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COLUMNA

Historias ciudadanas

Misioneros digitales: del púlpito a las redes

El Vaticano formalizó la figura de los “misioneros digitales”, reconociendo que el continente digital es tan real como cualquier diócesis territorial

28 noviembre, 2025
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Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX). 

En mangas de playera para hablar del mal de ojo, en pants desde la cocina mientras prepara unas palomitas o con sotana y estola al frente de la cámara es común ver al padre Sergio desde su canal “Parroquia Digital”, donde más de 1.8 millones de personas lo siguen.

Los sacerdotes influencer son los nuevos misioneros de un continente que no aparece en los mapas, pero concentra la vida cotidiana de millones. El caso del padre Sergio Argüello es una de las expresiones más claras de este viraje.

Cada 30 de noviembre, Día del Influencer, se recuerda que esta figura dejó de ser un personaje dedicado a monetizar audiencias. En su definición más seria, es quien posee la credibilidad suficiente para modificar conductas y orientar decisiones.

El fenómeno no es superficial ni pasajero. Según el INEGI, la Generación Z pasa hasta 5.9 horas diarias en internet. La pantalla es instrumento de entretenimiento y el lugar donde negocian dudas, buscan respuestas emocionales, comparte fragilidad y, a veces, encuentran sentido. La Iglesia no permanece al margen. Por ello, el Vaticano formalizó la figura de los “misioneros digitales”, reconociendo que el continente digital es tan real como cualquier diócesis territorial.

En ese horizonte, el padre Sergio se volvió un referente central. Su canal Parroquia Digital combina reflexiones del Evangelio, oraciones y mensajes breves de esperanza. Su intención —como él mismo ha reiterado— no busca reemplazar la misa presencial, sino invitar a las personas a regresar a ella. El algoritmo puede ser un puente pastoral cuando se usa con inteligencia espiritual.

A su lado se multiplican otros rostros que conectan con las nuevas generaciones desde estilos distintos, pero con idéntica vocación. Está el padre Heriberto García, conocido como “el sacerdote digital” o “el padre charro”, con casi dos millones de seguidores en TikTok.

El padre Borre, párroco en Monterrey, sintetiza la lógica de esta nueva evangelización: “si los hijos de Dios están en las redes sociales, la Madre Iglesia debe estar con ellos”. Su presencia en plataformas como TikTok, Instagram y YouTube no compite con la liturgia ni la reemplaza; la acompaña y la amplifica.

La Iglesia no compite con el algoritmo. Los sacerdotes influencer no sustituyen al púlpito, lo expanden más allá de las paredes del templo y lo colocan justo donde transcurre la vida de las y los jóvenes.


Autor

Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX).