La voz del Papa

Papa Francisco: Dios llora por nosotros cuando nos alejamos de Él

El Papa Francisco invitó a sentir la paternidad de Dios en los momentos difíciles de la vida.
El Papa Francisco en la Misa de Santa Marta. Foto Vatican Media
El Papa Francisco en la Misa de Santa Marta. Foto Vatican Media

El llanto de David por la muerte cruenta de su hijo, que se había vuelto contra él, es una profecía del amor de Dios Padre por nosotros, un amor que llegó hasta la muerte de Jesús en la cruz, aseguró el Papa Francisco.

El Pontífice hizo su reflexión a partir de la primera lectura de la liturgia del día, tomada del segundo Libro de Samuel, en el que describe el final de la larga batalla liderada por Absalón contra su propio padre, el rey David, para reemplazarlo en el trono.

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“Descalzo, con la cabeza cubierta, insultado por algunos, otros le tiraban piedras, porque todo la gente estaba con este hijo que había engañado al pueblo, había seducido el corazón de las personas con promesas”, dijo el Pontífice.

Papa Francisco en su homilía del 4 de febrero. Foto Vatican Media

Papa Francisco en su homilía del 4 de febrero. Foto Vatican Media

Para el Santo Padre, el llanto de David es un hecho histórico y una profecía que nos permite ver el corazón de Dios, cómo actúa el Señor con nosotros cuando nos alejamos de Él, cómo reacciona cuando nos destruimos con el pecado. El Señor, como David, es un Padre y jamás niega esta paternidad.

Asimismo, destacó que las personas estamos en ese llanto de Dios cuando acudimos a la confesión de nuestros pecados, porque, dijo, “no es como ir a la tintorería y quitar una mancha, sino que es ir al Padre que llora por mí, porque es padre”.

Para el Papa Francisco la frase de David “si yo hubiera muerto en tu lugar, Absalón, hijo mío” es, efectivamente, profética reiterando que en Dios “se hace realidad”, pues “y¿tan grande es el amor de padre que Dios tiene por nosotros que murió en nuestro lugar. Se hizo hombre y murió por nosotros”.

Y agregó que cuando miremos el crucifijo, pensemos: ‘Si yo hubiera muerto en tu lugar’. Y escuchemos la voz del padre que en el hijo nos dice: ‘Hijo mío, hijo mío’. Dios no niega a sus hijos, Dios no negocia su paternidad.

Con información de Vatican News y Zenit

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