Iglesia en México

En la capilla de Santa Martha Acatitla, las reclusas encuentran la paz

Sonia tuvo fe hasta que estuvo en prisión, asegura que eso la fortaleza de aceptar su sentencia.
Foto: María Langarica/DLF

Sonia C. asiste varias veces a la semana a la capilla en el penal de Santa Martha Acatitla, en Iztapalapa. A veces cuando está triste, a veces cuando se siente desesperada, a veces para dar gracias a Dios.

Sentada en una de las sillas de plástico marcadas como mobiliario de la capilla y rodeada por el austero adorno del sitio, Sonia asegura que encuentra paz en este lugar.

“A la Iglesia me acerqué aquí dentro y puedo decir que mi vida ha cambiado, esto no deja de ser cárcel, pero asistir a la capilla lo hace menos pesado. Y cada vez que me siento mal, triste o desesperada, vengo aquí y salgo más tranquila”, explica.

Sonia, de 33 años, describe a sus padres como muy católicos, pero ella nunca estuvo particularmente interesada en la religión. Su mamá es catequista y su papá colabora en una parroquia, no han dejado de visitarla, al igual que sus hermanos y su hija.

Estudió hasta la preparatoria y trabajó en un banco; en ese lugar fue acusada de realizar un fraude que asegura no cometió. Hasta la fecha se pregunta quién fue la persona que utilizó su clave de ingreso al sistema para emitir órdenes de pago que otra persona cobró. “Yo no tenía ni idea, no me imaginaba nada hasta que me llegaron con una orden de aprehensión”.

“Cuando llegué fue muy difícil, tuve que aceptar que estoy por un crimen que no cometí, aceptar malas noticias sobre mi proceso, una mala defensa, encontré una salida fácil en consumir drogas”.

Tras dos años comenzó a asistir a la capilla del penal. “Aquí me hablaron de Jesús Eucaristía, de la Virgen María y de la beata María Inés Teresa; a ellos les pedí que me ayudarán, pues ya quería salir de eso”. No tiene la menor duda que el valor para dejar las drogas le vino del Cielo, y desde entonces no deja de asistir.

Sobre su salida, asegura que tiene varios temores, “a lo que digan, a ser rechazada por ser expresidiaria”, y al reto de conseguir trabajo de nuevo.

“A lo mejor no estoy por el delito que me acusan, pero en este tiempo he llegado a pensar que caí aquí para acercarme a Dios y valorar a mi familia”.

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