Arquidiócesis

Conociendo al Arzobispo de México: Caminar en el Espíritu

Marilú Esponda Sada

(Fragmento de la entrevista al Card. Carlos Aguiar contenida en el libro Una Iglesia para soñar)

Marilú Esponda: ¿La lectura de la Biblia ha afianzado su relación con Dios?

Card. Aguiar: Sí. Cuando estudié en Roma con el Padre Luis Alonso Shöecker, nos hizo ver la espléndida riqueza de los Salmos. Por ejemplo, sobre el 23, acerca del Buen Pastor, nos explicó: “El que cuida, el que protege, da vida al llevarnos a las verdes praderas, al lugar donde hay alimento; después hay que atravesar cañadas oscuras, pero no hay que temer, porque algún signo de su presencia nos va conduciendo; como corona, se culmina habitando en la casa del Señor, y como banquete después del largo camino de batallas, viene la razón de ese caminar: sentarte con quien te ama”. La riqueza de la Biblia en sus distintas fases es impresionante.

Cuando hice mi tesina de licenciatura, tomé un texto que me llama mucho la atención: la Profecía de Jeremías y Ezequiel acerca de la Nueva Alianza, donde Jeremías dice que el Señor escribirá en nuestros corazones para que ya no tengamos que aprender.

Este texto afianzó mucho en mi fe, es la experiencia de la relación con Dios a través de la oración, de escucha de la Palabra, de la relación con la vida diaria; te da la capacidad para ver que el Señor va escribiendo dentro de ti, y entonces la letra –donde están escritos los mandamientos y las normas–, ya no es tan necesaria, pasa a un segundo plano.

Yo siempre lo he dicho: necesitamos los preceptos, los mandamientos y las normas como una muleta para aprender a caminar, pero cuando ya se camina en el Espíritu, quedan superados, ya no son indispensables, sabe uno que va por el camino que Dios quiere.

El texto de Ezequiel señala: “Yo te cambiaré ese corazón de piedra por un corazón de carne”; y el capítulo siguiente dice: “Los huesos secos recuperarán su carne y tendrán de nuevo vida”, esto es lo que experimenta el ser humano cuando se acerca a Dios. Los textos del Antiguo Testamento han sido muy significativos para mí; y desde luego los de Nuevo Testamento, de cabo a rabo.