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¿Qué es la Misa Crismal?, acto que se celebra en Jueves Santo

Esto es lo que tienes que saber sobre el acto del presbiterio.
Misa Crismal y la Eucaristía
Misa Crismal y la Eucaristía

La Catedral Metropolitana es el único recinto de la Arquidiócesis de México en el que, año con año, se celebra la Misa Crismal, un acto litúrgico que sólo puede ser presidido por el obispo, en concelebración con su presbiterio.

En esta Eucaristía de Jueves Santo por la mañana, se consagra el Santo Crisma y los óleos que posteriormente se usarán para los sacramentos de Bautismo, Confirmación y Ordenación Sacerdotal, así como para la Unción de los Enfermos en todas las parroquias, durante todo el año.

La Misa Crismal es el acto litúrgico en que la comunidad celebra la unidad con el obispo, y el presbiterio renueva sus promesas sacerdotales, explicó el padre Ricardo Valenzuela, Sacristán Mayor de este recinto.

Explica que en esta Misa el obispo ofrece a los presbíteros un mensaje para iluminar la acción sacerdotal, anuncia la gracia derramada en los sacramentos y redondea toda la grandeza de lo que la Palabra anuncia y el sacramento realiza.

El sacerdote invita a que la comunidad acompañe con sus oraciones al obispo y a los sacerdotes, para que desempeñen su ministerio con alegría y fidelidad.

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Santos Óleos, ¿qué son?

Son aceites bendecidos en la Misa Crismal que se utilizan para impartir los sacramentos en la Arquidiócesis a lo largo del año litúrgico.

  • Óleo de Catecúmenos. Usado en la celebración del Bautismo como signo de la fortaleza de Cristo que ayudará a resistir y rechazar el mal.
  • Santo Crisma. Para el Bautismo, la Confirmación, la consagración de obispos, sacerdotes, templos y altares.
  • Óleo de los Enfermos. Exclusivo para el sacramento de la Unción de Enfermos, en que se pide la salud física y espiritual de la persona.

¿Qué más ocurre en Jueves Santo? 

El Jueves Santo por la tarde se conmemora la Última Cena, cuando Jesús instituyó por primera vez la Eucaristía, es decir, dejó a la Iglesia Su presencia real, al convertir el pan en Su Cuerpo y el vino en Su Sangre, cumpliendo así lo que dijo en el capítulo 6 del Evangelio de san Juan, que Su Cuerpo es verdadera comida y Su Sangre verdadera bebida que nos dan la vida eterna.

Desde entonces, los católicos pueden encontrarse con Él en persona, en cada Misa, contemplarlo, adorarlo, y entrar en comunión íntima con Jesucristo.