvidados.
El 6 de junio, la Iglesia Católica celebra al fundador de la Congregación de los Hermanos Maristas de la Enseñanza, una comunidad religiosa dedicada a la formación integral de niños y jóvenes bajo el amparo de la Virgen María.
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¿Quién fue san Marcelino Champagnat?

Marcelino Champagnat nació el 20 de mayo de 1789 en Marlhes, al sur de Francia, pocos días antes del inicio de la Revolución Francesa. Provenía de una familia profundamente creyente y creció en medio de un contexto social convulso, donde la educación y la fe atravesaban tiempos difíciles.
Fue ordenado sacerdote en 1816 en la catedral de Lyon y, apenas un año después, el 2 de enero de 1817, fundó en La Valla el Instituto de los Hermanos Maristas. Lo hizo prácticamente sin recursos, impulsado por el deseo de acercar educación y formación cristiana a los niños más pobres de las zonas rurales.
Posteriormente abrió escuelas en diversas comunidades y, en 1825, estableció la casa madre de la congregación: Nuestra Señora del Hermitage.
La pedagogía de San Marcelino se basaba en su gran devoción a la Virgen María, declarando que “nuestra Comunidad pertenece por completo a Nuestra Señora la Madre de Dios. Nuestras actividades deben estar dirigidas a hacerla amar, estimar y glorificar”.
Muerte y canonización de san Marcelino

San Marcelino Champagnat murió muy joven, a los 51 años el 6 de junio de 1840 en Hermitage, Francia. Para entonces, su congregación estaba conformada por 290 Hermanos distribuidos en 48 escuelas.
La Iglesia reconoció oficialmente su santidad muchos años después: fue beatificado el 19 de mayo de 1955 y canonizado por san Juan Pablo II el 18 de abril de 1999.
Actualmente, continúa avanzando la causa de beatificación de alrededor de 50 Hermanos Maristas fallecidos con fama de santidad, siguiendo el lema que marcó la espiritualidad de la congregación:
“Todo a Jesús por María y todo a María para Jesús”.
La vida de san Marcelino Champagnat recuerda que educar también es una forma de evangelizar y transformar el mundo. Su legado permanece vivo en miles de aulas donde la enseñanza busca ir más allá del conocimiento académico para formar personas con sentido humano, espíritu solidario y fe comprometida.
La huella educativa de los Maristas en México

A lo largo de más de un siglo, los Maristas han participado activamente en la formación educativa del país. Instituciones como el Instituto México, el Colegio México y el Centro Universitario México (CUM) se han convertido en referentes académicos para generaciones de estudiantes.
Entre sus egresados figuran políticos, artistas, deportistas, intelectuales y figuras reconocidas internacionalmente, como el tenor Plácido Domingo. Además, la Universidad Marista ha ampliado su oferta académica con programas de licenciatura, maestría y posgrado en áreas como Derecho y Educación.
La propuesta pedagógica de san Marcelino Champagnat buscaba ofrecer una educación cristiana centrada en los valores del Evangelio y en la cercanía maternal de María. Sin embargo, también respondía a la necesidad de elevar el nivel educativo de las comunidades rurales de una Francia marcada por los cambios sociales y políticos posteriores a la Revolución Francesa.
Un proyecto que sobrevivió a las persecuciones
El crecimiento de la congregación no estuvo exento de dificultades. En Francia, diversas medidas anticlericales provocaron el cierre de seminarios y persecuciones religiosas durante distintos periodos del siglo XIX.
A pesar de ello, la obra marista continuó expandiéndose. En 1833, la congregación ya contaba con 82 Hermanos que enseñaban en 19 escuelas a cerca de 2 mil alumnos. Ese mismo año había también 22 postulantes en formación religiosa.
Poco tiempo después comenzaron las primeras misiones fuera de Francia, especialmente en Nueva Zelanda, mientras se redactaban las primeras reglas oficiales de la congregación.
Actualmente, los Maristas tienen presencia en más de 65 países, entre ellos México, donde comenzaron su labor educativa en 1899 con la fundación del Colegio de la Inmaculada Concepción, en Guadalajara, Jalisco. Ese mismo año también inauguraron un plantel en Mérida, Yucatán, dando inicio a una extensa obra educativa que hoy se extiende por la Ciudad de México y otros estados como Nuevo León, Hidalgo, Querétaro, Michoacán, Veracruz, Campeche y Baja California.




