San Francisco: una ciudad de EU marcada por el legado de san Francisco de Asís
La ciudad de San Francisco, símbolo de modernidad y vanguardia, tiene un origen profundamente espiritual ligado a san Francisco de Asís y a las misiones franciscanas que marcaron el nacimiento de California.
Reconocida como tierra de innovación en Estados Unidos, san Francisco es una metrópolis de vanguardia y cuna de la creatividad tecnológica. Pocos recuerdan, sin embargo, que su nombre remite a un profundo origen espiritual.
Ubicada en el extremo de una península bañada por el océano Pacífico, con una majestuosa bahía al este y conexión terrestre al sur, la ciudad no solo destaca por su geografía privilegiada, sino también por sus raíces históricas y religiosas.
Reconocida como tierra de innovación en Estados Unidos, san Francisco es una metrópolis de vanguardia y cuna de la creatividad tecnológica. Pocos recuerdan, sin embargo, que su nombre remite a un profundo origen espiritual.
Este centro cultural y financiero se asienta en el extremo de una península bañada al oeste por las aguas del océano Pacífico, con una amplia bahía al este y conexión con tierra firme al sur. Más allá de su privilegiada geografía, la ciudad conserva una historia estrechamente ligada a la fe.
San Francisco fue fundada por colonos españoles en 1776. En ese contexto se levantó un fuerte en la zona hoy conocida como Golden Gate, pero también se estableció una misión de evangelización, a la que se dio el nombre del santo italiano san Francisco de Asís. Desde sus orígenes, la ciudad quedó marcada por una identidad vinculada al anuncio del Evangelio.
De este modo, muchos de los valores que acompañaron el desarrollo inicial de la región quedaron enraizados en la evangelización temprana impulsada por los religiosos llegados de España, cuyo fruto fue el amor a Dios y la devoción a la Virgen María.
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Inspirado en los valores de dos santos
Durante su visita a Estados Unidos, san Juan Pablo II recordó el papel decisivo de las misiones franciscanas en California. En 1769, fray Junípero Serra y los franciscanos que lo acompañaban llevaron la Palabra de Dios a esa región, dejando atrás cuanto les era familiar para anunciar la Buena Nueva de Jesucristo.
“Dejando atrás cuanto les era familiar y querido, ellos libremente quisieron venir a este territorio a predicar la Buena Nueva de Nuestro Señor Jesucristo”, señaló Juan Pablo II, durante su visita al Estadio de los Dodgers, Los Ángeles, Estados Unidos, 16 de septiembre de 1987.
Este primer esfuerzo evangelizador dio frutos tempranos, con la aceptación del Evangelio y el bautismo de miles de nativos americanos. A lo largo de El Camino Real, se estableció una serie de misiones designadas con el nombre de santos o misterios de la fe cristiana, como san Diego, san Gabriel, san Bernardino, san Buenaventura, santa Bárbara y san Fernando, entre muchas otras.

Migrantes misioneros en Estados Unidos
Con el paso del tiempo, a estas tierras comenzaron a llegar migrantes, principalmente de México y de España, quienes trajeron consigo su fe católica y apostólica. Juan Pablo II subrayó que estos primeros colonos no podían imaginar que, en la providencia de Dios, estaban dando origen a un estilo peculiar que marcaría el futuro de California.
Posteriormente, California se convirtió en un refugio para inmigrantes de todos los continentes, un nuevo hogar para refugiados y migrantes que, además de sus tradiciones culturales, llevaron consigo la fe cristiana. Como resultado, afirmaba el Papa, la Iglesia en California es verdaderamente católica, en el sentido más amplio del término, al integrar pueblos y culturas de una rica diversidad.
El vínculo con san Francisco de Asís
Más tarde, san Juan Pablo II subrayó que san Francisco, “tanto por su nombre como por su historia”, está profundamente vinculada al espíritu de san Francisco de Asís. Lo expresó durante su visita a la Basílica de la Misión Dolores, el edificio más antiguo de la ciudad y uno de los símbolos más representativos de su herencia cristiana.
En ese lugar, el Pontífice recordó que el santo italiano, nacido hace más de 800 años, continúa inspirando a personas de culturas y religiones muy distintas. Destacó que san Francisco fue un hombre de paz y dulzura, amante de la belleza y de la creación, marcado por la pobreza y la sencillez.
“Sobre todo, Francisco fue un hombre de oración cuya vida entera estuvo moldeada por el amor de Jesucristo, y anhelaba vivir de una manera que expresara con la mayor claridad el amor eterno de Dios”, afirmó Juan Pablo II.
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Enamorado de Jesús y hombre de paz
Benedicto XVI también subrayó esta dimensión espiritual del santo de Asís al señalar que fue un auténtico enamorado de Jesús, a quien encontraba en la Palabra de Dios, en los hermanos, en la naturaleza y, de modo especial, en la Eucaristía. Desde esa vida de oración, explicó, brotó su compromiso en favor de la paz.
Este rasgo, señaló el Papa, resulta de gran actualidad en un mundo herido por la violencia y la división. san Francisco de Asís fue un hombre de paz y un verdadero constructor de paz.
Este legado ha sido retomado también por el papa León XIV, quien durante su visita al Sacro Convento de Asís en noviembre de 2025 exhortó a los fieles a convertirse en artífices de la fraternidad, la amistad y la cultura del encuentro, como profecía de paz para el mundo.
Así, san Francisco, más allá de su modernidad y diversidad, conserva en su nombre y en su historia un llamado siempre vigente: ser una ciudad inspirada en la fe, la fraternidad y la paz de san Francisco de Asís.


