Renunció a la quimio para salvar a su bebé; hoy va camino a ser beata

El Papa declaró venerable a la italiana María Cristina Cella Mocellin, quien murió a los 26 años.
La venerable María Cristina Cella Mocellin. Foto: amicidicristinaonlus.it
La venerable María Cristina Cella Mocellin. Foto: amicidicristinaonlus.it

“Cuando te moviste por primera vez (dentro de mi panza) parecía que me estabas diciendo: “¡Gracias mamá por quererme!”, estas fueron algunas de las palabras que escribió un mes antes de fallecer la italiana María Cristina Cella Mocellin, a su hijo Ricardo. Hoy, ella se encuentra en el camino a ser beata.

Este 30 de agosto, el Papa Francisco autorizó promulgar los Decretos relativos a las virtudes heroicas de esta laica, con lo que la declara Venerable, un paso más hacia su posible beatificación.

La vida de María Cristina Cella Mocellin fue corta pero heroica.


Nació el 18 de agosto de 1969 en Cinisello, Balsamo, provincia de Milán, Italia. Desde siempre fue cercana a la Iglesia y consideraba que su futuro era pertenecer a las Hijas de María Auxiliadora de Don Bosco.

Sin embargo, todo cambió cuando conoció a Carlos Mocellin, tenía 16 años y a partir de ese momento entendió que su llamada era al Matrimonio. La pareja se casó en 1991.

Cuando estaba embarazada de su tercer hijo, a María Cristina le diagnosticaron un cáncer, un tumor que ya la había atacado a la temprana edad de 18 años y del que momentáneamente se había recuperado.

A partir de ese momento ella tomó la decisión de dar prioridad a la vida del bebé y renunciar a someterse a quimioterapias.

Una carta para su hijo Ricardo

El diario italiano La Stampa reprodujo la carta que ella escribió para su hijo Ricardo. La redactó desde el hospital, ya intuyendo que moriría, lo que ocurrió un mes más tarde.

“Querido Riccardo. Tú tienes que saber que no estás aquí por casualidad. El Señor ha querido que tú nacieras a pesar de todos los problemas que había… cuando supimos que existías, te amamos y quisimos con todas nuestras fuerzas. Recuerdo el día que el doctor me dijo que diagnosticaban de nuevo un tumor en la ingle. Mi reacción fue repetir una vez tras otra: “¡Estoy embarazada! ¡Estoy embarazada! ¡Pero doctor, yo estoy embarazada!. Para hacer frente al miedo de ese momento nos fue infundida una fuerza de voluntad desmedida para tenerte. Me opuse con todas mis fuerzas a renunciar a ti, el médico entendió todo y no añadió nada más.

Ahora Riccardo, eres un regalo para nosotros -sigue la carta-. Esa tarde, en el automóvil volviendo del hospital, cuando te moviste por primera vez parecía que me estabas diciendo: “¡Gracias mamá por quererme!”. ¿Y cómo podríamos no quererte? Tu eres precioso, y cuando te miro y te veo tan hermoso, despierto, simpático… pienso que no hay sufrimiento en el mundo que no valga la pena por un hijo.

El Señor ha querido de nuevo colmarnos de alegría: tenemos tres niños estupendos que con su gracia podrán crecer como Él quiere. Puedo solo dar gracias a Dios porque ha querido hacernos este gran regalo que son nuestros hijos. Solo Él sabe como nos gustaría tener otros, pero ahora es verdaderamente imposible”.

María Cristiana murió a los 26 años, el 22 de octubre de 1995. Su causa de beatificación ha sido instruida por la diócesis de Padua.

Otra nueva Venerable: Enrica Beltrame Quattrocchi

Nueve años después de su muerte en Roma, el Papa también reconoció las virtudes heroicas de Enrica Beltrame Quattrocchi.

Su familia vivió un camino de santidad. Sus padres son los beatos Luigi Beltrame Quattrocchi y María Corsini, a quienes beatificó el Papa san Juan Pablo II.

De acuerdo con Vatican News, la ahora Venerable Sierva de Dios acompañó a sus ancianos padres, se implicó en el voluntariado, en las Damas de San Vicente con las que acudía a las zonas más difíciles de la capital, en la Acción Católica junto a su madre, y se dedicó a la enseñanza. En sus últimos años se dedicó a ayudar a parejas en crisis.

El religioso que salvó vidas

El tercer nuevo Venerable de la Iglesia Católica es el fraile menor Plácido Cortese. De nacionalidad croata, durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para facilitar la huida de antiguos prisioneros aliados, pero también de personas perseguidas por los nazis.

Esta voluntad fue interpretada por los alemanes como actividad política. Los nazis lo llevaron a la muerte.

Existen cinco pasos en un proceso de canonización, todo inicia cuando se postula a la persona. Posteriormente avanza a ser Sierva de Dios, Venerable, beato y finalmente santo.

 

Con información de Rome Reports y La Stampa