Sacerdote arriesga la vida, se hace viral y obtiene ayuda para Tabasco

A pesar de que su madre le pide que salga del lugar por el riesgo de un desborde del Río Grijalva, él se niega: "también los damnificados son mi familia", le dice.
P. José Del Carmen Aquino
P. José Del Carmen Aquino

La semana pasada, Desde la fe dio a conocer la labor de un hombre joven que, vestido con playera, short y gorra, se afanaba en ayudar con una lancha de remos a los pobladores de la colonia Casa Blanca, en Villahermosa, Tabasco, afectados por las inundaciones.

En algunos videos grabados por los propios vecinos, se podía ver a aquel hombre trasladando personas o muebles, o llevando comida y agua potable a los damnificados que habían decidido quedarse en sus casas para evitar la rapiña o simplemente por no tener a dónde ir.

P. José Del Carmen Aquino García

P. José Del Carmen Aquino García

Ese hombre es el padre José del Carmen Aquino García, de 31 años de edad -con tres de ordenado-, que hoy se ha convertido en un signo de esperanza y fe no sólo para su comunidad, sino para toda la entidad.


El sacerdote se hizo viral

En entrevista para Desde la fe, el sacerdote señala que a partir de la noticia ampliamente difundida en las redes sociales y en varios medios de  comunicación -incluidas algunas televisoras importantes-, en el sentido de que un sacerdote con lancha estaba ayudando a los damnificados, las solicitudes de ayuda comenzaron a crecer, de tal suerte que, al día de hoy, no sólo sigue apoyando a los habitantes de Casa Blanca, sino también a muchas otras personas afectadas en Tabasco.

“La gente comenzó a contactarme por las redes sociales, y fue así que empecé a apoyar no sólo a la gente de la colonia, sino también a la de los municipios de Ixtacomitán, Jalapa y Macuspana, que fueron afectados”, explica.

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Pero las redes sociales no sólo le han servido para recibir peticiones de auxilio en otras poblaciones, sino para convocar a la sociedad a donar víveres y ropa para los damnificados aunque –asegura– mucha de la ayuda que ha llegado hasta el momento ha sido por iniciativa propia de personas de buena voluntad.

“Acabo de recibir a un equipo de beisbolistas del municipio de Cárdenas, que trajeron despensas, colchonetas, cobertores, ropa y zapatos para repartir entre la población. Ellos mismos se organizaron y recabaron estos artículos. Esto lo llevaremos el fin de semana a Tapijulapa, en el municipio de Tacotalpa”.

En riesgo por un posible desbordamiento del río

El sacerdote vive actualmente en la parte alta de la Capilla de la Divina Providencia, pues ésta también se encuentra inundada desde hace más de diez días, y corre el riesgo de una tragedia si la barda que sostiene el caudal del Río Grijalva llegara a colapsar.

Aunque el gobierno de Tabasco asegura que esto es poco probable, el padre José del Carmen asegura que, al igual que muchas familias, no ha podido dormir por la preocupación, ya que la barda tiene filtraciones, y esto ha provocado mucho temor en los vecinos.

Su familia le ha pedido que salga del lugar para evitar una tragedia: “Mis papás y mis hermanos están preocupados por mí, pero a la vez se admiran de lo que estoy haciendo. Mi mamá llora, pues le preocupa que, en caso de un desbordamiento, no tenga a dónde ir, pero yo considero que en su momento Dios me dirá qué hacer. Por ahora, lo que me toca es servir a mis hermanos”.

“Yo le digo a mi mamá que la gente me necesita, que ellos también son mi familia. También le digo que si yo no estuviera haciendo esto, la gente necesitada no estaría recibiendo la ayuda que ahora recibe. Si yo me hubiera ido en el momento en que mi mamá me pidió que me saliera, la historia sería diferente”.

P. José Del Carmen Aquino

El P. José del Carmen Aquino sobre una lancha prestada con la que ayuda a la población damnificada.

El COVID-19 pasó a segundo plano

El P. José del Carmen cuenta con un pequeño grupo de fieles colaboradores que lo han apoyado desde que llegó a la parroquia.

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“Bajo estas circunstancias no puedo tener a muchas personas, y he tratado de cuidar esa parte –explica–; no tenemos las condiciones para trabajar como uno quisiera, pues estamos condicionados por la inundación, la falta de agua potable y, por supuesto, la pandemia”.

Sin embargo, afirma que el COVID-19 ha pasado a un segundo plano en Tabasco. Por el pánico, la gente se está moviendo mucho y anda sin cubrebocas, también  ha dejado de respetar la sana distancia. “El tema del coronavirus lo tenemos olvidado por el momento. Ahorita nuestra atención está centrada en las familias que han perdido todo con estas inundaciones”.

–Padre, ¿cómo se siente personalmente?

–Por un lado, me siento muy retado; quisiera hacer más, pero no puedo. Pero por otro lado, he descubierto a muchos amigos, con un corazón bueno; también he descubierto mi fortaleza y mi capacidad de ayuda, pero también mi debilidad.

Es decir, me siento fortalecido, pero a la vez triste, porque esto que hago fortalece mucho mi fe, pero también me hace llorar y reflexionar mucho. Uno nunca deja de ser hermano con las personas.

La ayudar libera el alma

El sacerdote dice que sus hermanos presbíteros le han llamado para brindarle apoyo moral y espiritual, y material en la medida de sus posibilidades, pues la Diócesis de Tabasco en general está padeciendo por las fuertes lluvias. Por ello, la mayor parte de la ayuda ha venido de los fieles laicos.

“Yo le digo a la gente que se arriesgue a ayudar sin importar a quién; les pido que se abran a los hermanos necesitados. Yo considero que si la gente acudiera personalmente a apoyar a los damnificados y experimentara la necesidad del otro, muchas cosas se resolvería de nuestra humanidad, y por ello los invito a que sigan colaborando”.

“Si no quieren hacerlo con la Iglesia, hay muchas otras organizaciones y personas que hacen voluntariado a favor de los necesitados. En el momento en que se sumen a colaborar verán cómo el alma se va liberando poco a poco, la mente se va abriendo, y van sanando interiormente, pues se darán cuenta que no son los más golpeados, que hay gente más necesitada”.

Una pregunta que se convierte en oración

Desde que comenzó a apoyar a los habitantes de Casa Blanca, todas las noches el P. José del Carmen hace una oración especial: “Aunque llego muy cansado a mi cuarto, hay una pregunta que siempre está en mi mente, pero no como un reclamo a Dios, sino como una oración: ‘¿Valdrá la pena todo esto que estoy haciendo?’ Esa es la gran pregunta que me hago todos los días“.

Mientras eleva sus plegarias a Dios, el sacerdote va recordando todo lo que vivió en el día: “Veo a los que todavía han decidido quedarse en sus casas; a los que les pude llevar alimento y dijeron ‘gracias’; a los que se alegraron de recibir agua purificada. Todo eso me llena de mucha fortaleza”.

Pero también recuerda con tristeza a los que se han ido de Casa Blanca: “Ahorita que regresaba, tuve que caminar por el agua, y veía las calles solitarias, pues la mayoría de las personas se han ido, y quienes se han quedado están encerrados en la parte alta de sus casas. Muchas cosas me venían a la mente, y me dio mucha tristeza”.

El padre José del Carmen Aquino García dice sin empacho haber llorado en varias ocasiones: “Hoy, por ejemplo, fue un día muy difícil. Vi a unos niños que ya se iban, y llevaban cargando sus cosas. Uno de ellos me preguntó: “padre, ¿cree usted que nos vamos a inundar?”. Yo le dije: “Pues yo no sé, pero si eso pasara, yo también me tendría que ir”. Los niños no dijeron nada, sólo siguieron caminando.

 

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