Historias de Fe

De perseguido, preso y náufrago… a sacerdote

Durante tres años, el padre Kenneth Chukwuka vivió el drama de la migración africana, que encendió la llama de su vocación.
Kenneth Chukwuka prometió que, si salía vivo del naufragio, se dedicaría a servir a Dios y a los demás.
Kenneth Chukwuka prometió que, si salía vivo del naufragio, se dedicaría a servir a Dios y a los demás.

La historia de Kenneth Chukwuka Iloabuchi es la de miles de hombres y mujeres africanos que emigran de sus países en busca de una vida mejor. Como tantos otros, siendo adolescente, decidió abandonar su hogar en el sur de Nigeria para intentar llegar a España.

El joven Kenneth, con apenas 17 años, aunque no vivía en extrema pobreza, sabía que en su país no podía cumplir su sueño de ser abogado, para mejorar radicalmente su vida y la de los suyos.

La historia de un engaño

En 1998 tomó la decisión de emigrar. No tenía idea de que ese viaje no duraría un par de días, sino tres años; que sería encarcelado, que viviría en el desierto en condiciones infrahumanas y que vería morir a decenas de personas en un naufragio.

“Me engañaron una y otra vez”, recuerda el hoy sacerdote en entrevista con Desde la fe. Le mintieron los traficantes de personas que le aseguraron que tendría todas las facilidades para ingresar a España, y que de ahí podría viajar a Inglaterra para comenzar sus estudios.

Cuando intentó cruzar la frontera fue detenido por la Guardia Civil española y entregado a las autoridades marroquíes, quienes lo apresaron durante casi un mes. Asegura que después lo abandonaron a su suerte, junto a 60 personas, en el desierto de Argelia, sin dinero ni comida.

“Era un sitio muy peligroso, pues por ahí se han infiltrado los fundamentalistas, y las guardias de Argelia y Marruecos tenían permiso de matar. Un día escuchamos disparos y tuvimos que sacar las fuerzas para salvar nuestras vidas”.

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“Caminamos por las montañas hasta que encontramos un pastor que nos indicó cómo llegar a la zona de inmigrantes: un sitio sin techo, donde vivimos bajo la lluvia y el sol por una larga temporada”.

Con su familia logró reunir el dinero suficiente para pagar nuevamente a la mafia. Durante más de tres semanas caminó por el desierto, donde sobrevivió gracias a la ayuda de las mujeres musulmanas que dejaban botellas de agua y trozos de pan en el trayecto.

“De vez en cuando me quedaba sin fuerza, sin comida ni agua. No es fácil ver caer a un compañero y verlo morir sin poder hacer nada para evitarlo”.

Un nuevo intento

Otra vez llegó a Marruecos, donde estuvo un tiempo más hasta que abordó una patera –pequeña embarcación utilizada por los traficantes de personas- en un nuevo intento por llegar a territorio ibérico.

“Estaba muerto de miedo, pero no quería repetir la experiencia de vivir en el desierto”, expresa.

La barcaza se perdió en el Atlántico y una patera que hacía el viaje junto a la suya se volcó, causando la muerte de más de 100 personas, sin que pudieran hacer algo para evitarlo.

“Fue un momento clave en mi vida. Estuvimos llorando e hicimos promesas. La mía fue que, si lograba salir vivo, yo dedicaría mi vida a servir a Dios y a los demás. Ya no me importaban mis sueños”, asegura el sacerdote.

No sabía que Dios le tomaría la palabra. Llegó a España, se estableció, e incluso comenzó una relación con una joven, pero el Señor tenía otros planes para él.

“Yo nunca pensé que podía ser sacerdote, a mí no me gustaba ir a la iglesia”, recuerda. Aconsejado por su madre, en 2002 decidió comenzar a ir a Misa como una forma de aprender a hablar español. El primer domingo, el sacerdote que predicaba la homilía lo invitó a pasar.

“Ahí, desde el altar, me dijo: ¿Hablas español? Yo le dije “No” con la cabeza. Él me dijo ‘tranquilo, que Dios es universal’. Yo entendí sólo la última palabra, pues en inglés tenemos la misma palabra”.

Desde ese día, el padre Jesús Abenza lo acogió y lo apoyó. Después de un largo proceso de integración y discernimiento vocacional, decidió dar el paso y, así, cumplir la promesa que había hecho en aquella patera. Ahora es párroco en Murcia, España, y combina su actividad pastoral con la difusión de su testimonio de fe, en defensa de los migrantes.

Perfil: P. Kenneth Chukwuka

El padre Kenneth es párroco en Murcia, España; busca que su testimonio genere conciencia sobre la lucha de los migrantes.

  • El sacerdote que vivió el drama de la migración
  • El padre Kenneth Chukwuka emigró de Nigeria a los 17 años.
  • Su padre murió y él es el menor de una familia de 7 hermanos.
  • 107,192 personas intentaron entrar a Europa en 2018: ACNUR.
  • Seis personas murieron a diario al intentar cruzar el Mediterráneo (2018).