Historias de cuarentena: “Hemos sentido a Dios, hemos visto su mano”

Carlos y Carmina son un matrimonio con seis hijos que ha descubierto la Providencia en el aislamiento social por la pandemia.
Carmina, Carlos y sus seis hijos. Foto: Cortesía.
Carmina, Carlos y sus seis hijos. Foto: Cortesía.

Este artículo forma parte de una serie de Historias de fe en cuarentena, entrevistas a sacerdotes y laicos sobre el impacto que la pandemia ha tenido en sus vidas y cómo Dios los ha ayudado.

Carlos y Carmina tienen 37 y 34 años, respectivamente: Sus hijos son Álvaro José, Carmen Lucía, Juan Esteban, María Pía, Gabriel Antonio y Josemaría. Entre el mayor y el menor, la diferencia de edad es de apenas seis años.

Josemaría, el menor, nació justo el día en que se confirmaron los primeros casos en México, uno de ellos en Sinaloa, México, donde viven.


“La pandemia nos agarró en el hospital”, recuerda Carlos.

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“Después de nacer -agrega Carmina- el bebé se quedó una semana en el hospital por algunos problemillas de salud. Esa semana de mi vida la tengo en pausa y, cuando volvimos a casa con él, prácticamente iniciamos la cuarentena. En principio iban a ser sólo 15 días”.

La pandemia, reconoce, transformó completamente su vida. Carlos es Coordinador Académico del Instituto Chapultepec de Culiacán, y Carmina es coordinadora de Proyectos Especiales de la misma institución, pero en el colegio de mujeres.

Ella también es médico de familia y ha colaborado con la secretaría de Salud local en la atención de enfermos COVID-19 vía telefónica.

Como doctora, entiende muy bien que esta pandemia es peligrosa y, aunque reconoce que ha tenido miedo de contagiarse, continúa dando algunas consultas a sus pacientes regulares.

 

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El miedo, el temor, no se quita, pero sí se limita cuando te pones en las manos de Dios. Estamos puestos en su voluntad, mis hijos están puestos a su voluntad me guste o no me guste, porque lo que Dios decida será lo mejor, lo que más bien nos hará”, dice Carmina.

Durante tres meses su vida transcurrió entre las clases en línea de Carlos, las clases en línea de los hijos mayores, la atención de los más pequeños y el trabajo de Carmina. ¿Cómo han logrado mantener su vida en pie, pese a todas estas complicaciones?

“Sin Dios, sin a la providencia, nos volvemos locos”, dice Carmina con una sonrisa.

“Hace poco -agrega- una amiga me decía que debía cuidar mis momentos de oración con Dios. Pero es que yo no tengo 20 minutos para rezar sola y en silencio, yo sola con Dios. Pero es que mi día es oración. Estoy haciendo de comer y estoy pensando ‘ay, Diosito, que me quede rica la comida porque la estoy haciendo para mi familia’. Estoy barriendo y digo ‘Ay, Dios mío, qué terrible, cómo tiran basura mis hijos’”.

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“El día que andamos más apretados, que pensamos que no nos va a alcanzar el dinero y vemos la quincena todavía muy lejos, le pido a Dios y resulta que tengo cuatro consultas. Lo hemos sentido, hemos visto su mano”, dice Carmina.

Carlos y Carmina son católicos comprometidos y el cierre de los templos al culto público fue especialmente doloroso para ellos, pero eso no impidió que continuaran cultivando su fe.

La Semana Santa fue especial, con el jefe de familia encabezando el lavatorio de pies y un Viacrucis que iba de la cochera al patio, pasando por el pasillo, la sala y el comedor.

Carlos está consciente de que en esta pandemia prácticamente todos perderán algo: un familiar, el trabajo o la paz. Pero para esta familia, pese a las pérdidas, el saldo ha sido positivo. Hoy están más unidos que nunca y no se han soltado de la mano de Dios.

 

Cuéntanos en los comentarios cómo Dios y tu fe te ha ayudado en la emergencia por la pandemia de COVID-19. 

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