Iglesia en México

Mensaje de la Celebración Litúrgica de la Pasión y Muerte del Señor

El Arzobispo Primado de México, Carlos Aguiar, presidió la ceremonia en Catedral.
Foto: Ricardo Morales
Foto: Ricardo Morales

Antes de escuchar la lectura de La Pasión, según el Evangelio de san Juan, quiero ayudarles a seguir ese relato descubriendo algunas claves de lectura e interpretación a este misterio de por qué Dios Padre, siendo Dios, permite a su Hijo atravesar por el sufrimiento y la muerte, y sobre todo de manera tan dolorosa y tan injusta.

Las dos primeras lecturas que hoy proporciona la Palabra de Dios dan estas claves. La Carta a los Hebreos, retomando la escena del huerto de Getsemaní, es decir, poco antes de entregarse Jesús, se va a orar con sus discípulos. Y dice este autor de la Carta a los Hebreos: Cristo, durante su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas con fuertes voces y lágrimas a Aquél que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. (Heb. 5, 7).

Esta afirmación: fue escuchado es una clave. Cuando ustedes han tenido la experiencia de pasar por un momento difícil en su vida, y han dirigido una oración a Dios, esperan que Dios intervenga para sacarlos de esa situación; sea una enfermedad, o una situación moral, o de conflicto económico, o una situación injusta que ustedes no merecieran.

¿Qué esperan para que ustedes digan en esas circunstancias, ‘Dios me escuchó’? Normalmente todos esperamos que salgamos adelante de esa situación, que la superemos satisfactoriamente. Si así es, quedamos muy agradecidos con Dios y podemos ir a darle gracias, sea a la mediación de un santo, de la Virgen María de Guadalupe, y quedamos muy alegres. Pero cuando, a pesar de nuestra insistente oración, la respuesta que tenemos en esos momentos difíciles no es satisfactoria, ¿qué pensamos?, que Dios no escuchó nuestra oración, por más que le pedimos, no nos escuchó.

Sin embargo, aquí este texto afirma con toda claridad que, “con voces y lágrimas, Jesús en su vida mortal, suplicó a Aquél que podía librarlo, a su padre, al Dios poderoso, y fue escuchado por su piedad” (Heb. 5, 7). En el huerto de Getsemaní, Jesús pidió a Dios su Padre que apartara el cáliz de la pasión, aunque su oración terminó diciendo hágase tu voluntad.

Por eso es interesante ver todo el relato de la Pasión, porque ahí encontraremos la respuesta. El autor de la carta lo simplifica diciendo: a pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegando a su perfección se convirtió en la causa de salvación eterna para todos los que lo obedecen (Heb. 5, 8-9).

A través del relato vamos a descubrir, sobre todo teniendo en cuenta esta Primera Lectura del Profeta Isaías, por qué Jesús es la clave para entender este pasaje que, junto con otros tres, nunca entendió la comunidad judía de quién hablaba el profeta, de un famoso siervo de Dios, hasta que vino Jesús, y con su vida, nos enseñó que estas palabras estaban dirigidas a él.

Fíjense, voy a tomar algunas expresiones y después las siguen ustedes en el relato de la Pasión: “He aquí que mi siervo prosperará, será engrandecido y exaltado, su futuro va a ser después de que pase todo lo que va a suceder, será puesto en alto. Muchos se horrorizaron al verlo porque estaba desfigurado su semblante, no tenía ya aspecto de hombre”. (Is. 52,13-15). Más adelante, dice: “Él soportó nuestros sufrimientos, aguantó nuestros dolores, herido por Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes, Él soportó el castigo, la muerte que nos trae La Paz -termina diciendo- por sus llagas hemos sido curados” (Is. 53, 4-5).

Escuchemos atentamente el relato de la Pasión, y veamos la actitud que asume Jesús a lo largo de ella, les marco una primera, sencilla: Después de haber orado en el huerto de Getsemaní, Jesús, sin violencia, con dignidad y valentía, se entrega para ser arrestado.

Y así pueden ustedes ir viendo la actitud de Jesús a lo largo de su Pasión, con lo cual aprenderemos nosotros, cuando tengamos circunstancias semejantes, que nuestra oración será escuchada, y aunque la situación humanamente no termine como esperábamos, nosotros seremos capaces de afrontar cualquier adversidad, porque el Espíritu del Señor, como acompañó a Jesús, nos acompañará a todos los que somos sus discípulos.

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo Primado de México

Lee: El Cardenal Aguiar preside la Liturgia de la Pasión en Catedral