Escuela para padres

Consejos para elegir a los padrinos de tus hijos

Los padrinos deben ayudar a los papás en la formación cristiana de los niños. Por eso es importante elegirlos bien.
Los padrinos juegan un papel fundamental en la educación espiritual de los niños. Foto: Cathopic
Los padrinos juegan un papel fundamental en la educación espiritual de los niños. Foto: Cathopic

Lo primero que debemos saber es qué hacen los padrinos y madrinas. Un padrino debe ser un buen cristiano, ejemplar por su vida honesta, al que la Iglesia encomienda la misión de ayudar a los padres del niño en su educación cristiana.

Para que sea un cristiano cercano a su ahijado, la Iglesia le pide a los papás que ellos mismos lo escojan, cosa que cada vez es más difícil porque no suelen encontrarse buenos cristianos tan fácilmente.

Leer: 10 cosas que debes saber sobre el Bautismo

Para que sean lícitamente padrinos, la Iglesia pide tres cosas:

  1. Que sean mayores de 16 años.
  2. Que hayan recibido el Bautismo, la Confirmación y la Primera Comunión.
  3. Que sean “o bien casados o bien solteros”; y allí está el problema, porque ya casi nadie se casa por la Iglesia.

Tampoco debe buscarse como padrinos a personas de otra religión, por buenas que sean; o a personas que no tienen un modo honesto de vivir; o personas en actividad alcohólica o bajo drogadicción. El padrino debe ser responsable porque se le encomienda nada menos que ayudar a los papás en la formación cristiana de los niños.

Es una buena obra para un cristiano aceptar responsablemente la invitación de ser padrino, siempre y cuando piense cumplir con su obligación. Sería bueno que desliguemos el ser padrino con esos gastos exagerados que, de hecho, si se hacen, corresponden a los papás.

Quien va a ser bautizado deberá tener un padrino o una madrina o uno y una, que hayan recibido los tres sacramentos de la Iniciación Cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía, y lleven una vida congruente con la fe católica.

A las parejas de esposos que pretenden ser padrinos, se les pedirá constancia de su matrimonio eclesiástico, como un medio educativo que lleva a reconocer y a valorar ese estado de vida como exigencia de la vida cristiana.