A sus 99 años, la hermana ‘Panchita’ te da la clave de la felicidad

La hermana “Panchita” nació en Chile en 1923 y tiene claro qué la ha hecho feliz todos estos años.
La hermana "Panchita" lo hizo todo por Jesús y "Mamita Virgen". Foto: Especial.
La hermana "Panchita" lo hizo todo por Jesús y "Mamita Virgen". Foto: Especial.

A lo largo de su vida, lo que la hermana “Panchita” hizo y lo que dejó de hacer, fue siempre por seguir a Jesús; por Él dejó cosas que le apasionaban, por Él emprendió otras, y hoy, a sus 99 de edad, asegura que ha llevado una vida alegre, que ha valido la pena vivir entregada a Dios.

Bautizada como Agustina Medina Muñoz, la hermana es una Carmelita Descalza que dentro de la orden religiosa adoptó el nombre de Francisca Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, y por eso es conocida como “Panchita”.

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“Dicen que tengo 99 años. Me cuesta creerlo –señaló en entrevista para la revista Nuestra Iglesia, del Arzobispado de Concepción en Chile-… Se me ha pasado tan pronto la vida”.

La hermana “Panchita” nació el 23 de marzo de 1923, y fue la primera de 8 hijos. Su abuelita Asunción vivió siempre en su casa, fue parte de la familia y una de las personas que marcaron su vida. “Su cariño y su piedad a la Santísima Virgen me sirvieron siempre de guía”.

La religiosa cuenta que la partida de su abuelita fue difícil para ella, pero se consoló con la esperanza de que algún día volvería a verla.

Otra gran influencia en su vocación religiosa –platica-, fue su padre, un hombre que no sólo iba a Misa, sino que practicaba la oración. “El rezo del Rosario en familia para mí era algo cotidiano. La Santísima Virgen ocupaba un lugar privilegiado en mi familia. Ella era dueña de la casa, la Reina del hogar”. 

Una mujer de mucho tesón

Desde pequeña, tuvo contacto con la espiritualidad carmelitana por un amigo de la familia, el padre Avertano –un Carmelita Descalzo que conoció a Teresa de los Andes-, a quien en su casa le llamaban de cariño “El Viejo”, y quien solía ir a visitarlos para almorzar. Él fue una de sus primeras influencias en la vida.

Por aquel entonces desarrolló una gran afición a la lectura al leer “Historia de un alma”, de Santa Teresa de Lisieux. Su padre, al darse cuenta de lo mucho que le gustaba aquel libro, se le dio a leer en francés. Fue leyendo a Teresita que la hermana “Panchita” aprendió a leer y hablar el idioma, así como a sentir el impulso de entrar al Carmelo.

Firme en su propósito de ingresar al Monasterio, la hermana “Panchita” tomó la decisión de dejar de hacer algunas cosas que para ella eran importantes, como tocar el violín, pues la música era para entonces una de sus grandes pasiones.

“Mi violín era uno de mis grandes amores –dice-, alegraba a mis hermanos tocando diversas melodías con este instrumento. En ese tiempo era impensable llevarlo al Monasterio. Me fue difícil dejarlo, pero el amor a Jesús fue más fuerte”. 

La clave de su alegría

Entró en el Carmelo de Los Andes a los 20 de edad; después de algunos años allí, se trasladó al Monasterio de Concepción, donde ha vivido la mayor parte de su vida religiosa. Señala que dentro de la orden tampoco le han faltado las dificultades, pero asegura que vale la pena vivir entregada a Dios.

“El deseo más grande de mi corazón ha sido la unión con Jesús, ser Luz con Él. Y deseo mucho verlo pronto. Todo en mi vida ha sido historia de salvación. Me siento feliz de ser Carmelita. A mis 99 años puedo decir que he sido feliz en mi vida consagrada”.

En este sentido, señala que la Santísima Virgen ha sido muy importante en su vida. “Con los años se transformó en mi verdadera Madre, la llamo desde hace mucho tiempo “Mamita Virgen”. En ella encuentro todo. Los invito a hacer la prueba de invocarla como Madre”.

Su amor por la Virgen

La revista Nuestra Iglesia, del Arzobispado de Concepción en Chile informó que diseñaron su relato con frases y datos que la religiosa dio, aunque ella ya no puede hilar frases largas. A pesar de ello, todavía goza de lucidez para discernir.

Las citas textuales, los autores de la revista se las leyeron y ella las aprobó.

“Quisiéramos destacar su gran amor a la Santísima Virgen. Ella fue una gran difusora del rezo del Rosario y del amor a la Virgen. Conseguía imágenes de María Rosa Mística y las repartía a capillas y familias. Hasta hoy lleva una imagen pequeña de la Virgen y no se separa de ella”. 

 

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