Escuela para padres

¿Cómo orientar a nuestras hijas en su vocación o camino?

Una de las tareas más difíciles de las adolescentes es discernir su camino en la vida.
En algún momento el orientador debe desaparecer y dejar paso a la vocación libre.
En algún momento el orientador debe desaparecer y dejar paso a la vocación libre.

Uno de los procesos más difíciles en la adolescencia es el discernimiento a la vocación o camino de vida; esto produce mucha confusión en las chicas. Ante ello, la misma familia puede verse tentada a ‘buscarle una respuesta’, pero eso no es recomendable.

Puedes leer: ¿Qué hacen los Institutos de Vida Consagrada de la Arquidiócesis?

El Papa Francisco, en su exhortación a los jóvenes Cristo Vive, lo explica cuando dice que cualquier persona que escucha al joven en este proceso, en algún momento tiene que desaparecer para dejar que siga ese camino que ha descubierto.

“Muchas veces la familia quiere tomar decisiones por ellas, otras veces son las mismas chicas las que quieren que se tomen decisiones por ellas, pero hay que evitarlo. Podemos caer en la tentación de pensar, ‘¿qué tal si se equivocan?’, pero uno aprende más de las equivocaciones que de los éxitos; hay que dejarlas aprender”, explica la pedagoga Virginia Sosa, orientadora vocacional.

‘Hay que acompañar procesos, no imponer trayectos’, dice el Papa en el documento citado. Por ello, es importante que las madres aprendan sobre las vocaciones y acompañen a sus hijas en libertad.

Vocación a la Iglesia

Cada persona ha sido creada por Dios con un propósito y un fin, todos tenemos una vocación. El Catecismo de la Iglesia Católica menciona  una vocación universal que comparten todas las personas, y ésta es la vocación a la santidad.

Esta vocación universal también implica el desarrollo de los talentos de cada uno, lo cual puede hacerse a través de una profesión, que siempre debe tener un sentido de servicio al prójimo, y no sólo por el dinero.

“El mundo ha cambiado y las profesiones también. Para decidirnos por una no sólo debemos tomar en cuenta nuestros talentos, sino cómo aplicarlos a las necesidades de la sociedad”, explica la especialista.

Además de la vocación a la santidad, existen caminos particulares a los que la persona está llamada: Vida religiosa o consagrada, Matrimonio y soltería; ésta última no debe entenderse como una opción ante un fracaso amoroso, sino como una elección de vida; no se elige por egoísmo ni libertinaje, es una vocación que halla su plenitud en encontrar un apostolado al cual dedicarse.

Testimonio

‘Decidirse por un camino da miedo’. Jazmín de María, 24 años.

Mi familia siempre fue cercana a la iglesia. Yo era catequista, pero al entrar a la preparatoria perdí el interés; las tareas, el trabajo y las amistades me llevaron por otros terrenos.

Un día, ya casi cuando concluía mi licenciatura en diseño gráfico y comunicación visual, una catequista me llamó porque necesitaba que le diera clases a una niña con cáncer que quería hacer su Primera Comunión. A la pequeña le amputaron una pierna,  estaba en tratamiento, y era difícil que se trasladara. No me sentía muy convencida, pero acepté.

La situación me sensibilizó, comencé a ir nuevamente a Misa y visitaba enfermos. Me di cuenta de que hay muchas personas buenas  que no conocen a Dios.

Luché mucho por ser diseñadora y amaba mi profesión, pero eso ya no me llenaba. Me di cuenta de que estaba feliz cuando servía a la gente y cuando estaba cerca del Santísimo. Busqué en internet y así conocí a las hermanas Concepcionistas de España, ellas me contactaron con la orden en México.

Las conocí,  pero para estar 100% segura de unirme a ellas me tardé 10 meses. Decidirse por un camino da miedo, pero hay que resolver y actuar, pues sólo así podremos conocer qué es lo que Dios tiene preparado para nosotros.

Comentarios