Lecturas de la Misa y Evangelio del 15 de febrero del 2026

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COLUMNA

Comentario al Evangelio

Lecturas de la Misa y Evangelio del 15 de febrero del 2026

El Señor nos recuerda que la fe no es solo cumplir, sino amar; no es solo evitar el mal, sino permitir que Dios transforme el corazón.

13 febrero, 2026
Lecturas de la Misa y Evangelio del 15 de febrero del 2026
Jesús con sus discípulos.
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La redacción de Desde la fe está compuesta por sacerdotes y periodistas laicos especializados en diferentes materias como Filosofía, Teología, Espiritualidad, Derecho Canónico, Sagradas Escrituras, Historia de la Iglesia, Religiosidad Popular, Eclesiología, Humanidades, Pastoral y muchas otras. Desde hace 25 años, sacerdotes y laicos han trabajado de la mano en esta redacción para ofrecer los mejores contenidos a sus lectores. 

Lecturas y Evangelio del 15 de febrero de 2026

  • Primera Lectura: Del libro del Sirácide (Eclesiástico): 15, 16-21
  • Salmo: Salmo 118
  • Segunda Lectura: De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 2, 6-10
  • Evangelio del día: Del santo Evangelio según san Mateo: 5, 17-37
  • Comentario al Evangelio

Primera lectura

Del libro del Sirácide (Eclesiástico): 15, 16-21

Si tú lo quieres, puedes guardar los mandamientos; permanecer fiel a ellos es cosa tuya. El Señor ha puesto delante de ti fuego y agua; extiende la mano a lo que quieras. Delante del hombre están la muerte y la vida; le será dado lo que él escoja.

Es infinita la sabiduría del Señor; es inmenso su poder y él lo ve todo. Los ojos del Señor ven con agrado a quienes lo temen; el Señor conoce todas las obras del hombre. A nadie le ha mandado ser impío y a nadie le ha dado permiso de pecar.

Palabra de Dios.

Salmo

/R/ Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.

Dichoso el hombre de conducta intachable, 
que cumple la ley del Señor. 
Dichoso el que es fiel a sus enseñanzas 
y lo busca de todo corazón. /R/

Tú, Señor, has dado tus preceptos 
para que se observen exactamente. 
Ojalá que mis pasos se encaminen 
al cumplimiento de tus mandamientos. /R/

Favorece a tu siervo 
para que viva y observe tus palabras. 
Ábreme los ojos para ver 
las maravillas de tu voluntad. /R/

Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes 
y yo lo seguiré con cuidado. 
Enséñame a cumplir tu voluntad 
y a guardarla de todo corazón. /R/

Segunda lectura

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 2, 6-10

Hermanos: Es cierto que a los adultos en la fe les predicamos la sabiduría, pero no la sabiduría de este mundo ni la de aquellos que dominan al mundo, los cuales van a quedar aniquilados. Por el contrario, predicamos una sabiduría divina, misteriosa, que ha permanecido oculta y que fue prevista por Dios desde antes de los siglos, para conducirnos a la gloria. Ninguno de los que dominan este mundo la conoció, porque, de haberla conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.

Pero lo que nosotros predicamos es, como dice la Escritura, que lo que Dios ha preparado para los que lo aman, ni el ojo lo ha visto, ni el oído lo ha escuchado, ni la mente del hombre pudo siquiera haberlo imaginado. A nosotros, en cambio, Dios nos lo ha revelado por el Espíritu que conoce perfectamente todo, hasta lo más profundo de Dios.

Palabra de Dios.

Evangelio

Del santo Evangelio según san Mateo: 5, 17-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos. Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.

Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

También han oído que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.

También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio. Pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio, y el que se casa con una divorciada comete adulterio.

Han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.

Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno”.

Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio

Hay palabras que incomodan porque nos sacan de la superficie y nos llevan al fondo del corazón. El Evangelio de este domingo es una de ellas. Jesús no se presenta como alguien que suaviza la exigencia moral, sino como quien la lleva a su plenitud. “No he venido a abolir la Ley, sino a darle cumplimiento”, dice, y con ello nos revela que el verdadero cambio que Dios espera no comienza en las normas externas, sino en el interior de la persona.

Jesús habla de no matar, pero va más allá: señala la raíz de la violencia que nace en el enojo, en el desprecio, en la palabra que hiere. Habla del adulterio, pero señala la mirada que cosifica, el deseo que usa al otro. Habla del juramento, pero nos invita a una verdad tan transparente que no necesite adornos. En otras palabras, el Señor nos recuerda que la fe no es solo cumplir, sino amar; no es solo evitar el mal, sino permitir que Dios transforme el corazón.

San Juan Pablo II lo expresó con claridad: “El cristianismo no es un conjunto de prohibiciones, sino una relación viva con Cristo”. Cuando Jesús profundiza la Ley, no lo hace para oprimirnos, sino para liberarnos de una vida fragmentada, donde decimos una cosa y vivimos otra. Él quiere una coherencia que unifique lo que pensamos, decimos y hacemos.

En la vida cotidiana esto es muy concreto. Pensemos en el ambiente laboral o familiar, donde una palabra dicha con ironía puede herir más que un golpe. O en las redes sociales, donde el enojo se expresa sin filtros y el juicio se vuelve inmediato. Vivimos en una cultura que normaliza la agresión verbal y la falta de compromiso con la verdad. El Evangelio de hoy nos confronta con una pregunta sencilla pero decisiva: ¿qué hay en mi corazón cuando hablo, miro o prometo?

La buena noticia es que Jesús no señala estas exigencias para desanimarnos, sino para ofrecernos una vida más plena. Él sabe que solo un corazón reconciliado puede construir relaciones sanas, familias estables y una sociedad más justa. Donde hay verdad, hay confianza; donde hay respeto, hay paz; donde hay amor auténtico, hay vida.

Este Evangelio nos recuerda que no basta con “parecer buenos”; estamos llamados a serlo desde dentro. Jesús no quiere una fe de mínimos, sino un corazón entero. Que este domingo sea una invitación valiente a dejar que Cristo transforme nuestras intenciones, nuestras palabras y nuestras decisiones. Porque cuando el corazón cambia, el mundo también cambia.


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La redacción de Desde la fe está compuesta por sacerdotes y periodistas laicos especializados en diferentes materias como Filosofía, Teología, Espiritualidad, Derecho Canónico, Sagradas Escrituras, Historia de la Iglesia, Religiosidad Popular, Eclesiología, Humanidades, Pastoral y muchas otras. Desde hace 25 años, sacerdotes y laicos han trabajado de la mano en esta redacción para ofrecer los mejores contenidos a sus lectores.