El día que san Juan Pablo II puso en todo lo alto a san Juan Diego

Se cumplen 20 años de la canonización del santo en la Basílica de Guadalupe, así fue este día que hizo historia.
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La canonización de San Juan Diego por San Juan Pablo II, en la Basílica de Guadalupe.

Tras un largo recorrido por Canadá y Guatemala, donde el entonces Papa Juan Pablo II canonizó al Hermano Pedro de Betancurt, era el turno de llegar a México para canonizar al primer indígena mexicano: San Juan Diego. La fecha programada para este evento era el 31 de julio de 2002.

El Papa llegó a México un día antes. A la ceremonia de bienvenida en el Aeropuerto asistieron 2,600 invitados. En el lugar de honor había tres sillas: la del centro, para Juan Pablo II; a su derecha estaba el presidente Vicente Fox y a la izquierda, su esposa, la señora Martha Sahagún.

El pontífice ya se había sentado cuando se escucharon las primeras notas del Himno Nacional Mexicano y el Papa se puso de pie y así permaneció visiblemente cansado. Luego se escuchó el Himno del Vaticano.

El discurso del presidente Fox fue más largo que el del Papa; habló de la pluralidad religiosa en México, la libertad de creencias, el compromiso con los derechos humanos y la dignidad de las personas.

Luego besó el anillo del pontífice, a título personal, lo que causó una polémica que alimentó la prensa. Juan Pablo II, por su parte, habló de una “patria en constante progreso”.

México siempre fiel

El recorrido desde el Hangar Presidencial hasta la Nunciatura Apostólica estuvo enmarcado por cientos de miles de fieles con banderas blancas y amarillas.

En la Sede Diplomática, se hicieron pocas adaptaciones para recibir al Papa quien caminaba con dificultad, pero la principal consistió en poner dos rampas en el acceso al edificio y al salón “Rinconada de los Ángeles”, cubiertas con alfombra roja y con un pasamanos.

Miles de peregrinos, principalmente indígenas, pasaron la noche en albergues que acondicionó el Gobierno en la Casa del Peregrino, el deportivo 18 de marzo y otros seis espacios más.

Para este evento que presidiría Juan Pablo II, el Arzobispado de México había distribuido diez millones de estampas, cien mil trípticos y cien mil carteles con la imagen de Juan Diego, y 50 mil ejemplares de un folleto síntesis de la “Carta Pastoral por la Canonización del Beato Juan Diego”, del cardenal Norberto Rivera.

Una campana para san Juan Diego

Las personas que tenían boleto comenzaron a llegar a la Basílica de Guadalupe desde las 4:00 horas, aun cuando estaba oscuro.

En el Zócalo se congregaron 25 mil fieles, principalmente jóvenes, donde el Papa Juan Pablo II bendijo la campana dedicada a San Juan Diego de 1,100 kilos, que fue instalada en el segundo nivel de la torre poniente de la Catedral.

Fue fundida el viernes 12 de julio del 2002, en Tizapán, Municipio de Zacualtipán, Hidalgo, por el señor Filemón Rivera Leyva.

En el atrio de la Basílica, artesanos de Huamantla adornaron 400 metros lineales de alfombra con aserrín pintado con motivos de rosas por donde pasaría el Papamóvil.

Andrés Manuel López Obrador, entonces, Jefe del Gobierno de la Ciudad de México, obsequió al pontífice una capa y un manto de lana virgen bordada, un libro, y un grabado realizado por un interno del Reclusorio Oriente. La reunión duró menos de 10 minutos. Sus tres hijos se quedaron a la ceremonia de canonización.

Miles de invitados en la Basílica de Guadalupe

En el interior de la Basílica de Guadalupe había unas 8,000 personas; en el atrio, otras 16,000, distribuidas en seis graderías y en varios rectángulos que dejaban espacios por donde circuló el vehículo del Papa Juan Pablo II.

En la misa estuvo presente el Presidente Fox, Martha Sahagún, Santiago Creel, Secretario de Gobernación; Carlos Abascal, Secretario del Trabajo; Julio Frenk, Secretario de Salud; Xóchitl Gálvez, encargada de Asuntos Indígenas de la Presidencia de la República; Javier Moctazuma Barragán, Subsecretario de Migración, Población y Asuntos Religiosos.

También estuvieron los gobernadores Patricio Martínez, de Chihuahua; Arturo Montiel, del Estado de México; Manuel Ángel Núñez Soto, de Hidalgo; Fernando Canales Clariond, de Nuevo León; Melquiades Morales, de Puebla.

Además, el Procurador de Justicia del entonces Distrito Federal, Bernardo Bátiz; Jorge González Torres, fundador del Partido Verde Ecologista de México y Felipe Bravo Mena, Presidente del PAN, entre otros.

El inicio de la ceremonia de canonización…

Para la ceremonia por Juan Diego, Juan Pablo II siempre estuvo acompañado por el Cardenal anfitrión Norberto Rivera Carrera, y por Piero Marini, ceremoniero del pontífice.

El cardenal José Saravia, prefecto para la Congregación para las Causas de los Santos, acompañado del padre Eduardo Chávez, postulador de la Causa de Juan Diego, pidió al Papa la inscripción del Vidente del Tepeyac en el Catálogo de los Santos, y se leyó una breve reseña biográfica.

Se recitó la Letanía de los Santos; figuraban San Felipe de Jesús, San Cristóbal Magallanes y compañeros mártires, San José María de Yermo y Parres, y María de Jesús Sacramentado Venegas, la primera santa mexicana.

…Y llegó el momento

A las 10:57 horas, el Papa pronunció la fórmula de canonización. “En honor de la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica y crecimiento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, después de haber reflexionado largamente, invocado muchas veces la ayuda divina y oído el parecer de nuestros hermanos en el episcopado, declaramos y definimos Santo al Beato Juan Diego Cuauhtlatoatzin y lo inscribimos en el Catálogo de los Santos, y establecemos que en toda la Iglesia sea devotamente honrado entre los Santos. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

La multitud aplaudió las palabras de Juan Pablo II, y la imagen de San Juan Diego fue entronizada en el altar, entre danzas, toques de caracol y el ensordecedor cascabeleo de sonajas y chirimías, en una composición del padre José de Jesús Aguilar, Sacristán Mayor de la Catedral Metropolitana.

El tenor Ramón Vargas, fue la primera voz; Francisco Ortega Garnelo estuvo en la dirección de 40 músicos y 180 voces, entre ellas, la de un grupo de solistas nahuatlatos de Huejutla, Hidalgo. Se interpretaron 20 cantos compuestos y arreglados por Víctor Luna, Manuel Rosillo y el propio Francisco Ortega.

Las palabras de Juan Pablo II a San Juan Diego

Durante la homilía, Juan Pablo II señaló: “¡Yo te alabo Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla! “…”Dirijo hoy un saludo muy entrañable a los numerosos indígenas venidos de las diferentes regiones del país, representantes de las diversas etnias y culturas que integran la rica y pluriforme realidad mexicana”.

“El Papa les expresa su cercanía, su profundo respeto y admiración, y los recibe fraternalmente en el nombre del Señor.” “Esta noble tarea de edificar un México mejor, más justo y solidario, requiere la colaboración de todos”.

“En particular es necesario apoyar hoy a los indígenas en sus legítimas aspiraciones, respetando y defendiendo los auténticos valores de cada grupo étnico. ¡México necesita a sus indígenas y los indígenas necesitan a México!

“¡Bendito Juan Diego, indio bueno y cristiano, a quien el pueblo sencillo ha tenido siempre por varón santo! Te pedimos que acompañes a la Iglesia que peregrina en México, para que cada día sea más evangelizadora y misionera…”

“¡Dichoso Juan Diego, hombre fiel y verdadero!… Mira propicio el dolor de los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, de cuantos padecen pobreza, soledad, marginación o ignorancia.

“Que todos, gobernantes y súbditos, actúen siempre según las exigencias de la justicia y el respeto de la dignidad de cada hombre, para que así se consolide la paz. ¡Amado Juan Diego, ¡El águila que habla!, enséñanos el camino que lleva a la Virgen morena del Tepeyac, para que ella nos reciba en lo íntimo de su corazón, pues ella es la madre amorosa y compasiva que nos guía hasta el verdadero Dios.”

Una fiesta en todo el país

El Papa dio la eucaristía a 37 personas, entre ellas, los tres hijos del Presidente Fox: Ana Cristina, Paulina y Vicente; el futbolista Alberto García Aspe, la cantante María Victoria, el niño Diego López, quien hizo su primera comunión y a dos indígenas. La fiesta se extendió por todo el país a través de los medios de comunicación.

En Cuautitlán, Estado de México, más de 4,000 fieles se reunieron en el atrio del templo, donde siguieron la misa a través de pantallas gigantes; las campanas repicaron cuando el Papa canonizó a Juan Diego.

Juan José Barragán Silva, quien recibió el milagro de sanación que llevó a Juan Diego a los altares, declaró que prefería mantenerse alejado de la prensa y estuvo mezclado entre los demás asistentes.

Las lecturas seleccionadas para la misa fueron: Eclesiastés (3,19-26) “Hazte pequeño en las grandezas humanas y alcanzarán el favor de Dios”, y Corintios (1,26-31) “Dios ha elegido a los débiles del mundo”.

La ceremonia por la canonización de Juan Diego duró casi tres horas, y a pesar de la fatiga de Juan Pablo II, todavía permaneció reclinado unos minutos frente a la imagen de la Virgen de Guadalupe.

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