¿En qué consiste la meditación católica? El Papa Francisco te lo explica

Para los católicos, la meditación no es un reencuentro con uno mismo, sino con el Señor.
Papa Francisco en Audiencia General. Foto: Vatican Media.
Papa Francisco en Audiencia General. Foto: Vatican Media.

La meditación es una práctica presente todas las religiones del mundo, e incluso quienes no tienen una visión religiosa de la vida realizan esta actividad para reencontrarse con ellos mismos.

Pero, ¿en qué consiste la meditación para los católicos?

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En su catequesis, el Santo Padre señaló la principal diferencia de la meditación cristiana: No es un reencuentro con uno mismo, sino con el Señor.

“Meditar es una dimensión humana necesaria, pero meditar en el contexto cristiano va más allá: es una dimensión que no debe ser cancelada. La gran puerta a través de la cual pasa la oración de un bautizado —lo recordamos una vez más— es Jesucristo”.

“El cristiano, cuando reza, no aspira a la plena transparencia de sí, no se pone en búsqueda del núcleo más profundo de su yo. Esto es lícito, pero el cristiano busca otra cosa. La oración del cristiano es sobre todo encuentro con el Otro, con el Otro pero con la O mayúscula: el encuentro trascendente con Dios”.

Los misterios de Jesús

El Papa Francisco recordó lo que nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica respecto a la meditación: “Hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo. La oración cristiana se aplica preferentemente a meditar ‘los misterios de Cristo’.

“Cristo no está lejos, sino que está siempre en relación con nosotros. No hay aspecto de su persona divino-humana que no pueda convertirse para nosotros en lugar de salvación y de felicidad”.

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“Cada momento de la vida terrena de Jesús, a través de la gracia de la oración, se puede convertir para nosotros en contemporáneo”.

La guía del Espíritu Santo

No obstante, resaltó el Santo Padre, la meditación católica sólo es posible a la luz del Espíritu Santo.

“¡Es Él quien nos guía! Y gracias al Espíritu Santo, también nosotros estamos presentes en el río Jordán, cuando Jesús se sumerge en él para recibir el bautismo. También nosotros somos comensales de las bodas de Caná, cuando Jesús dona el vino más bueno para la felicidad de los esposos, es decir, es el Espíritu Santo quien nos une con estos misterios de la vida de Cristo porque en la contemplación de Jesús hacemos experiencia de la oración para unirnos más a Él”.

“También nosotros asistimos asombrados a las muchas sanaciones realizadas por el Maestro. Tomamos el Evangelio, hacemos la meditación de esos misterios del Evangelio y el Espíritu nos guía para estar presentes ahí”.

Formas de meditación católica

En la historia del cristianismo, la ‘meditación’ se refiere a experiencias espirituales diferentes y es que no hay un solo método para meditar.

Al respecto, el Catecismo explica que “los métodos de meditación son tan diversos como diversos son los maestros espirituales. […] Pero un método no es más que un guía; lo importante es avanzar, con el Espíritu Santo, por el único camino de la oración: Cristo Jesús”.

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“Son muchos los métodos de meditación cristiana: algunos muy sobrios, otros más articulados; algunos acentúan la dimensión intelectual de la persona, otros más bien la afectiva y emotiva. Son métodos”.

“Todos son importantes y todos son dignos de ser practicados, en cuanto que pueden ayudar a la experiencia de la fe a convertirse en un acto total de la persona: no reza solo la mente, reza todo el hombre, la totalidad de la persona, como no reza solo el sentimiento”.

Por último, el Papa pidió tener siempre presente que el método es un camino, no una meta: “Cualquier método de oración, si quiere ser cristiano, forma parte de esa sequela Christi que es la esencia de nuestra fe. Los métodos de meditación son caminos a recorrer para llegar al encuentro con Jesús, pero si tú te detienes en el camino y miras solamente el camino, no encontrarás nunca a Jesús”.

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