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‘Sé que Dios me dejó seguir para llevar un mensaje’: el hermoso testimonio de una niña con cáncer

Era una niña de seis años. En 2006 le diagnosticaron linfoblásfica de alto riesgo, Dios no la dejó sola y este es su testimonio.

2 febrero, 2023
‘Sé que Dios me dejó seguir para llevar un mensaje’: el hermoso testimonio de una niña con cáncer
Foto: Especial
Creatividad de Publicidad

Era una niña de seis años muy feliz al lado de mis abuelitos. En enero de 2006 empecé a sentir dolores en mis piernitas; mi abuelita Tita y mi mamá me llevaron a muchos doctores y no me decían qué tenía, hasta que un hematólogo me mandó a hacer una biopsia y determinaron linfoblásfica de alto riesgo. Este es mi testimonio

Fue como un baño de agua fría para toda la familia. Dejé de caminar. Mi mamá nunca quiso que me pusieran una silla de ruedas porque tenía fe en que iba a volver a hacerlo. Mi tía Lupita me regaló una carriola para que me llevaran a la escuela. Así empezó mi sufrimiento y el de mi familia. Me preguntaba ¿por qué a mí? Y me respondía yo ¿y por qué no a ti, Aliss? Ahí comprendí que a cualquiera le puede pasar.

Los primeros meses de quimioterapia fueron difíciles porque cuando iba a la escuela algunos niños me burlaban por la caída de mi pelito, pero gracias a mi familia que siempre me ha amado lo superé. 

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La situación empeoró cuando el dinero se acabó debido al costo de los tratamientos y además mi mamá, por cuidarme, tuvo que dejar su trabajo. Fue en ese momento que nos tuvimos que ir al Hospital O’Horán; ese día lloré mucho porque era un hospital muy feo, con muchas incomodidades (ahora está precioso, qué bueno). Era muy triste estar ahí y ver a mi mamá dormir sentada en una silla y embarazada de mi hermanita Camila. 

Hubo una etapa en que me vi muy grave, me llené de fogajes y bajé mucho de peso. Sufría y veía sufrir a mi mamá y a mis titos. Un día vi llorar a mi tita y le dije: –No llores, Tita, ya mi mamá me dijo que el cielo es muy bonito – Ahora me doy cuenta cuánto me amaba y lo fuerte que era.

Yo nunca dejé de ir a la escuela, aunque casi siempre me dormía sobre mi mesabanco; avisaban a mi casa y mi mamá iba por mí.

Fueron pasando los años y un día unos chicos universitarios hicieron realidad mi sueño: ser “artista por un día”. Fue maravilloso, me sentí feliz, me rentaron una limosina, me llevaron a comer y mientras paseaba en la limosina había gente con pancartas con mi nombre: ¡Te amamos Aliss! Fue maravilloso; fui a un spa y luego llegué a una televisora local donde participé en un programa y bailé. 

Como ven, sólo tengo a mi mamá, a mi hermanita Camila, a mis abuelitos y a mis tíos que siempre han estado ahí apoyándome, dándome amor. Tengo amigos que siempre estuvieron pendientes de mí.  Aún guardo todas las cartitas que me llegaban al hospital. Todo eso me animó a salir más rápido. 

Al paso del tiempo descubrí que la declamación era lo mío y tenía a la mejor maestra que me ayudaba y me motivaba, mi mamá. He ganado premios a nivel zona, regional y nacional; he ido a concursar a Oaxaca y a Guadalajara donde obtuve el primer lugar en la nacional. Nunca me di por vencida, amo la vida. 

Actualmente estoy en vigilancia médica, tengo 14 años, estoy en tercero de secundaria y en esta etapa de mi vida conocí a mi primer amor. La historia no tuvo un final feliz, de mí depende como quiero ver la vida, fue mi primer amor y mi primera decepción, esas situaciones nos hacen madurar, no puedo dedicarle mucho tiempo ya que cada día es un regalo para mí. Me di tiempo de Ilorar y tener días grises, pero después me levanté más fuerte y con el apoyo de mis amigos y la familia volví a ser la misma Aliss de siempre, alegre, optimista y luchadora.

Primero Dios, en unos meses me darán de alta por completo. En estos momentos me siento como cualquier adolescente, a veces arriba y a veces abajo, como una rueda de la fortuna, pero no hay nada que me detenga para cumplir todo lo que me propongo.  Si Dios me lo permite, con fe cumpliré todos mis sueños y aprovecharé cada instante de mi vida porque por algo Dios me dejó aquí.



Me gusta mucho el patinaje en hielo, me encanta. Igual me gusta ayudar a las personas, en especial a los niños del hospital, que al verlos me pongo en su lugar de nuevo porque sé todo lo que ellos viven. 

Gracias a la asociación Sueños de Ángel me hago presente en algunos eventos para ayudar y apoyar a los niños con cáncer; ellos, durante el tiempo que estuve enferma, me apoyaron mucho y también me han cumplido sueños. He participado como vocera, asistiendo a eventos para dar testimonio de lo que he vivido, a veces toda nerviosa no sé qué decir, pero cuando estoy al frente creo que Dios está conmigo para poder hablar porque lo puedo hacer con mucha facilidad. Actualmente no soy de hablar tanto, pero cuando tengo que hacerlo lo hago y a veces siento que Dios habla conmigo.

Para mí Atenea y Susy, voluntarias de Sueños de Ángel, son como dos ángeles que me envió Dios para cuidar de mí y de todos los niños que sufren cáncer. 

Hay una frase que mi abuelita me decía “Aliss tiene leucemia, pero la leucemia no tiene a Aliss”.

Aquí estoy, sé que Dios me dejó seguir para llevar un mensaje.

Recuerdo que todas las niñas querían tener mis rizos, me decían ricitos de oro y ya ven, los perdí. Ahora los tengo de nuevo pero son de chocolate. Soy afortunada por la gran familia que tengo. Además de ellos está mi médico, otro ángel. Las enfermeras, personas que estuvieron en los momentos más difíciles, ellas saben quiénes son. Para mí quien siempre será una súper bendición es Camila, mi hermanita, que desde que estaba en el vientre de mi mamá sufrió también por mí. El día que ella llegó fue como una luz, por algo Dios la mandó, me dio alegría y felicidad. Así que: hay alguien a quien le dedico esto, es a ella, y también a mi mamá, abuelitos y también a mis tíos. 

Lo anterior lo escribí hace dos años. Hoy, a mis 16 años, soy una sobreviviente de cáncer, el cual me dejó secuelas, unos problemas en los riñones. De momento me molesté con Dios, pero luego entendí que sigo siendo sus favoritas y  que la existencia está llena de retos. De uno depende cómo quiere ver la vida. Yo elegí vivir cada momento, agradezco las oportunidades que me da. Por eso cuando escucho a algún compañero quejarse por cosas tan superficiales, le digo: anda, ve, visita un hospital, un albergue, a ancianos abandonados, conoce el verdadero dolor, el dolor del alma, así aprenderás a valorar cada minuto de tu vida.

Soy voluntaria de Sueños de Ángel y me encanta poder compartir mi tiempo dando ánimo y esperanza, pero sobre todo, alegría, porque como decimos en la asociación, no hay mejor medicina que la risa, el canto y el amor. 

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Texto: El camino de los Ángeles





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