¿Te avergüenza tu familia? ¡Te decimos cómo superarlo!

Hay familias a las que no les importa dar una cara aceptable a la sociedad, sino alcanzar la felicidad. ¿Cómo lo lograron?
No hay familia perfecta, pero eso no significa que no podamos resolver nuestros problemas en conjunto.
No hay familia perfecta, pero eso no significa que no podamos resolver nuestros problemas en conjunto.

Todos nos esforzamos en presentar ante los demás una apariencia favorable de nuestra familia porque nos importa el qué dirán de los que nos rodean. Queremos que nos vean como una familia bonita, pero, ¿realmente lo somos?, ¿no será que nos avergüenza nuestra familia? Este es el secreto para lograrlo.

La ropa sucia se lava en casa

Los problemas, las fallas y esos defectos que nos parecen horribles se ocultan cuidadosamente porque “la ropa sucia se lava en casa”.

Reconocemos que nuestra familia no es una familia modelo y envidiamos, quizás, a alguna familia de amigos que nos presentan tal cara de felicidad que no pueden con ella, hasta que… ¡descubrimos que no son lo que aparentan!, también ellos tratan de causar buena impresión como nosotros.

¿Han escuchado a algún jovencito expresar con firmeza que él no se casará? Nosotros, desde luego, no se lo creemos, convencidos de que caerá en las garras del amor cuando encuentre a su media naranja. Pero deberíamos comprender lo que encierra esa drástica decisión de no casarse; ¿no será esa la forma de mostrar su desilusión acerca de la familia?

¡Urgen familias modelos!, capaces de convencernos sobre la posibilidad  de la felicidad.

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Dios no va solo por la vida

De Dios conocemos lo que él mismo nos quiere revelar. Como que nos permite entrar en su vida íntima como sólo a los buenos amigos se les invita. A los buenos amigos, o a los hijos. Nos quiere tanto que nos trata en confianza y nos hace sentir como esos amigos tan íntimos que se meten hasta en la cocina. ¡Como que somos de la familia!

Y así, nos enteramos que Dios no es un ser solitario, que tiene una familia con la que se lleva bastante bien, una familia que es modelo, el modelo original, de todas nuestras familias.

Hasta Jesús, de Dios sólo conocíamos lo que nos decían los profetas y esos amigos suyos con los que tenía una estrecha amistad. Su Hijo, Jesús, nos habla de su Padre con tanto cariño que no podemos menos que amarlo también nosotros. Nos habla del Espíritu y despierta en nosotros el anhelo de tenerlo, de ser templos donde él habita.

Es tan buen amigo Jesús que comparte con nosotros su ser Hijo de Dios y hace de su Padre el “Padre nuestro” que invocamos movidos por el Espíritu Santo.

Jesús nos habla de su familia lleno de orgullo y de amor y,  cuando conocemos la armonía de las relaciones que existen entre ellos, tenemos que decir: !Qué bonita familia!

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¡Qué chiste, ellos son una familia divina!

También nosotros podemos serlo. Dios dijo “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn 1, 26) y nos parecemos a Dios. Desde luego, ese parecido no es físico, porque Dios es espíritu; nos parecemos a él en la inteligencia, en la bondad, en la libertad, en nuestra capacidad de ser creadores, en nuestra necesidad de ser familia, como Él mismo lo es.

Creados a imagen de Dios, hemos sido hechos para el amor; ésa es nuestra vocación primordial.

Y el amor se vive en la familia que tiene como fundamento la respuesta de un hombre y una mujer al llamado que a través de la naturaleza misma les hace Dios para amarse y fundar una familia.

Es tan grande la capacidad del amor mutuo, que se expresa en la Biblia no sólo como una especial unión, sino como un ser una sola carne. Un ser uno, de tal modo que ya no se pueden desunir hasta que la muerte los separe.

En ese amor conyugal quiere verse reflejado el mismo Jesús que ama y santifica a la Iglesia como un esposo ama a su esposa.

Cuando los esposos aceptan su vocación al amor como procedente de Dios mismo, Él santifica su amor mediante el sacramento del Matrimonio que les da la gracia divina para amarse con un amor para siempre, con un amor que crece y que se parece cada vez más al amor mismo de Dios. Se aman con amor divino.

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Hacia una familia modelo

Cuando los esposos cristianos han comprendido y han aceptado su amor como insertado en el amor mismo de Dios Trinidad Santa, cuando se esfuerzan en vivir su amor como signo del amor de Cristo a la Iglesia, actualizado y hecho presente por ellos primordialmente en su familia y después en la sociedad en que participan, entonces podemos decir que son una familia modelo.

El Espíritu Santo actúa en la familia cristiana

Creemos los católicos que el Espíritu Santo es el dador de las gracias y de cada uno de los dones que nos vienen de Dios. Su máximo regalo es el amor.

En los esposos, por el sacramento del Matrimonio, actúa constantemente el Espíritu Santo para que cumplan su vocación al amor.

De Él vienen las gracias de la unidad, de la fidelidad mutua, de la generosidad sin límites, del perdón lleno de clemencia, de la fecundidad y del testimonio.

Hay familias modelos a las que no les importa tanto dar una cara aceptable a la sociedad, sino ser ellos mismos una imagen de la familia trinitaria de Dios y alcanzar el ser felices como signos vivos del Reino de Cristo.

Hay familias bonitas, que logran vencer con su amor todas las dificultades propias de la vida. Allí está Dios.

 

El P. Sergio Román (a.e.p.d) fue sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México. Falleció en septiembre del 2021. Fue uno de los principales colaboradores de Desde la fe, por lo que la redacción de este medio de comunicación lleva su nombre.

 

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