Iglesia en México

Homilía en la Eucaristía del inicio ministerial de Mons. Carlos Briseño Arch

Homilía del Cardenal Aguiar durante la toma de posesión de Monseñor Carlos Briseño como Obispo de Veracruz.

“Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor?

Cuál es el sabor al que se refiere Jesús, para poder interpretar correctamente la afirmación: “Ustedes son la sal de la tierra”.

La revelación del verdadero Dios que ha realizado Jesucristo era inconcebible para la mente humana: Un solo Dios pero a la vez tres personas realmente distintas, que participan la misma naturaleza divina, un Dios Trinidad. Dicha naturaleza es el amor que se vive plenamente en la comunión.

Nosotros hemos sido creados por este Dios a su imagen y semejanza; es decir, para vivir el amor, caminando siempre en comunión. De ahí, el por qué Jesús también afirmó que, el Amor a Dios se manifiesta en el amor al prójimo.

Ahora bien, ¿cuál es el sabor que le dará sentido y gusto a la vida humana? ¿Cómo seremos la sal de la tierra?

La clave es aprender a caminar en comunión, ¿pero, cómo podremos encontrar la manera y forma de hacer vida esta enseñanza básica y fundamental?

El Papa Francisco retomando las enseñanzas de la Iglesia Primitiva, en particular de San Juan Crisóstomo ha indicado con plena claridad que el método para caminar juntos y alcanzar la experiencia de comunión es la sinodalidad. Escuchemos al Papa:

La sinodalidad, como dimensión constitutiva de la Iglesia, nos ofrece el marco interpretativo más adecuado para comprender el mismo ministerio jerárquico. Si comprendemos que, como dice san Juan Crisóstomo, «Iglesia y Sínodo son sinónimos» —porque la Iglesia no es otra cosa que el «caminar juntos» de la grey de Dios por los senderos de la historia que sale al encuentro de Cristo el Señor— entendemos también que en su interior nadie puede ser «elevado» por encima de los demás. Al contrario, en la Iglesia es necesario que alguno «se abaje» para ponerse al servicio de los hermanos a lo largo del camino.

Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, con la conciencia de que escuchar «es más que oír». Es una escucha reciproca en la cual cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, colegio episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo, el «Espíritu de verdad» (Jn 14,17), para conocer lo que él «dice a las Iglesias» (Ap 2,7).

Cada Obispo, sirviendo al Pueblo de Dios, llega a ser para la porción de la grey que le ha sido encomendada, vicarius Christi, vicario de Jesús, quien en la Última Cena se inclinó para lavar los pies de los apóstoles (cf. Jn 13,1-15).

Nunca lo olvidemos. Para los discípulos de Jesús, ayer, hoy y siempre, la única autoridad es la autoridad del servicio, el único poder es el poder de la cruz, según las palabras del Maestro: «ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser primero, que se haga esclavo» (Mt 20,25-27). «Entre ustedes no debe suceder así»: en esta expresión alcanzamos el corazón mismo del misterio de la Iglesia —«entre ustedes no debe suceder así»— y recibimos la luz necesaria para comprender el servicio jerárquico.

A la luz de estas palabras del Papa Francisco podemos afirmar que la indispensable tarea del Obispo, y por tanto Monseñor Carlos, tu misión en esta Iglesia Particular de Veracruz será promover el caminar juntos con la escucha recíproca, la puesta en común y el discernimiento colegial, para llegar al servicio específico de la difícil e indispensable responsabilidad de la toma de decisiones. Esto es posible dejándonos conducir por el Espíritu Santo, que te acompañará en tu ministerio jerárquico y que garantiza la comunión eclesial, camino a la unidad.

Esta es la misión del Obispo, que según su raíz griega, significa el que mira por todos, el que ve a todos, el que ve desde lo alto para estar al pendiente de todos y poder animar, asumir, impulsar el caminar juntos, suscitando los carismas y dándoles espacio y cauce en bien de la comunidad. Es así como ofrecerás al Pueblo de Dios que se te ha encomendado, una sal con sabor, y una luz que alumbra el camino de la vida.

Así podrás anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, la libertad a los prisioneros, a pregonar el año de gracia del Señor, y a consolar a los afligidos, a cambiar su ceniza en diadema, sus lágrimas en aceite perfumado de alegría y su abatimiento, en cánticos.

Así podrás, por tu parte, reavivar el don de Dios cuando te impusieron las manos para hacerte Obispo, y alcanzar la hermosa experiencia a la que alude San Pablo: sé en quien he puesto mi confianza, y estoy seguro de que él con su poder cuidará, hasta el último día, lo que me ha encomendado. ¡Que así sea!

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo Primado de México