¿Cómo llegó el cristianismo a Rusia y Ucrania?

El cristianismo era una religión de tantas que había penetrado entre los eslavos en el siglo IX gracias a San Cirilo y San Metodio.
Mujer con cruz. Foto: El Universal
Mujer con cruz. Foto: El Universal

Al norte de Europa, en el siglo X, el príncipe Vladimir era politeísta y a través de sus conquistas había en su reino dioses eslavos, lituanos y ugrofineses que se fueron acumulando y que provenían de Ucrania, Moscovia, Bielorrusia y parte de Estonia, e incluso, mandó construir sobre una loma cerca de Kiev un Panteón con todas las deidades de sus súbditos.

El cristianismo era una religión de tantas que había penetrado entre los eslavos en el siglo IX gracias a San Cirilo y San Metodio que crearon un alfabeto para los eslavos pudieran leer y participar en las Misas que se celebraban en griego, y esta escritura dio pie a la lengua eslava. 

Al ver como Europa era cristiana, el príncipe Vladimir pensó que sería bueno imponer en su reino una religión monoteísta, e hizo llamar hasta su palacio a judíos, musulmanes, cristianos latinos y ortodoxos; él quedó cautivado con la liturgia de Constantinopla, así que él se convirtió y promovió el cristianismo ortodoxo para dar hegemonía cultural a su pueblo.


Kiev se convirtió en la ciudad más importante de la Iglesia Ortodoxa dependiente del Patriarcado de Constantinopla, quien designaba a sus obispos metropolitanos entre los religiosos griegos hasta que, en 1051, el sexto obispo, Hilario, fue eslavo, algo importante porque es la sangre étnica del pueblo ucraniano y ruso.

La relación entre Rusia con el Patriarcado de Constantinopla era muy buena; con Roma había diplomacia a causa del cisma de 1054 que alejó a las iglesias de oriente y occidente.

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La invasión mongola de 1299 hizo cambiar la sede a la ciudad de Vladimir, aunque el obispo usaba el título de Metropolita de Kiev y toda Rus, y en 1325, la sede pasó al Burgo de Moscú, que era un territorio protegido y más independiente del dominio mongol, pues tenía una fortaleza llamada kremlin, y sería hasta 1461 cuando la cabeza religiosa se llamaría Metropolita de Moscú y de toda Rus, palabra que define a los eslavos.

Durante los 240 años de presencia mongola al norte de Europa, los obispos Metropolitanos fueron elegidos por el Patriarca de Constantinopla y sirvieron como mediadores en asuntos relevantes, pues finalmente los mongoles solo querían el pago de tributos y concedían la libertad religiosa.

Algo enturbio las relaciones. El Papa Inocencio III convocó a la cuarta cruzada en 1202 para reconquistar Jerusalén, pero los cruzados se dejaron convencer por los venecianos y cambiaron la ruta a última hora, y se lanzaron con 20 mil hombres y 210 navíos sobre Constantinopla, la capital de Bizancio, la saquearon incluyendo sus reliquias, con la equivocada idea de suprimir el rito griego en favor del latino, sin entender que ambos ritos dan universalidad a la Iglesia, como dos pulmones que oxigenan al cuerpo místico de Cristo. 

Esta incursión terminó con la imposición de un efímero gobierno latino, pero la pretensión de los cruzados fracasó del todo, pues el clero ortodoxo no renunció a sus ritos griegos, y el monarca que impusieron terminó ahorcado en las mazmorras. 

La caída de Constantinopla convirtió a los cristianos y judíos en ciudadanos de segunda en el imperio islámico y trajo como consecuencias que un monje llamado Filoteo de Pskov dijera que, si Roma había caído en herejías y el imperio de Bizancio en manos de los turcos, Moscú debería ser la tercera Roma, y en el año 1461, el metropolita Teodosio proclamó la autocefalia de Rusia. Iván III comenzó a usar el título de Zar derivado de César, unificó las tierras rusas y casado con una princesa bizantina, consolido su filiación espiritual con los ortodoxos. El cristianismo latino penetraría por Polonia y Lituania. 

En 1589, bajo la regencia de Boris Godunov, el Patriarca de Constantinopla que era Jeremías II y en Rusia el Zar Teodoro I, la sede de Moscú se convirtió en el sexto Patriarcado de la Iglesia con la aprobación de los otros cinco patriarcados: Roma, Jerusalén, Constantinopla, Alejandría y Antioquia, que ya se habían creado en el Concilio de Caledonia en el año 451.

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