Historias de Fe

Esta comunidad ayuda a las mujeres a seguir sus estudios

La Asociación para la Defensa de la Mujer ofrece residencia a bajo costo para jóvenes estudiantes del interior de la República.
Asociación para la Defensa de la Mujer
Asociación para la Defensa de la Mujer. Foto: Ricardo Sánchez

Fue hace 99 años cuando Concepción Diez de Bonilla y un grupo de mujeres católicas abrieron dos casas hogar para niñas necesitadas de refugio y comida; sin embargo, el sueño de las  fundadoras trascendió, y hasta la fecha sigue vigente, aunque ahora con un objetivo educativo.

Fueron sus hijas Concepción Galindo Diez de Bonilla de Jiménez y Dolores Galindo Diez de Bonilla de Pro quienes continuaron su labor, la cual ahora involucra también a sus nietos y bisnietos. En 1923 se constituyeron como el Ejército de la Defensa de la Mujer, y el próximo año cumplirán un siglo de servicio.

“La asociación fue fundada por mi bisabuela a principios de siglo, en la época de la persecución religiosa. Desde el inicio se ha dedicado a apoyar a las mujeres, aunque en principio estaba dirigida a niñas de educación primaria. Con el tiempo fue cambiando de rubro hasta ahora que apoya a chicas de educación superior y técnica superior”, explicó en entrevista Mónica Jiménez Quintana, quien preside actualmente el Patronato de la Asociación y es bisnieta de Concepción Diez.

En 1970 la organización cambió su nombre por el de Asociación para la Defensa de la Mujer, y se registró como Institución de Asistencia Privada. Su objetivo también cambió al de apoyar a jóvenes mujeres de escasos recursos que vienen a estudiar a la Ciudad de México.

Desde entonces, decenas han pasado por la casa ubicada en Cerezas 86, en la colonia del Valle Sur, y gracias al apoyo recibido han logrado concluir una carrera o una maestría en universidades como la UNAM o el Instituto Politécnico Nacional.

“Estamos enfocadas totalmente a mujeres que realmente son de escasos recursos, que de verdad necesitan de nuestro apoyo”, agregó Mónica Jiménez.

En la asociación ofrecen a las chicas todos los servicios de residencia universitaria: hospedaje, alimentación, sala de estudios e internet; además, charlas de desarrollo humano y acompañamiento espiritual.

Sala de estudio.

Aunque el servicio no es gratuito, la mayoría del costo está subsidiado por la asociación, por lo que las beneficiarias sólo pagan un porcentaje menor del costo de manutención. A cambio, se comprometen a cumplir a cabalidad un reglamento estricto, orientado completamente a que se concentren en sus estudios, sin distracciones.

“Las chicas deben venir a la casa porque nosotras nos regimos por un reglamento, como en cualquier institución. Nosotras les pedimos que vengan, lo lean y, si ellas están de acuerdo en vivir bajo estas normas, entonces podemos continuar con el proceso de admisión que está a cargo del patronato”, explicó la hermana María Soledad Corona Reyes, directora general de la casa.

Sor Soledad Corona pertenece a la Congregación Siervas de María Dolorosa de Chioggia, que desde hace siete años aceptó la invitación de la asociación para hacerse cargo de la administración del hogar.

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“Nos encargamos fundamentalmente del área administrativa, del orden y la disciplina, de coordinar los alimentos y de ofrecer a las jóvenes una formación humana y cristiana”.

“Es muy bonito trabajar con las jóvenes porque ellas nos transmiten su alegría y su ánimo. Es un poquito difícil porque es una edad muy complicada para ellas, para que puedan ser disciplinadas y ordenadas, pero es una labor muy bonita”.

Cecilia Pérez Huerta tiene 21 años y es estudiante de odontología en la Universidad Nacional Autónoma de México. Vive en la residencia desde que cumplió 18 años de edad y en uno más terminará la carrera.

“Está muy padre vivir aquí. Al inicio sí me dolió dejar de vivir con mis papás porque yo soy muy allegada a ellos y, aunque la distancia no es mucha, sí me costó dejar mi casa para venir a vivir acá. Pero estuvo muy bien porque me ha permitido conocer a nuevas personas y me queda muy cerca de la facultad”.

“Siempre tratamos de llevarnos bien entre todas las que vivimos aquí; no siempre es fácil porque tenemos temperamentos diferentes y no siempre nos vemos porque todas tenemos horarios distintos”, dijo, aunque aseguró que las diversas actividades que realizan en la casa las ayudan a mejorar su convivencia.

Como ella hay 29 jóvenes más, estudiantes de diversas carreras, que cada día se acercan más a su meta de concluirla con apoyo de sus familiares y de la organización.  ¿Quieres conocer más sobre la residencia universitaria de la Asociación para la Defensa de la Mujer? Puedes llamar a los teléfonos: 55-75-85-47 y 55-75-01-52.

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