Tardes de concierto en CDMX, la iniciativa que abre la Iglesia a la cultura: conoce la cartelera
En el Templo de San Lorenzo, las “Tardes de concierto” muestran cómo la Iglesia puede abrir sus puertas a la música académica sin proselitismo, pero creando auténticos encuentros.
El Templo de San Lorenzo, también conocido como Parroquia de San Lorenzo Diácono y Mártir, ubicada en Belisario Domínguez No. 28, en el Centro Histórico, se ha convertido en un espacio poco común: un lugar donde la música académica suena sin filtros pastorales explícitos, pero con una intención clara de encuentro.
Las “Tardes de concierto”, impulsadas por el Pbro. Jaime Paredes, chantre y canónigo del Cabildo Metropolitano, y párroco de San Lorenzo y la Iglesia de Santa Catarina, no nacieron como un proyecto de evangelización directa, sino como una apuesta distinta: abrir las puertas de la Iglesia a la cultura.
“No nació con una intención pastoral, ya que no evangelizamos a los músicos ni les pedimos que canten de cierta manera o hagan oración”, explica el padre Jaime.
¿Cuándo y dónde asistir a estos conciertos?
Durante el mes de abril, el Templo de San Lorenzo, ubicado en Belisario Domínguez 28, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, abre sus puertas cada fin de semana a las 19:00 horas para las “Tardes de concierto”, un ciclo que reúne distintas propuestas musicales.
El programa incluye desde ensambles como el Cuarteto de Mandolinas de la Ciudad de México y Janus Ensamble, hasta propuestas vocales, recitales de canto y guitarra, y montajes escénicos como La Vía Dolorosa.
La entrada es, en la mayoría de los casos, mediante donativo voluntario, lo que permite que el público se acerque libremente a estas experiencias musicales en un espacio poco habitual.
Una iglesia que abre sus puertas a músicos de todos los ámbitos
Lejos de una curaduría estricta o de un programa temático, la dinámica de estos conciertos es sencilla y, al mismo tiempo, poco habitual, pues los músicos se acercan por iniciativa propia.
“Los participantes no se seleccionan; la dinámica es que los músicos se apuntan. La parroquia abre el espacio y ellos se comunican para solicitar una fecha”.
Esto ha permitido la participación de artistas provenientes de la Facultad de Música de la UNAM, conservatorios y diversas escuelas, tanto públicas como privadas. La variedad es amplia: solistas, ensambles, coros, pianistas, así como instrumentos que van desde la guitarra clásica hasta arpas, flautas o incluso gaitas.
De acuerdo con el canónigo, no hay un hilo conductor impuesto, pues cada concierto responde a la propuesta de quienes lo interpretan, bajo una única condición de que sea accesible, breve y con un componente didáctico.
“Se les pide que el concierto sea de donativo voluntario, que sea un presentación de 50 minutos a una hora, asimismo que expliquen el origen de las obras, para que la gente conozca a profundidad la pieza”.
Conciertos accesibles: donativo voluntario y apoyo a los músicos
Uno de los elementos más significativos de esta iniciativa es su modelo económico: el acceso es mediante donativo voluntario, del cual la mayor parte se destina directamente a los artistas.
“El 80% del donativo es para los músicos y el 20% se utiliza para pósters y otros requerimientos que se necesitan en la iglesia”. Este esquema no solo facilita el acceso del público, comenta el p. Paredes, sino que también responde a la falta de espacios para la música en vivo, especialmente la académica.
Un espacio formativo para la comunidad parroquial
Aunque no busca evangelizar directamente a los músicos, el proyecto sí tiene el objetivo pastoral de formar a los fieles desde la experiencia estética.
“El público objetivo son las personas de casa: grupos parroquiales o coros, para que puedan interesarse en conocer este tipo de música en vivo, acrecentar su apreciación y seguir trabajando en sus parroquias”.
Añade que la intención es que quienes participan en la vida parroquial, especialmente en ministerios musicales, puedan aprender no solo escuchando, sino observando el trabajo, la disciplina y la ejecución de los músicos.
“Se busca que la Iglesia brinde la posibilidad de ver cómo los músicos se preparan, disponen y ejecutan la música, sensibilizando a las personas”, explica el canónigo.
Entre la gratitud y la resistencia: la respuesta de la comunidad
A lo largo de los años, la iniciativa ha generado reacciones diversas, incluso dentro de la misma comunidad eclesial, pues la respuesta ha sido desconcertante, reconoce el p. Jaime.
“Por un lado, hay quienes cuestionan el uso del templo como foro cultural. Un sector se muestra receloso, cuestionando cómo es posible que la iglesia se convierta en un espacio de conciertos… consideran que si la música no es para evangelizar, no debería estar allí”.
Sin embargo, agrega que también existe una respuesta muy positiva, pues otro sector de fieles está agradecido y valora que se impulse la música y se abran espacios.
Y por otro lado, dice, la respuesta de los músicos y seguidores es de mucho entusiasmo, porque no hay espacios donde la música clásica, barroca, novohispana, entre otras, se pueda apreciar de esa manera.
Una iniciativa que busca mantenerse, no crecer
A diferencia de otros proyectos culturales, las Tardes de concierto no buscan expandirse ni convertirse en una plataforma más compleja, pues “la expectativa principal es mantenerse y seguir ofreciendo estos conciertos a quienes gusten”, comenta el p. Jaime.
“La única pretensión es que las personas más integradas a la parroquia vean estos conciertos como un valor de formación… que les ayude en sus ministerios y coros”.
Más allá de la música, esta iniciativa plantea una pregunta de fondo: ¿puede la Iglesia ser también un espacio de escucha, no solo de enseñanza?
En el Templo de San Lorenzo, la respuesta parece construirse cada fin de semana de este mes de abril, entre acordes, silencios y aplausos. “A veces la Iglesia no necesita hablar para acercar… basta con permitir que otros sean escuchados“, finaliza el chantre de la Catedral Metropolitana.
¿Dónde está la Iglesia de San Lorenzo y cómo llegar?
En transporte público
Metro:
La estación más cercana es Allende (Línea 2, azul) o Zócalo/Tenochtitlan (Línea 2, azul). Desde cualquiera de estas estaciones, camina unos 10–15 minutos hacia Belisario Domínguez 28.
Metrobus:
Línea 8: Bajarse en la estación San Juan de Letrán y caminar 8–10 minutos.
Línea 1: Bajarse en Juárez y caminar unos 10 minutos.
Trolebús / RTP / Autobús:
Cualquier ruta que pase por Eje Central Lázaro Cárdenas o 5 de Febrero puede dejarte cerca; después caminar unas cuadras hacia Belisario Domínguez.
En auto
Buscar dirección exacta en GPS: Belisario Domínguez 28, Centro Histórico, CDMX. Hay estacionamientos cercanos, pero el Centro Histórico tiene tránsito y zonas restringidas, conviene llegar con tiempo.




