¿Qué hacer cuando un perrito irrumpe en Misa?
Una divertida anécdota del padre Sergio Román invita a reflexionar sobre cómo actuar cuando un perro entra al templo y qué dice la caridad cristiana ante estas situaciones.
A muchos nos ha pasado. En pleno momento de la Consagración o mientras el sacerdote pronuncia la homilía, un perro callejero entra tranquilamente al templo. Recorre el pasillo central como si conociera el lugar, se acuesta junto a una banca o, en el peor de los casos, comienza a juguetear entre los fieles.
La escena suele provocar sonrisas, ternura o incluso molestia. Algunos intentan sacarlo de inmediato; otros prefieren dejarlo tranquilo para no interrumpir la celebración.
Pero, ¿qué es lo más adecuado? ¿Debe echarse al animal del templo o conviene actuar con paciencia?
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Una anécdota que invita a reflexionar
El padre Sergio Román compartió hace algún tiempo una historia ocurrida en su parroquia que ayuda a reflexionar sobre este tipo de situaciones.
“En mi parroquia hay un viejito que ha tomado como misión echar del templo a cuanto perro se atreva a entrar. Pipo es un perrito muy bonito, blanco si no fuera por la mugre, que acostumbra entrar a Misa en busca de un vecino amigo que lo mima. Ya lo conocemos y lo queremos (al vecino y al perrito).”
El sacerdote relató que, durante una Misa para niños, decidió presentarles a Pipo.
“Les comenté que Pipo va a Misa todos los domingos. En ese momento llegó el viejito antiperros y lo corrió.”
La anécdota, contada con humor, deja una pregunta de fondo: ¿cómo actuar sin perder de vista el respeto al templo, pero también la caridad hacia los demás?
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Ni exagerar ni perder el orden
El padre Sergio reconoce que, en principio, no es conveniente que los animales permanezcan dentro del templo, sobre todo cuando pueden distraer a la asamblea, provocar accidentes o interrumpir la celebración litúrgica.
Sin embargo, también advierte que no conviene caer en los extremos.
“¡No exageremos! Ciertamente no es conveniente que las mascotas entren al templo porque molestan, pero también debemos tener en cuenta que algunas personas consideran a su mascota como de la familia y, también aquí, debemos ser tolerantes y educar mejor a nuestra comunidad para evitar la guerra en el templo de la paz.”
Más que reaccionar con enojo, el sacerdote propone actuar con prudencia y sentido común, procurando siempre que el ambiente de oración y recogimiento se conserve sin generar conflictos innecesarios.
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El perro callejero que forma parte del mural de una parroquia
¿Qué hacer si ocurre durante la Misa?
Si un perro entra al templo, lo más recomendable es valorar la situación.
Si permanece tranquilo y no altera la celebración, puede ser mejor esperar a que salga por sí mismo o retirarlo discretamente cuando sea posible, evitando interrumpir la Misa.
En cambio, si comienza a ladrar, correr entre los fieles o representa un riesgo para los asistentes, conviene que alguna persona del equipo de servicio o de la comunidad lo conduzca con calma hacia el exterior, procurando no lastimarlo ni convertir el momento en un motivo de tensión.
Después de todo, la Iglesia está llamada a ser un espacio de paz, donde el respeto por la liturgia y la caridad hacia las personas —e incluso hacia los animales— puedan convivir con prudencia y sentido común.
El padre Sergio Román del Real, sacerdote emérito de la Arquidiócesis Primada de México, falleció el 9 de septiembre de 2021. Durante muchos años fue colaborador de Desde la fe y, con sus letras, acercó a miles de fieles a Dios.


