Hogares Lázaro da una ‘familia’ a personas en situación de calle

La Fundación Lázaro crea hogares colaborativos en los que personas en exclusión social viven junto a jóvenes voluntarios.
Por medio de la convivencia y la amistad, Fundación Lázaro ayuda a las personas a reintegrarse a la vida social. Foto: Facebook Lázaro España.
Por medio de la convivencia y la amistad, Fundación Lázaro ayuda a las personas a reintegrarse a la vida social. Foto: Facebook Lázaro España.

Fundación Lázaro es una organización creada por laicos católicos hace 16 años en París, Francia, cuyo objetivo es impulsar hogares colaborativos en que viven hombres y mujeres en situación de exclusión social, junto a jóvenes voluntarios. “Lázaro” -como se le conoce comúnmente a la fundación- ha llegado recién a México, donde busca replicar su modelo de reinserción social y ayuda.

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Aunque ya ha iniciado sus servicios en la Ciudad de México, albergando a un primer residente, se espera que la inauguración formal de su centro sea en enero, si la pandemia de COVID-19 lo permite.


En los hogares Lázaro, los residentes comparten las estancias comunes y forman relaciones de convivencia y amistad, por medio de las cuales las personas que vivieron exclusión empiezan a reinsertarse a la vida social.

La bella historia de la Fundación Lázaro

Tatiana Galindo, quien está al frente del proyecto en México, platica que “Lázaro” nació en el año 2006, luego de que un joven francés de nombre Étienne, al participar en un retiro, prometiera a Dios hacer lo que Él le pidiera.

“En una de las actividades del retiro -platica Tatiana Galindo-, colocaron bocabajo unas tarjetas con diferentes santos. Étienne pensó: ‘si cuando voltee la tarjeta me toca santa Teresa de Calcuta, dedicaré mi vida a los pobres’. Y así fue: cuando levantó la tarjeta apareció la imagen de la Madre Teresa”.

Al volver del retiro, le propuso a su compañero de departamento invitar a vivir con ellos a personas en situación de calle. “El compañero obviamente se negó -platica Tatiana- sin embargo, lo presentó con otro amigo que tenía una idea similar, con quien Étienne congenió bastante bien. E inmediatamente invitaron a vivir con ellos a tres personas en situación de exclusión social, que además estaban muy afectadas psicológicamente”.

Cierto día en que Étienne volvía a casa del trabajo, uno de los tres residentes lo recibió colocándole un arma en la cabeza para que le revelara quién le estaba pagando para que le diera alojamiento.

Etienne Villemain fundó “Lázaro” en el año 2006 en París.

“Étienne le contestó que nadie, que simplemente quería ayudarlo. El hombre disparó hacia el techo y le dijo que mejor le daría la pistola pues no estaba seguro de no atacarlo. ‘No -contestó Étienne- quédate con la pistola. Yo confío en ti y sé que tú nunca me harás daño’. Esa sola frase cambió radicalmente la vida del hombre, quien jamás en la vida se había encontrado con alguien que confiara en él”.

Los 3 residentes comenzaron a mostrar grandes transformaciones, de manera que Étienne y su nuevo amigo se propusieron replicar el modelo en otras partes: en algunas ciudades con el nombre de “Casa de la Amistad” y en otras como “Lázaro”.

“Después de París -refiere Tatiana Galindo-, se extendieron a otras ciudades de Francia, posteriormente a Bélgica, España, Suiza y recientemente a México, que es la primera casa de este tipo en América”.

“Lázaro” actualmente reparte 150 platos de comida los sábados, e igual número los domingos. Foto: Fundación Lázaro/Cortesía. 

Así llegó Fundación Lázaro a México

Fue hace dos años y medio que algunos empresarios mexicanos se propusieron traer a “Lázaro” a México, de manera que le hicieron una llamada telefónica a la Directora Internacional, Sibylle de Malet, quien por ‘obra de la casualidad’ se hallaba de visita en nuestro país.

“Así son las cosas de Dios -señala Tatiana Galindo-, cuando se trata de un proyecto de Él, todo se va presentando, por más difícil que en un inicio parezca. Tras platicar con Sibylle, pusimos manos a la obra: lo primero fue encontrar una casa, y después de varios intentos fallidos, la Arquidiócesis de México nos dio una casa parroquial en comodato. Sin embargo, debido a la pandemia el proyecto original se tuvo que detener”.

Era el inicio de la pandemia, de manera que echar a andar una casa para residentes era algo prácticamente imposible. “Sin embargo -platica Tatiana Galindo-, iniciamos un comedor para personas en situación de calle, al que también comenzaron a llegar personas que habían perdido el empleo. Este comedor aún se encuentra funcionando sábados y domingos, y cada día atendemos a unas 150 personas”.

“Lázaro” cuenta con un grupo de voluntarios decididos a entregarse por Cristo a quien lo necesita.

“Lázaro” ha comenzado a dar frutos

Los proyectos de “Lázaro” se han ido dando espontáneamente. “Tuvimos un evento -refiere Tatiana Galindo-, en el que fue a cantar un coro. Uno de los sopranos quedó muy conmovido y nos pidió permiso para iniciar un coro con las personas en situación de calle: primero asistieron 2, luego 4, posteriormente 8, y ahora tenemos un coro de 15 personas.

Por otra parte -refiere-, en el comedor se ha dado algo muy bonito: “varias personas en situación de calle comenzaron a decir que no sólo querían que les sirvieran comida, sino que querían servir a otros. Ahora, la mitad de las personas que atienden el comedor son personas en situación de calle, quienes toman las medidas de higiene y salud necesarias para evitar contagios. La otra mitad son personas provenientes de distintos lugares, de todas las edades y de diferentes estratos sociales”.

Como sucede en “Lázaro” en los países europeos, el objetivo es que, una vez que se inaugure formalmente la casa de la Ciudad de México, un porcentaje de los ocupantes sean personas en situación de exclusión social, y otro porcentaje más o menos similar, de voluntarios que ahí vivirán, prestarán sus servicios y convivirán con los residentes, mostrándoles el sentido cristiano de vivir en armonía y con dignidad”.

Finalmente, Tatiana Galindo señala que, mientras que en México el “éxito” de reinserción social que tienen las instituciones de gobierno es del 5 por ciento; “Lázaro” tiene un “éxito” promedio del 85 por ciento.

“Cuando me preguntan que en qué consiste esta diferencia tan grande. La respuesta es muy fácil: ‘Dios está en el centro del proyecto’. Porque no se trata sólo de darle techo a una persona, sino de entregarnos a ella como instrumentos del Señor”.

 

 

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