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Guía para reflexionar en la Octava Estación del Viacrucis

Monseñor Samaniego nos dice que, como Jesús pidió a las mujeres de Jerusalén llorar por sus hijos, le pidamos nosotros la gracia de llorar por la desgracia actual.
Jesús consuela a las hijas de Jerusalén en la VIII Estación del Viacrucis.
Jesús consuela a las hijas de Jerusalén en la VIII Estación del Viacrucis.

Durante el rezo del Ángelus de este miércoles 1 de abril, monseñor Carlos Samaniego, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primad de México, hizo una reflexión sobre la Octava Estación del Viacrucis, en la que Jesús consuela a la hijas de Jerusalén, quienes lloran por su sufrimiento, porque no alcanzan a ver en él ninguna esperanza; mientras que Él ve en su calvario un medio de redención y salvación.

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“Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por Él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: ‘Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, lloren por ustedes y por sus hijos’”.

A través de la meditación, la oración y la contemplación de la anterior lectura del Evangelio, podemos concluir que:

  • Llorar es una gracia, por lo que debemos pedir a Nuestro Señor que nos conceda lágrimas que llorar, como Él las lloró ante su amigo Lázaro y ante Jerusalén.
  • Debemos pedir a Jesús que podamos llorar los suficiente, no sólo por la tristeza de saber que hoy hay muchos enfermos y muertos a causa de la pandemia, sino también por nuestros pecados, que tanto daño hacen al mundo.

Puedes descargar una guía para la meditación de la Octava Estación del Viacrucis: Aquí

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