Canadá: el bello elogio del Papa a los abuelos en un país con pocos nietos

En la fiesta de san Joaquín y santa Ana, abuelos de Jesús, el Papa Francisco ha pronunciado una bella homilía sobre los abuelos.
El Papa Francisco saluda a una familia en el Estadio Commonwealth en Edmonton, Canadá / Foto: Vatican Media
El Papa Francisco saluda a una familia en el Estadio Commonwealth en Edmonton, Canadá / Foto: Vatican Media

El Papa Francisco celebró este martes la fiesta de San Joaquín y Santa Ana con una Misa en el Estadio Commonwealth en Edmonton, Canadá, donde pronunció uno de los más bellos y conmovedores mensajes sobre el papel de los abuelos en las familias.

No es casualidad que el Santo Padre haya decidido pronunciar este mensaje para resaltar el valor de los abuelos, pues Canadá es un país donde la tasa de natalidad disminuye año con año.

De acuerdo con Expansión, en 50 años (1970-2020), la tasa de natalidad disminuyó de 17.40% a 9.40% (consideraba baja), y actualmente tiene un índice de fecundidad (número medio de hijos por mujer) de 1.4, inferior al 2.1 necesario para garantizar una pirámide de población estable.

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Abuelos, amor sin reservas

En su homilía, y tras señalar que fue en la casa de Joaquín y Ana donde el pequeño Jesús conoció a sus mayores y experimentó la cercanía, la ternura y la sabiduría de sus abuelos, el Santo Padre pidió recordar a los abuelos y custodiar su historia, que es un regalo mediante el cual se nos ha transmitido el “tesoro de la vida”.

“Estamos aquí gracias a nuestros padres, pero también gracias a nuestros abuelos, que nos hicieron experimentar que somos bienvenidos en el mundo. A menudo fueron ellos los que nos amaron sin reservas y sin esperar nada de nosotros”.

Y continuó: fueron ellos “los que nos tomaron de la mano cuando teníamos miedo, nos tranquilizaron en la oscuridad de la noche, nos alentaron cuando a plena luz del día tuvimos que decidir sobre nuestra vida”.

Para el Pontífice, fue también gracias a nuestros abuelos que recibimos una caricia de parte de la historia que nos precedió; aprendimos que la bondad, la ternura y la sabiduría son raíces firmes de la humanidad”.

Cuántos de nosotros –continuó el Papa– respiramos en la casa de los abuelos la fragancia del Evangelio, la fuerza de una fe que tiene sabor de hogar, descubrimos una fe familiar.

“Sí, porque la fe se comunica esencialmente así, se comunica ‘en lengua materna’, se comunica a través del afecto y el estímulo, el cuidado y la cercanía”, apuntó.

“Los abuelos imprimieron en nosotros el sello original de su forma de ser, dándonos dignidad, confianza en nosotros mismos y en los demás. Ellos nos transmitieron algo que dentro de nosotros nunca podrá ser borrado y, al mismo tiempo, nos han permitido ser personas únicas, originales y libres”.

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¿Hemos sido buenos nietos?

Esta es la razón por la que el Santo Padre llamó a no perder el recuerdo de los abuelos, a “no olvidarnos de la historia que dio a luz a nuestra vida, acordarnos siempre de aquellas manos que nos acariciaron y nos tuvieron en sus brazos. Porque es en esta fuente donde encontramos consuelo en los momentos de desánimo, luz en el discernimiento, valor para afrontar los desafíos de la vida”.

También exhortó a la comunidad católica a aprovechar esta celebración para hacerse cinco pregunta: ¿somos hijos y nietos que sabemos custodiar la riqueza que hemos recibido?, ¿recordamos las buenas enseñanzas que hemos heredado?, ¿hablamos con nuestros mayores, nos tomamos el tiempo para escucharlos?, ¿sabemos cómo habilitar un espacio digno para conservar sus recuerdos?, ¿hemos conservado la Biblia y el rosario de nuestros antepasados?

Finalmente, el Papa Francisco pidió rezar por ellos y, en unión con ellos, dedicar tiempo a recordarlos y conservar su legado. “En la niebla del olvido que asalta nuestros tiempos vertiginosos, es esencial cultivar las raíces. Así es como crece el árbol, así se construye el futuro”.

Concluyó: “Que Joaquín y Ana intercedan por nosotros. Que nos ayuden a custodiar la historia que nos ha generado y a construir una historia generadora. Que nos recuerden la importancia espiritual de honrar a nuestros abuelos y mayores, de sacar provecho de su presencia para construir un futuro mejor. Un futuro en el que no se descarte a los mayores porque funcionalmente ‘no son necesarios’; un futuro que no juzgue el valor de las personas sólo por lo que producen”.

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