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¿Por qué la Sangre de Cristo es preciosa para los católicos? Este es su significado

La Preciosísima Sangre de Cristo es signo de amor, redención y vida nueva. Conoce por qué la Iglesia le dedica el mes de julio y qué enseña esta devoción.

5 julio, 2023
¿Por qué la Sangre de Cristo es preciosa para los católicos? Este es su significado
La devoción a la Preciosa Sangre de Cristo recuerda el sacrificio redentor de Jesús y el valor de su sangre derramada para la salvación de la humanidad. Foto: Desde la fe IA
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Es escritora católica y creadora del sitio web Ediciones 72, colaboradora de Desde La Fe por más de 25 años. 

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** Esta nota se actualizó el 29 de junio de 2026**

Si la sangre suele producir rechazo, ¿por qué la Iglesia dedica todo el mes de julio a venerar la Preciosísima Sangre de Cristo? A primera vista parece una contradicción. Estamos acostumbrados a apartar la mirada de las escenas sangrientas e incluso los medios de comunicación advierten cuando una imagen puede herir la sensibilidad del público. Sin embargo, para los cristianos, la sangre derramada por Jesús no es un símbolo de violencia, sino el signo supremo de su amor y de la redención.

Quizá por eso sorprendió a muchos la crudeza con la que Mel Gibson retrató la pasión de Jesús en La Pasión de Cristo. La película fue criticada por mostrar un exceso de sangre, cuando la mayoría estamos habituados a contemplar a Cristo en los crucifijos con heridas discretas: una llaga en el costado, pequeñas marcas en manos y pies, algunas raspaduras en las rodillas. Pero ¿es esa imagen suficiente para comprender el significado de la devoción a la Preciosísima Sangre?

@desdelafe ¿Por qué la Iglesia dedica el mes de julio a la Preciosíma Sangre de Cristo? La Preciosa Sangre de Cristo representa el sacrificio y el amor infinito de Jesús al derramar su sangre por nosotros en la cruz. Durante este mes recordamos y honramos el sacrificio de Jesús y su victoria sobre el pecado y la muerte. #sabiasque #julio #cristo #jesus ♬ sonido original – Desde la Fe

La intención de Mel Gibson fue mostrar con mayor realismo el sufrimiento físico de Jesús. Para ello tomó como una de sus principales referencias la Sábana Santa, el lienzo que, según la tradición, envolvió el cuerpo de Cristo en el sepulcro y en el que se aprecian numerosas huellas de la Pasión: heridas compatibles con la flagelación, lesiones en la cabeza por la corona de espinas, una profunda llaga en el hombro y múltiples golpes en el rostro, las manos y las rodillas.

La crudeza de esas imágenes puede resultar impactante. Sin embargo, ayudan a comprender el alcance del sacrificio de Cristo. Jesús derramó su sangre por la salvación de la humanidad, soportando la flagelación, la coronación de espinas, el camino al Calvario y, finalmente, la crucifixión. Esa sangre que hoy la Iglesia venera durante el mes de julio no es un símbolo de violencia, sino del amor llevado hasta el extremo.

Siglos antes, el profeta Isaías había descrito a Jesús como Siervo Doliente del cual se aparta la mirada, y anunció que muchos se horrorizarían al verlo (ver Is 52, 14;53,3). Entonces, ¿por qué la Iglesia nos invita este mes a contemplar la Sangre de Cristo? Para comprenderlo, cabe recordar 3 significados que se daba a la sangre en el Antiguo Testamento, porque son aplicables a la de Jesús.

1- La sangre era considerada sede de la vida. ¡Cuánto más lo es la Sangre de Cristo, el Viviente por excelencia, el Autor de la existencia, Aquel que derrotó la muerte con Su Resurrección! Por eso afirmó: “quien bebe Mi Sangre tiene vida eterna” (Jn 6, 54). A Adán y Eva les advirtió Dios que si comían el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, morirían. Lo comieron, no murieron. ¿Era sólo una amenaza vacía? No. Sí murieron, pero no perdieron su vida física, sino espiritual, se vieron privados de la vida sobrenatural, la vida de la gracia. Es ésta la vida que Jesús nos restituye cuando bebemos Su Sangre.

2- En la noche en que el pueblo judío salió de Egipto, donde era esclavo, la sangre de un cordero, untada en el dintel de las puertas, salvó de morir a quienes vivían en las casas marcadas, y pudieron huir hacia la libertad (ver Ex 12,13). La Sangre de Cristo, el Cordero inmolado, no sólo nos salva de la muerte, pues aunque muramos, resucitaremos, sino que ya en este mundo, nos libera de la esclavitud del pecado, para gozar de la libertad de ser hijos de Dios.

3- Desde el inicio de la historia de la salvación Dios estableció alianzas (con Adán y Eva, Noé y su familia, Abraham y su tribu, Moisés y Su pueblo), y para pactarlas se solía sacrificar un animal y rociar con la sangre el altar y a la gente. Pero como una y otra vez, los hombres fueron infieles a la alianza con Dios, Él prometió enviar al que establecería una alianza que fuera para siempre, y envió a Jesús. Cuando en la Última Cena Él tomó en Sus manos una copa de vino y lo transformó en Su Sangre, dijo que ésa era la Sangre de la alianza, nueva y eterna, que sería derramada por muchos, para el perdón de los pecados.

A lo largo de todos los siglos han corrido ríos de tinta acerca de la Sangre de Cristo. Los santos la han llamado Sangre vivificadora, salvadora, fuente de redención, torrente infinito de perdón, manantial de vida eterna, mar de inagotable misericordia, bebida de salvación. No alcanza este espacio para describirla. No alcanza este mes para contemplarla. No alcanza esta vida para adorarla y agradecerla.

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Es escritora católica y creadora del sitio web Ediciones 72, colaboradora de Desde La Fe por más de 25 años.