San Apolinar: ¿quién es este santo al que celebramos cada 20 de julio?
La vida de san Apolinar está llena de interrogantes, nos remite a los primeros años del cristianismo, su fiesta litúrgica es el 20 de julio.
** Esta nota fue actualizada el 14 de julio de 2026**
La historia de san Apolinar de Rávena está llena de interrogantes, pues los documentos sobre su vida son escasos. Sin embargo, la tradición cristiana lo sitúa entre los primeros discípulos de los apóstoles y sostiene que fue designado por san Pedro como el primer obispo de Rávena, en el norte de Italia.
Su misión consistió en anunciar el Evangelio en una ciudad estratégica del Imperio Romano, donde enfrentó persecuciones por predicar la fe cristiana. Aunque algunos detalles de su biografía no pueden comprobarse históricamente, su culto es uno de los más antiguos de la Iglesia y su ejemplo continúa inspirando a los fieles.
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¿Cómo murió San Apolinar?
La tradición narra que San Apolinar sufrió varias persecuciones a causa de su predicación. Fue arrestado, golpeado y expulsado de la ciudad en diversas ocasiones, pero nunca abandonó su misión evangelizadora.
Finalmente, murió alrededor del año 79 d.C., como consecuencia de las heridas sufridas durante una de esas persecuciones, por lo que la Iglesia lo venera como mártir.
Su muerte ocurrió pocos años después de la destrucción de Jerusalén por las tropas romanas comandadas por Tito, quien más tarde se convertiría en emperador.
Debido a que san Pedro fue martirizado alrededor del año 67, la cercanía entre ambas fechas hace pensar que San Apolinar pudo haber convivido con algunos de los apóstoles o con cristianos que fueron testigos directos de los primeros años de la Iglesia.
La Basílica de San Apolinar, una joya del cristianismo
La tumba del santo pronto se convirtió en un lugar de oración para los primeros cristianos. En el año 534 comenzó la construcción de una basílica dedicada a su memoria en el sitio donde fue sepultado, cerca del antiguo puerto de Rávena. Décadas más tarde, en el año 560, fue consagrada otra iglesia en su honor dentro de la ciudad.
Con el paso de los siglos, la devoción a San Apolinar se extendió por Europa y en el siglo XII se edificó otra basílica dedicada a él en el norte de Alemania, que se convirtió en un importante lugar de peregrinación.
Hoy, la Basílica de San Apolinar in Classe, ubicada a las afueras de Rávena, es considerada una de las obras maestras del arte paleocristiano y bizantino. Sus impresionantes mosaicos del siglo VI le valieron ser declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.
La ciudad de Rávena, situada al noreste de Italia, fue uno de los principales puertos del Imperio Romano sobre el mar Adriático. Siglos después se convirtió en capital del Imperio Romano de Occidente, cuando el emperador Honorio trasladó allí su corte imperial.
Su importancia política y religiosa perduró durante la Edad Media. Incluso el célebre poeta Dante Alighieri, autor de La Divina Comedia, fue sepultado en esta ciudad.
¿Por qué fue importante Rávena?
San Pedro fue crucificado en el año 67 y san Apolinar en el 79, por la cercanía de las fechas es posible que este santo haya conocido a varios apóstoles y Padres de la Iglesia.
En el año 534 se inició la construcción de una basílica dedicada a su memoria en el lugar de su sepultura cerca del puerto de Ravena, y también se consagró otro templo en el año 560 de la corte de Teodorico, y aun en el siglo XII se edificó otra al norte de Alemania, y se convirtió en lugar de peregrinación.
Ravena, al nororiente de Italia, tuvo importancia durante el gobierno de Trajano como puerto amurallado frente al mar Adriático, y en el siglo II fue capital del Imperio Romano de Occidente pues el emperador Honorio trasladó allí su corte imperial, y el prestigio de la ciudad duró hasta la Edad Media, aunque el propio Dante Alighieri está sepultado ahí.
La fiesta litúrgica de San Apolinar de Ravena es el 20 de julio y es representado con areola y ornamenta sacerdotal.
¿Por qué se celebra a San Apolinar el 20 de julio?
La Iglesia celebra la memoria litúrgica de San Apolinar de Rávena cada 20 de julio, recordándolo como uno de los primeros obispos y mártires del cristianismo.
En el arte cristiano suele representarse con ornamentos episcopales, portando un báculo y, en ocasiones, la palma del martirio, símbolo de quienes entregaron su vida por Cristo.
Su testimonio recuerda que la fidelidad al Evangelio puede exigir grandes sacrificios y que la esperanza cristiana permanece firme incluso en medio de la persecución.
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