Consuela a los presos inspirada en el Cardenal Bergoglio

Tras la II Guerra Mundial emigró a Argentina siendo una niña; la noticia de la muerte de su abuela, presa en Siberia, inclinó su vida hacia los presos.
El Papa Francisco ha sido su modelo de atención a los desfavorecidos.
El Papa Francisco ha sido su modelo de atención a los desfavorecidos.

Halina Rozanska de Pokhylyak hoy cuenta con 78 años de edad; nació en Ucrania, pero la mayor parte de su vida ha estado en Argentina, país del Papa Francisco, al que llegó con sus padres después de la Segunda Guerra Mundial.

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Halina platica que la noticia de la muerte de su abuela –quien murió presa en Siberia, víctima del régimen comunista-, fue el punto de inflexión que la llevó a dedicar su vida a ayudar a los presos, labor que actualmente sigue realizando en Buenos Aires con el apoyo de sus 3 hijos y su 9 nietos.


Platica que conoció al Papa Francisco cuando era Provincial de los Jesuitas, y recuerda que tanto como obispo como cardenal, solía ir a la cárcel a visitar a presos esposados de pies y manos, enfermos de sida, con condenas muy largas. “Exigía que los pusieran en condiciones que les permitieran hablar con tranquilidad y normalmente lo conseguía”.

Halina refiere que el entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio se sentaba junto a ellos y los confesaba como ningún otro sacerdote lo había hecho antes. Así que después de su paso por las cárceles hubo muchas conversiones.

De manera que hoy, Halina Rozanska se empeña en actuar a ejemplo del Papa Francisco, apoyada por sus hijos tanto en las tareas propia de la asistencia carcelaria como en las cuestiones materiales. “Mi hija controla el ordenador en lugar de mí y lee los documentos judiciales, ya que es abogada”.

Varias experiencias personales han marcado su misión. Sobre todo la de un preso terminal al que enseñó a rezar poco antes de morir:

“Tenía un tumor en la garganta y no paraba de pedir un cigarrillo. Aunque yo no fumaba, conseguí uno y al día siguiente fui a ofrecérselo. Al mismo tiempo le di una Biblia. Me contestó que ni siquiera la abriría porque era analfabeto. Sin embargo, expresó su deseo de rezar y me pidió que le enseñara el Padrenuestro. Mientras lo recitaba, pude ver cómo se relajaba su rostro al pensar en su familia y en su tierra natal, la Patagonia”.

Halina refiere que aquel preso le pidió varias veces que lo acompañara en la oración, e incluso renunció a una de sus pasiones, el fútbol, para invocar la ayuda del Señor.

“Un día insistió en que fuera un domingo y, renunciando a los compromisos familiares, fui a verle y recé con él durante todo el tiempo que duró la visita. Volví dos días después y los guardias me dijeron que había muerto ese mismo domingo por la noche, acompañado del consuelo de sus compañeros”.

 

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