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Cine: Goofy: La película

  • “Es difícil que yo piense igual a ti”

Padre e hijo están más que aburridos. Ambos, con la mirada perdida, no tienen idea de cómo es que terminaron encerrados en el automóvil, en medio del bosque. Lo que comenzó como una tarde de pesca, ha terminado en una noche complicada, donde los dos no tienen nada que contarse –o eso creen–. El hijo está molesto con el padre, y el padre está triste con el hijo.

De pronto, el papá comienza a reírse de la nada, señalando una lata de sopa que tienen enfrente: “¿De qué te ríes?”, pregunta el menor, a lo que su padre contesta: “Sopa hola pá”. “¿Ah?”, responde su hijo, sin saber de nueva cuenta de qué habla. “¡No me digas que no recuerdas la sopa ‘hola pá’!”, y le explica que cuando era más pequeño se divertía formando, con la sopa de letras, palabras como: “Maxi”, “Hola pá”, “adiosito” o “te quiero”. En ese momento los dos guardan silencio y se miran a los ojos. Ese “te quiero” ahora suena incómodo, lejano, tan en desuso y a la vez tan necesario.

Horas antes, Max se encontraba en la escuela, disfrutando de su popularidad en ascenso. Imitando a su cante favorito, había interrumpido el discurso que el director dirigía al alumnado, logrando así alcanzar la popularidad que tanto anhelaba, pero sobre todo, consiguiendo llamar la atención de Roxanne, la chica que le gusta.

Como era de esperarse, Max termina siendo castigado. Goofy, su padre, es alertado por el director, quien le dice que, de no corregir a su hijo, terminaría en la silla eléctrica. Goofy decide entonces aprovechar el verano, y llevarse a Max de pesca, siguiendo la misma ruta que su padre hizo con él. Pero esto no le causa la mínima emoción en Max, quien ya tiene resuelto su verano: fiestas, amigos y Roxanne.

Con esta cinta, el director Kevin Lima le da un enfoque diametralmente opuesto al Goofy de los personajes menos populares de Disney. En sus propias palabras, “en vez de mantener simplemente a Goofy de una dimensión, como ha sido en el pasado, quisimos darle un lado emocional que agregara al arco de la película. Queríamos que la audiencia viera sus sentimientos, y no sólo sus payasadas”. Y así lo hizo, Kevin dotó a Goofy de sentido común, de tristeza, enojo, desesperación y amor.

Goofy: La Película, es un filme que invita a la plática entre padres e hijos, al autoconocimiento y a la diferencia de gustos. No pierde la oportunidad de tocar temas relacionados con la vida de un adolescente, como es el querer ser popular; el temor del joven a convertirse en viva imagen de su padre; lo complicado que puede resultar una relación así para ambas partes; lo necesario que es aceptar los gustos de otros, o el ímpetu que tenemos de llamar la atención de alguien que nos gusta. Una película sencilla con un discurso tan generacional, que difícilmente perderá su frescura.