Santa Rosa de Lima y el día en que jugó a los dados con Jesús
El relato de Leonardo Hansen sobre el juego de dados entre Santa Rosa de Lima y Jesús quedó plasmado en una pintura de Cristóbal de Villalpando que hoy se conserva en la Catedral Metropolitana.
Santa Rosa de Lima se jugó su salud en un juego de dados con Jesús. No fue fiebre ni delirio, el episodio quedó registrado en los relatos hagiográficos (biografías de santos) de su tiempo y se convirtió en una de las escenas más desconcertantes y profundas de la vida espiritual de la primera santa de América.
El pasaje se encuentra en Vida admirable de Santa Rosa de Lima: patrona del Nuevo Mundo, obra del dominico Leonardo Hansen, cuya versión digital es resguardada por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). Lejos de tratarse de una anécdota pintoresca, el relato ofrece una clave esencial para comprender la espiritualidad de Santa Rosa: la aceptación amorosa del sufrimiento como ofrenda a Dios.
Un dolor, una aparición y una apuesta inesperada
Según narra Hansen, en el capítulo XVI, Santa Rosa enfermó con un intenso dolor de garganta. En medio de ese padecimiento, Cristo se le apareció, descrito como un “dulce imán de los deseos”, con el propósito de consolarla y distraerla del dolor.
Fue entonces cuando Jesús armó un juego de dados y la invitó a competir. El acuerdo era claro: “que el premio de la victoria quedase al arbitrio y elección del que ganase”. En la primera tirada, la suerte favoreció a Rosa, quien pidió como recompensa que se mitigaran los dolores de su garganta, lo cual ocurrió de inmediato. Pero el episodio no terminó ahí.
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El segundo juego y la lección espiritual
El “jugador divino”, dando a entender que estaba resentido, propuso un segundo juego. En esta ocasión, Cristo resultó vencedor y Rosa perdió. La consecuencia fue inmediata: el dolor regresó con mayor intensidad, privándola del sueño durante toda la noche.
Leonardo Hansen explica que Jesús quiso entonces “cobrarse en la paciencia de la competidora vencida“, invitando a la santa a ofrecer ese sufrimiento con amor y confianza. Para Rosa, la derrota no fue fracaso, sino una oportunidad de unión más profunda con la voluntad de Dios.
Del libro al retablo: la escena hecha pintura
Este singular episodio fue llevado al arte sacro por Cristóbal de Villalpando, en una pintura que hoy puede admirarse en la Capilla de San Felipe de Jesús, en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, dentro del retablo lateral izquierdo.
Sin duda, esta obra de arte está fundamentada directamente en la biografía escrita por Leonardo Hansen, aunque presenta una diferencia significativa, mientras el texto menciona al “dulce Niño” Jesús, Villalpando lo representó como Cristo adulto.
En la obra, de acuerdo con el Catálogo Nacional de Bienes Muebles e inmuebles de la Secretaría de Cultura, santa Rosa aparece arrodillada, vistiendo el hábito dominico de profesa, con las manos juntas en señal de oración y la mirada dirigida a Jesús. “Cristo se encuentra de pie, del lado izquierdo de la composición, vestido con túnica y manto, detrás de una mesa con un tablero y dos dados. En su mano derecha sostiene uno de los dados y vuelve el rostro hacia la santa, mientras un rompimiento de gloria corona su cabeza”.
Sin embargo, este episodio no fue exclusivo de la pintura novohispana; este singular pasaje del juego de dados entre santa Rosa y Cristo también fue representado en grabados y pinturas devocionales en Perú, España e Italia, especialmente en contextos dominicos, donde la santa fue ampliamente venerada tras su canonización. En México, esta escena puede contemplarse en la Catedral Metropolitana, donde la interpretación de Villalpando ofrece una lectura visual única de uno de los momentos más desconcertantes de su vida espiritual.

Una espiritualidad que desafía al tiempo
En el relato de Leonardo Hansen y en la interpretación pictórica de Cristóbal de Villalpando, revela una espiritualidad donde el sufrimiento se convierte en lenguaje de encuentro. Por eso, siglos después, aquella partida insólita, sigue provocando asombro, preguntas y esbozar una pequeña sonrisa en quien se detiene a mirar el retablo.
La entrada a la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México es gratuita para el público en general. Abre de lunes a viernes de 7:00 a 18:00 horas, y sábados y domingos de 7:00 a 19:00 horas. Estos horarios pueden modificarse por celebraciones litúrgicas o eventos especiales, por lo que se recomienda confirmar en el lugar o a través de sus redes oficiales.
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