Qué significa discernir según la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV
La nueva encíclica del Papa León XIV explica cómo el discernimiento permite evaluar los cambios culturales, científicos y tecnológicos desde la dignidad humana.
Jovani Fernández es doctor en Filosofía, profesor de tiempo completo en la Universidad Anáhuac México. Sus líneas de investigación son la Antropología filosófica, el Diálogo interreligioso y la Filosofía de la religión.
San Juan XXIII afirmó convencido durante la inauguración del Concilio Vaticano II que la Providencia reparte sus dones a la Iglesia para afrontar los desafíos de cada época incluso, “aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia”.
En este sentido, puede asegurarse que la propuesta ética de la encíclica Magnifica Humanitas (2026) responde convenientemente a uno los desafíos más importantes de nuestra época; aprender a discernir el bien de la persona humana. Puede decirse que la encíclica sigue un modelo ético de discernimiento comunitario orientado al bien común y fundamentado en la dignidad de todo ser humano. Aqui, resulta importante detenerse brevemente en la noción de “discernimiento”, ya que constituye una de las claves para comprender la ética cristiana más allá de la promulgación de códigos, obediencia a normas o de una evaluación basada únicamente en las consecuencias de las acciones.
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El discernimiento remite, sobre todo, a una capacidad profundamente humana, la de interpretar la realidad, reconocer lo que favorece la vida y la dignidad de las personas, y orientar las decisiones hacia aquello que contribuye al bien común. Más que ofrecer respuestas automáticas, esta perspectiva ética invita a desarrollar una mirada crítica y responsable sobre los desafíos del mundo actual, especialmente en un tiempo marcado por profundas transformaciones culturales y tecnológicas.
Una de las imágenes más influyentes de la encíclica es la contraposición entre construir la Torre de Babel o reconstruir Jerusalén, aquí los verbos construir y reconstruir son fundamentales, puesto que para León “Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo” (1). A través de la posibilidad de construir la torre de Babel o reconstruir Jerusalén se juega la posibilidad de hacer madurar la historia como un lugar apto para el ser humano o no.
La responsabilidad de la persona frente a su propio tiempo encarna una de las mayores tareas de nuestro tiempo, a saber, buscar comunitariamente la verdad, dejarse guiar por el Espíritu Santo e interpretar los signos de los tiempos a la luz del evangelio, y a esto lo ha denominado la tradición religiosa, incluso mística, con la expresión “discernimiento”. Hasta aquí puede rastrearse tres fuentes del pensamiento de León XIV: la imagen de Babel y Jerusalén hacen referencia a las dos ciudades de la gran obra agustiniana la Ciudad de Dios, la expresión “interpretar los signos de los tiempos” hace referencia a uno de las pasajes más importantes del Concilio Vaticano II en Gaudium et Spes y el concepto de discernimiento hace referencia directa a las catequesis del papa Francisco durante el año 2022 quien buscó rescatar esta capacidad humana para evaluar y decidir con claridad y sentido crítico a la luz del Evangelio.
Ahora bien, discernir es leer la historia a la luz de la fe evitando cualquier reduccionismo ético en códigos de prohibiciones o imperativos. León XIV propone ir más allá, ya que discernimiento es decidir si nuestras acciones construyen Babel o reconstruyen Jerusalén. Porque construir la torre de Babel representa la autosuficiencia, la uniformidad, el dominio y, por tanto, la deshumanización (Gn 11,1-9). Mientras que reconstruir Jerusalén es colaboración, escucha atenta de la realidad y responsabilidad compartida de la historia (Ne 1-2). León XIV propone en la encíclica la posibilidad de retomar la Doctrina Social de la Iglesia que proporciona “principios para pensar, criterios para discernir y juzgar, y orientaciones concretas para actuar”. “Entendida así, la Doctrina social se convierte en una teología de la comunión en la historia” (27) que busca “reconstruir” desde principios y criterios del patrimonio teológico, filosófico y experiencial de la Iglesia.
Sin olvidar que discernir también es, a su vez, escuchar las distintas voces del tiempo bajo un triple movimiento; escuchar la realidad, interpretarla desde la Palabra de Dios, traducir esa comprensión en decisiones concretas. Se trata de un camino comunitario, de una tarea compartida que involucra a la Iglesia, las ciencias, las culturas y la experiencia humana en su concreta pluralidad. Porque, como dice el mismo Papa León la verdad del Evangelio “Es una verdad que no teme a la diversidad, sino que la acoge y la ordena” (25).
En este sentido es decisivo cómo León XIV reconoce en la historia el lugar donde el Evangelio interpela y acompaña la experiencia humana (2), puesto que el compromiso de la Iglesia es caminar con la humanidad en lo concreto del devenir del tiempo. En este sentido, la Iglesia tiene la tarea constante de reconocer que las realidades terrenas también poseen consistencia y orden propios. En consecuencia, la historia es un lugar donde la Iglesia se deja instruir por el Espíritu Santo y es en la historia donde aprende a adaptar su enseñanza al servicio de la dignidad humana de cada persona (22).
Es por esto por lo que León XIV llama a la Iglesia y a la humanidad a un discernimiento, es decir, a dejarse interpelar por los cambios culturales, los avances científicos, las nuevas tecnologías. Y descubrir dónde actúa el Espíritu, qué favorece la dignidad humana, qué conduce a la paz, quién se beneficia, quién queda excluido, qué consecuencias tendrá para la comunidad.
Hoy más que nunca el llamado es a redescubrir en la ética cristiana una forma de leer la realidad, juzgarla desde la fe y actuar responsablemente en la historia, más allá de las simplificaciones de la realidad y de la complejidad humana. El llamado del Papa consiste en redescubrir en la ética cristiana un modo de “auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la Palabra de Dios” (22).


