Historias de Fe
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“Me encomiendo a la Guadalupana”: camillero de pacientes COVID-19

Abraham es camillero del área de Terapia Intensiva del Hospital General, y procura dar a los pacientes el mejor trato posible.
No hay mejor manera de servir, que entregar mis problemas a la Virgen de Guadalupe.
No hay mejor manera de servir, que entregar mis problemas a la Virgen de Guadalupe.

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GUADALUPE ABRAHAM González es camillero del área de Terapia Intensiva del Hospital General de México, donde hoy se atiende a pacientes de COVID-19 que llegan en estado crítico.


Abraham trae el sello guadalupano desde pequeño, pues no sólo lleva el nombre de la Morenita del Tepeyac, también nació un 12 de diciembre, día en que se celebra a la Virgen. Confiado en su intercesión, asegura no temer. Recibe a los pacientes y los moviliza para reciban atención, entre otras funciones.

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Así vivió Abraham el inicio de la pandemia

Desde hace años, Abraham procura no ver noticias, pues considera que la mayoría son malas y prefiere no cargarse de preocupaciones para poder enfocarse en los enfermos, que requieren ser atendidos con paciencia y amabilidad. De manera que, cuando se comenzó a hablar de un virus que se había originado en China, procuró evadir el tema en la medida de lo posible; e incluso -acepta-, quiso inclinarse por la idea de que se trataba de un ardid político, como algunas personas mencionaban por ahí.

“Al principio, yo estaba casi seguro que nada iba a pasar en el hospital; después, cuando llegaron los primeros pacientes, quise pensar que no serían tantos. Pero la llegada de enfermos fue incrementándose de modo rápido; platiqué entonces con compañeros de otros hospitales, y me di cuenta de que era un problema muy grande”.

Ahora, para Abraham es sorprendente la cantidad de personas que ha visto morir en estos meses: “Unos llegan, y en tres horas les estamos dando el adiós; otros se mantienen más tiempo, y quieras o no, se forma entre ellos y nosotros un tipo de conexión humana; por eso, también cuando uno sana, todos sentimos una alegría inmensa”.

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Llevar tanto tiempo brindando sus servicios en el área de Terapia Intensiva ha sensibilizado a Abraham con el sufrimiento de los pacientes: se ha vuelto más empático y en muchos de ellos ha llegado a ver reflejados a sus familiares. Por otro lado, ha desarrollado un sentido práctico del “deber ser” con el paciente.

Abraham cuenta que a lo largo de los años fue entendiendo que su labor no era trasladar o movilizar gente, sino hermanos, así que procura siempre darles el mejor trato posible durante el tiempo que estén internados.

“Invariablemente me presento por mi nombre, y les pregunto el suyo para no llamarles por número de cama. Mientras estén conscientes y puedan contestar a señas o palabras, yo trato de interactuar con ellos; incluso hasta bromearlos, si la situación lo permite. Tal vez es algo que no está bien visto por las instituciones de salud; pero para mí, el hecho de generarles una sonrisa es algo de lo más satisfactorio”.

Abraham asegura que, por más fallecimientos que haya visto a lo largo de los años en el hospital, una nueva muerte siempre le  impacta; “sin embargo -dice-, no puedo sufrir por cada paciente que se nos va, así que, en lo personal, trato de dar a mis pacientes el mejor servicio. Si llegan a padecer, me quedo con la satisfacción de que hice lo correcto y lo mejor mientras vivían, que es lo que realmente vale”.

La recuperación de uno es alegría de todos. Foto: especial.

El deber, un valor apreciable

En este tiempo, en que la pandemia se resiste a ceder, Abraham sabe que cada día volverá al área de Terapia Intensiva a cumplir con las tareas que le corresponden, no sin antes persignarse al salir de casa, y encomendarse a la Virgen de Guadalupe al llegar a su sitio de trabajo.

“Encomendarme a la Virgen de Guadalupe es la mejor forma que yo encuentro de liberarme de tensiones y poder estar al máximo de mi capacidad para cumplir con mi labor, pues la fe te ayuda a sanar, a resolver cosas que uno como humano no puede, así que yo le digo a Ella: ‘Madre, yo no puedo con esto o con lo otro, lo pongo en tus manos, tú vas a resolverlo de la mejor manera, y yo estaré conforme con lo que tú resuelvas”.

El camillero tiene un deseo que espera ver realizado a futuro, le gustaría que pacientes que se recuperaron se reunieran con el personal que los atendió. “Una palabra de agradecimiento es la mayor recompensa que uno puede tener”.

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