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¿Cómo construir la paz en un mundo dividido? La apuesta místico-política por la reconciliación

Construir la paz exige no solo tejer acuerdos, sino también “tejer las almas” para sanar heridas y reconstruir el tejido social.

31 enero, 2026

La reconciliación no es solo un asunto espiritual ni únicamente político. Exige ambas dimensiones al mismo tiempo. Así lo afirmó Elías López, sacerdote jesuita, durante la conferencia magistral “Cómo reconciliarnos en un mundo dividido”, impartida en el segundo día del Segundo Diálogo Nacional por la Paz.

“La propuesta es místico-política: una profunda espiritualidad y, al mismo tiempo, un compromiso político serio de transformación”, explicó. Desde esta perspectiva, el reto no es solo articular iniciativas por la paz, sino tejerlas, y hacerlo también en el interior de las personas. “Hay que tejer la paz, pero también hay que tejer las almas, los corazones”, subrayó.

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En un contexto marcado por la violencia y la polarización como México, Elías López insistió en que construir la paz no significa resignarse ni normalizar el mal. Por el contrario, afirmó que los procesos de reconciliación parten de una convicción profunda: no dejar que el mal tenga la última palabra. “Si renunciamos a transformar las heridas, dejamos que ganen los malos”, advirtió, al subrayar que la paz verdadera exige enfrentar la injusticia, sanar la comunión y sostener la esperanza incluso en escenarios adversos.

Para avanzar en este camino, el padre presentó una propuesta articulada en cuatro pasos: liderazgo, discernimiento, sinodalidad y reconciliación.

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1. Liderazgo

El primer paso es el liderazgo, entendido como la capacidad de proponer un cambio que mejore la realidad. “Liderar tiene que ver con cambio, con pasar de A a B con propósito, misión y valores”, señaló.

Este liderazgo, explicó, debe estar focalizado en valores como la dignidad, la justicia, el perdón, el amor, la humildad, la confianza, la vulnerabilidad, la verdad, la honestidad y la conciencia plena. Sin embargo, advirtió que los valores no se aprenden de manera teórica: “Los valores no se aprenden en un libro; se aprenden por modelado, por contacto y experiencia”.

Entre todos ellos, destacó uno como imprescindible para transformar un país violento en uno pacífico: la autenticidad. “En todos los estudios sobre liderazgo hay un valor que no puede faltar para cambiar un país violento en un país pacífico: la autenticidad”, afirmó.

Esta autenticidad, explicó, se expresa en cuatro rasgos: la intuición —entendida como la sabiduría que se incorpora tras examinar la realidad día a día—, la empatía “no blanda, sino dura”, la vocación y la capacidad de compartir la propia vulnerabilidad.

2. Discernimiento

El segundo paso es el discernimiento, cuya base es el examen espiritual. López recordó que el discernimiento es un ejercicio fundamental de la vida cristiana, porque está ligado a la libertad. “Sin discernimiento no hay un cristiano maduro”, advirtió.

Discernir, explicó, es conectarse con la brújula interior para reconocer la voluntad de Dios en el aquí y el ahora. “Discernir significa separar, elegir; saber entre distintas opciones cuál conduce al mayor bien”, afirmó, subrayando que este ejercicio no solo es personal, sino también comunitario y social.

3. Sinodalidad

El tercer eje de la propuesta es la sinodalidad, entendida como un modo de relacionarse. Caminar juntos implica comunión, participación y misión compartida.

“La sinodalidad no es una moda, es un estilo”, explicó López, al destacar rasgos como la conversión personal, la escucha profunda, la comunión, una Iglesia en salida, el reconocimiento de la mujer, el discernimiento y la reconciliación. Este estilo —añadió— no solo transforma la vida eclesial, sino que ayuda a sanar las relaciones humanas y sociales.

4. Reconciliación:

El cuarto paso es la reconciliación, que abarca cuatro dimensiones: la relación con Dios, con uno mismo, con los demás y con la creación. Reconciliarse, insistió el ponente, parte de una convicción básica: creer que el cambio es posible, incluso en contextos marcados por la violencia estructural.

Reconciliar es volver a llamar juntos a quienes han sido divididos por una injusticia o una violencia”, explicó al referirse al sentido profundo del término. Este proceso, añadió, requiere crear espacios seguros donde sea posible reconocer el conflicto, tocar las heridas y abrir caminos de perdón.

Tejer la paz y tejer las almas

Como conclusión, Elías López subrayó que reconciliarse en un mundo dividido exige trabajar en dos niveles inseparables: las estructuras y las personas. “No basta con tejer la paz desde lo político; hay que tejer también las almas”, afirmó.

Solo así —con personas que han trabajado sus heridas, que se han reconciliado consigo mismas y que son capaces de perdonar— será posible tejer organizaciones, comunidades y procesos colectivos que avancen hacia una paz auténtica y sostenible.



Autor

Editora web de Desde la fe. Licenciada en Comunicación en Imagen por la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) y Mtra. en Comunicación para la Acción Política y Social por la Universidad Simón Bolívar México (USB México).