Historias de Fe

Este joven desafió a dos ruedas su discapacidad, en Abu Dabi

Aldo es un atleta con discapacidad intelectual, que ha participado en varias competencias internacionales.
Aldo, medalla de plata en Abu Dabi.

Con  frecuencia a Aldo Jesús López Santana se le ve divirtiéndose a todo pedal por la vía ciclista del Parque Bicentenario, intentando emparejar a su entrenador o esforzándose por no perder los metros que ha logrado adelantársele, y es que para el joven atleta no hay nada más reconfortante que agotar las energías rodando una bicicleta hasta empapar la camiseta, como lo hizo en marzo de este año en las Olimpiadas Especiales de Abu Dabi, donde obtuvo la presea de plata en los 500 metros contra reloj.

Al nacer, el joven de ahora 21 años tuvo problemas de hipoxia, lo que le ocasionó una lesión cerebral que le dejó una discapacidad intelectual, así como un foco epiléptico. Sin embargo, su madre, Dolores Santana, desde el primer momento se dio a la tarea de acompañarlo con tratamientos adecuados y, con la ayuda de la Unidad de Servicio y Apoyo a la Educación Regular, logró que cursara preescolar, primaria, secundaria y preparatoria en escuelas convencionales, en las que lamentablemente padeció burlas.

Pero ahora, gracias a Dios –dice su madre–, está en el tercer año de Carpintería en el CAM-Laboral, una institución que promueve la formación a través de talleres para personas que enfrentan problemas de aprendizaje.

“Desde luego –comenta doña Dolores–, hasta la preparatoria tuve que ir yo a hablar con los maestros para pedirles apoyo en sus procesos formativos: que nos dieran facilidades para copiar tareas, llevarlas, completar trabajos. Eso sí, del bullying no se salvó. Fue al terminar la secundaria que comenzó a relacionarse con otros niños con discapacidad, en el equipo de softbol Guerreros Lindavista, y ahí descubrió sus cualidades deportivas”.

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Rumbo a los circuitos ciclistas

Por ser epiléptico, los médicos recomendaron que Aldo no hiciera actividades deportivas; sin embargo, mostró extraordinario rendimiento en Guerreros Lindavista. “Sus compañeros comenzaron a vitorear mucho al nuevo chico, quien volaba la pelota y corría como ninguno –dice doña Dolores–. Comenzamos a ver que era extraordinario en el deporte. En una ocasión se reunieron varios grupos de las Olimpiadas Especiales, nos hablaron del ciclismo y Aldo quiso probar”, explica.

Seis meses después, al mando de su entrenador Isaac Segura, Aldo compitió a nivel nacional con otros jóvenes de Olimpiadas Especiales, y obtuvo su primera medalla de plata en una prueba de velocidad. Posteriormente, en una competencia en Puebla, ganó la medalla de oro en dicha modalidad, misma que le dio el pase para asistir en marzo pasado a las Olimpiadas Especiales de Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos.

Desde que supo que Aldo competiría en una justa internacional, su madre comenzó a tocar puertas de empresas privadas y dependencias de gobierno para que lo apoyaran con una bicicleta de mediana calidad, que al menos le permitiera competir, pues la suya es de entrenamiento. Pero no obtuvo buena respuesta.

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En las pistas de Abu Dabi

“Los organizadores de Abu Dabi costearon pasaje, hospedaje y alimentos, y Aldo se fue con una bici prestada. Para cubrir los gastos personales, como ropa, guantes o refacciones, tuvimos que vender chocolates, galletas, cacahuates. Aldo colaboró con la venta de artículos que elaboró en sus clases de Carpintería, y de PET y aluminio que estuvo recogiendo”.

El entrenador Isaac Segura no tuvo oportunidad de asistir a las Olimpiadas Especiales de Abu Dabi –en las que participaron 7,500 atletas de más de 190 países–, primero porque para tales eventos se asigna a los competidores un entrenador especial, y porque viajar a Abu Dabi es muy costoso. Pero la madre de Aldo hizo hasta lo imposible por conseguir dinero y poder hacer ella el viaje.

“Mi entrenador me ayudó mucho, pero no pudo ir –dice Aldo–. Nos costó mucho esfuerzo, pero también nos divertimos, porque nos encanta acelerarle a todo y hasta el fondo; cuando lo hacemos, sacamos todo y nos olvidamos de lo que pasa. Ya casi llego a la velocidad de él. Dios también me ha ayudado. Para mí, Dios es Jesucristo; creo en Él porque me ayuda a lograr todo. Pienso que él me acompaña porque me quiere”.

Aldo cuenta que sintió mucha emoción al ver que su mamá lo acompañaba en la competencia echándole porras y dedicó su triunfo a quienes lo apoyaron y, en general, a todo México.

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