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¿Cómo mantener a tu familia unida?

28 febrero, 2024
¿Cómo mantener a tu familia unida?
La familia es la primera escuela. Foto: IA

Para el especialista en temas de familia Jesús Manzanares, presidente del Congreso Internacional de las Familias -que en estos días se lleva a cabo en Guadalajara- la familia es más que un espacio o un círculo de convivencia. “La familia -dice- es un hábitat natural para el ser humano, pues es en la familia donde se puede encontrar un apoyo incondicional, donde se puede tener seguridad, donde se encuentra sentido de identidad y pertenencia, donde se gestan los buenos proyecto y propósitos. Una familia unida es el más valioso tesoro”.

De manera que como hay familias más funcionales y menos funcionales, hay quienes se sienten más cobijados y quienes se sienten menos cobijados, ya que la familia, aunque tenga algunos huecos, es un lugar cálido: un lugar de amor, un lugar de comprensión, un lugar de perdón, un lugar de apoyo, donde hay gente dispuesta la escucha, el consejo, el apoyo y el respaldo.

Señala que la familia, en su calidad de hábitat, cuenta con todo un ecosistema, que en este caso son los lugares donde se mueve: familia y religión, familia y trabajo, familia y deportes, familia y círculos de entretenimiento. Y es la familia -agrega- la que establece relaciones con esos grupos, formando una serie de cruces entre comunidades con las que se conforma una sociedad, con sus códigos propios, sus hábitos, sus costumbres.

Por esta razón, señala, desde la familia se definen mucho lo que ocurre en la sociedad, motivo por el que se considera esta institución como la célula base del entarimado social. “De manera que si queremos menos violencia, si deseamos tener un entorno más honesto, si buscamos un es espacio más seguro, es necesario propiciarlo desde casa, trabajar en la enseñanza de valores solidarios y las tradiciones”.

La familia en México todavía es una institución fuerte. Foto: IA.

Incluso -comenta Jesús Manzanares-, la mayoría de los mexicanos ponemos a la familia por encima incluso del trabajo, de los amigos y de los círculos sociales que integramos. “Especialmente para nosotros, la familia está primero que otras cosas, por eso es necesario celebrar esta institución, esta sinfonía de valores solidarios que el tejido social necesita para desarrollarse sanamente.

Para el presidente del Congreso Internacional de las Familias 2024, en la familia mexicana aún existe unión. “Las estadísticas ahí están, a diferencia de otros países donde sobre todo la juventud se ha empezado a dispersar, donde se ha empezado a perder en aficiones, vicios y distracciones, y donde ya no quieren tener hijos, razón por la cual se ha empezado a voltear la pirámide poblacional”.

En México seguimos teniendo hijos -asegura Jesús Manzanares-, seguimos teniendo un país de mucha fuerza gracias a que hay jóvenes, y seguimos teniendo un país de valores y tradiciones y tradiciones gracias a que hay gente mayor.

“Pero si la pregunta es: ¿cuál es el fin principal de mantener a la familia unida?, la respuesta es Dios. Porque si hay algo que te puede ayudar a librar cualquier obstáculo, es la fe, y si hay una roca a la cual puede uno sujetarse es Dios, quien nos creó no sólo porque sí, sino para una misión qué cumplir, una tare que tenemos que hacer bien, para que al final de tus días en la tierra te puedas partir en paz”.

Familias de antes vs. familias de hoy

Anteriormente -opina Jesús Manzanares- se tenían una especie de familias extendidas, además de la familia que constituía el hogar: en la colonia podías encontrar a primos, tíos, sobrinos, etcétera; “todo mundo buscaba un lugar para vivir cerca de la familia de origen, de manera que las personas, andando por su colonia, tenían mucha gente con quien convivir, jugar, pasar el tiempo.

La convivencia familiar se ha ido desvaneciendo frente a la tecnología. Foto: IA.

Refiere que en cambio hoy la gente se va a vivir fuera, lejos de la familia, y tiene otro tipo de distracciones; es decir, que se cambió el balón por la consola de videojuegos, y las ventanas por las pantallas.

“Antes, en la colonia podíamos salir a patear un balón toda la tarde, y muchas tardes, y ahí se reunían el vecino, el primo, los amigos. Otros primos que vivían un poco más lejos se venían a pasar el fin de semana a casa, teníamos entonces una gran oportunidad de convivir. ¡Ahora sí que éramos ricos y no nos dábamos cuenta! Esa gran oportunidad de estar juntos nos hacía sentir esa cohesión familiar”.

El sólo juego de las canicas -señala-, eran momentos de encuentro: nos tocaba tirar, le tocaba tirar al otro, perdíamos o ganábamos, pero algo que siempre hacíamos en esos momentos era platicar.

“Jugábamos fútbol en alguna liga del barrio, llegábamos mugrosos, platicábamos del último gol, nos bañábamos y salíamos a seguir platicando de los pormenores del partido. La plática era un elemento indispensable”.

Hoy, en cambio -señala-, la gente se distrae mucho en las exigencias mismas de la vida, lo que no significa que sea malo ocuparse de las obligaciones, pero el poco tiempo que tiene uno libre además se malgasta: “tenemos a la familia en casa y a nuestro alrededor, sin embargo optamos por atender a nuestra ‘familia Facebook’; es decir, “a familiares o amigos que viven lejos de nosotros, en lugar de estar ocupados en nuestra propia familia”.

Finalmente, el especialista señala que hoy estamos muy comunicados por medio de la tecnología, “pero en esa misma medida estamos más solos: atendemos a mucha gente a la vez a través de nuestros teléfonos móviles, pero en casa ya no tenemos el ‘uno a uno’, nos sentimos tristes, y entonces empezamos a caer en temas de depresión, ansiedad; en sensación de abandono e incomprensión.

¿Qué consecuencias trae la desintegración familiar?

El Papa Francisco ha señalado que Dios, en su amor infinito y misericordioso, quiso que la familia fuera una comunidad de vida, con una consistencia autónoma propia, una comunidad de personas que se amen, que se abran al diálogo, que se sacrifiquen unos por los otros; una comunidad en la que se defienda especialmente la vida de los más frágiles, de los más débiles.

La desintegración familiar puede traer consecuencias profundas en los jóvenes. Foto: IA.

Sobre esta comunidad de vida, que es la familia, Jesús Manzanares señala que lo primero que hay que entender es que todas las familias pueden llegar a ser mejores, “la tuya, la mía y la de todos los que conformamos este mundo.



“Lo deseable, obviamente, sería tener familias fuertes -refiere-, pero sobre todo más familias fuertes y dispuestas a seguir creciendo y fortaleciéndose, porque en definitiva no hay familias acabadas”.
Para el presidente del Congreso Internacional de las Familias 2024, todas las familias son perfectibles.

“No hay familias perfectas, porque el simple hecho de que no hay seres humanos perfectos. Así que de lo que se puede hablar es de familias funcionales y familias menos funcionales; unas que requieren menos atención y otras que la necesitan en mayor grado. Pero estas últimas no son sólo familias disfuncionales, puesto que no viven aisladas, sino que son parte del componente social, son parte de una comunidad de personas que se hallará más desarticulada en la medida en que haya más familias desintegradas, y más cohesionada en la medida en que las familias se fortalezcan.

Y es que la desintegración familiar -ya se por ruptura de la relación matrimonial, por fricciones insuperables o por cualquier otro motivo-, es un fenómeno que puede tener consecuencias profundas en la vida de las personas involucradas, especialmente en los niños, en los adolescentes y en los jóvenes, que son quienes siempre terminan viéndose más afectados.

La familia, ¿institución pasada de moda?

Sobre si la familia ha comenzado a pasar a un segundo plano en el interés de la sociedad, Jesús Manzanares señala que no podemos pasar de largo que las dinámicas han cambiado y que no podemos regresar el mundo a las condiciones de antes. “De manera que hay que comprender el hoy e intervenir en las realidades actuales, buscar la manera de convivir, de integrarnos, de utilizar el contexto actual para crear buenos seres humanos, a fin de formar un entorno más habitable”.

Las mismas reglas del juego han ido cambiando -detalla-, las dinámicas del mundo actual no nos permiten soportar una condición familiar como la entendíamos antes.

“Hace tiempo comenzaron a aparecer nuevas variantes: el avance de la tecnología que, por ejemplo, roba más nuestra atención; los países empezaron a entrar en procesos de globalización, e incluso de ideologización, que encuentran canales perfectos de difusión en las redes sociales. De pronto, todo mundo tuvo la sensación de que en esos espacios virtuales se hallaba la libertad, de que en el plano digital uno se podía expresar, y las redes se fueron llenando de las opiniones de todos”.

Sin embargo -comenta Jesús Manzanares-, la verdadera libertad no está en ese tipo de comunicación, sino en una comunicación donde haya escucha, la cual sucede de manera natural en la familia más que en cualquier otro espacio. “Por lo tanto, es en la familia donde se puede vivir de un modo más libre por lo tanto, así que tenemos la tarea de estar revisando constantemente nuestro entorno familiar para que, efectivamente, cumpla su función de hábitat.

Para el presidente del Congreso Internacional de las Familias 2024 la familia ha sido blanco de diversos ataques que por momentos la hacen parecer una institución antigua, por lo que el trabajo de todos es volver a ponerla de moda.

“La forma de poner de moda a la familia es trabajar todos los días en la cotidianidad familiar del hogar, donde los pequeños actos son en realidad actos heroicos. Las cosas que pasan todos los días son importantes, las cosas que se dicen, las cosas que se preguntan: ¿cómo te fue hoy?, ¿cómo te puedo apoyar?, ¿te has sentido bien? Lo que se dice cada día es el agua con la que se va regando esa plantita que poco a poco se va haciendo grande y frondosa, esa familia de la cual cada miembro se tiene que sentir orgulloso, deseoso de mostrarla a los demás. Y es así como la familia puede volver a ponerse de moda”.

Refiere que un día llega el momento en que a los hijos les toca volar, pero estos tienen ya las herramientas para hacer su propia familia. “El hijo incluso puede irse a otro país -que es otra de las cosas que hoy el mundo facilita-, pero si creció en una familia unida, es decir, en un hábitat adecuado, estará lejos pero no solo, porque el calor de la familia de origen acompaña. Y si creció en una familia rica en tradiciones, adonde vaya llevará la identidad de su país, extrañará los rasgos de su cultura y jamás perderá ese sentido de pertenencia.

“Añorará su país, su comida, su gente. En nuestro caso particular, como mexicanos tenemos una gran riqueza, y cuando volvemos a nuestro terruño, lo hacemos con mucho gusto de encontrarnos con nuestra gente, y en particular con nuestra familia”.

Fe y familia

Las familias católicas debemos ser verdaderas iglesias: en ellas debe forjarse una convivencia basada en los valores del Evangelio, con el fin de protegernos, apoyarnos en las dificultades cotidianas y, sobre todo, ayudarnos a crecer en la fe y encaminarnos mutuamente hacia Dios.

Para lograrlo, podemos pedirle ayuda a Jesús, visitarlo en el Sagrario -donde Él está realmente presente en Cuerpo y Sangre en las especies del Pan y el Vino-, y platicarle los problemas familiares que nos vayan surgiendo y que no vemos por dónde puedan encontrar salida.

La fe es importante para mantener a la familia unida. Foto: IA.

Los católicos además acostumbramos pedirle a María en oración, especialmente en nuestros momentos de dificultad o desconsuelo. Jesús se procuró la mejor Mamá del mundo, no para presumírnosla, sino para ¡compartírnosla!, y nos la dio, y Ella nos aceptó, cuando estaba al pie de la cruz, para que nos conste que nos ama aunque somos pecadores.

Por otra parte, podemos encontrar en san José una fuente de inspiración, ya que él reunió grandes virtudes en torno a la familia: cuidó a María, se dedicó con empeño a la educación de Jesús, y él mismo fue un ejemplo de tesón y compromiso. Así que, como patrono de las familias, también podemos recurrir a él cuando haya una situación complicada en el hogar.

Construir una convivencia familiar sana no sucede por arte de magia, ni en poco tiempo, ni con una plática. Es un trabajo constante, que requiere paciencia, de constancia y perseverancia, pero sobre todo de fe.

Cabe señalar que Dios no creó la familia para que sus miembros se conformen con ser felices en este mundo, sino para que se esfuercen por alcanzar la felicidad eterna, y se ayuden mutuamente a lograrlo, un objetivo que pueden alcanzar, a pesar de que entre ellos haya diferencias y distancias, si se mantienen unidos en el amor de Dios y aprovechan la gracia que Él les da para comprenderse, perdonarse y sobre todo amarse.





Autor

La redacción de Desde la fe está compuesta por sacerdotes y periodistas laicos especializados en diferentes materias como Filosofía, Teología, Espiritualidad, Derecho Canónico, Sagradas Escrituras, Historia de la Iglesia, Religiosidad Popular, Eclesiología, Humanidades, Pastoral y muchas otras. Desde hace 25 años, sacerdotes y laicos han trabajado de la mano en esta redacción para ofrecer los mejores contenidos a sus lectores. 

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