Historias de Fe

El hijo rebelde que se volvió sacerdote

La primera vez que Dios lo llamó lo ignoró por rebelde, la segunda vez se volvió a negar y la tercera vez se rindió al llamado de su vocación.
Felipe Siderio Jacinto, diácono próximo a ordenación sacerdotal. Foto: Ricardo Sánchez.
Felipe Siderio Jacinto, diácono próximo a ordenación sacerdotal. Foto: Ricardo Sánchez.

Felipe Siderio, de 31 años, se considera un rebelde pues se resistió a la llamada de Dios, pero aprendió que con la vocación no se juega. El diácono recuerda con alegría San Felipe Usila, Oaxaca, su lugar de nacimiento y se siente orgulloso de ser indígena.

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Su hermano mayor lo mandó a la universidad para que se convirtiera en contador, pero no le gustaba; llegó a la Ciudad de México a los 18 años y ganaba muy buen dinero, pero no era feliz y se volvió más rebelde, cuenta.

Con Dios no se juega

“Me acerqué a unos paisanos sacerdotes misioneros, ellos me ayudaron a que ingresara al Seminario para estudiar. Me gustó la formación e inclusive las reglas, pero me salí. Terminé mis estudios de filosofía en el Universidad Pontificia, pero no seguí en el Seminario”.

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Fue el padre José Antonio Venegas quien lo invitó a trabajar en la iglesia de San Agustín de las Cuevas, ubicada en Tlalpan, y lo exhortó a regresar, pero se negó. Eso cambió tiempo después.

“No supe en qué momento fue, pero por mi pie ingresé al Seminario de nuevo; ahí aprendí que con Dios no se juega”, comenta.

En su último año colaboró en la Parroquia de San Gabriel Arcángel, en Tacuba, y tanto él como su familia ya esperan con emoción su primera Misa que celebrará el 12 de junio en San Felipe Usila.