San Emigdio en el centro sísmico
Ninguna ciudad está exenta del movimiento telúrico, mientras los simulacros son un ejercicio de prevención para salvar vidas.
Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX).
Cada metrópoli desarrolla sus propios rituales frente a la incertidumbre. En la Ciudad de México, la alerta sísmica está tan arraigada en la memoria colectiva como las crónicas familiares de supervivencia.
En ese cruce donde convergen la tradición y la prevención, emerge la figura de San Emigdio, el patrono contra los terremotos, cuya devoción ha encontrado eco profundo en territorios donde la tierra se sacude con una frecuencia casi rítmica.
La historia de San Emigdio como guardián ante el temblor se remonta al siglo XVIII en Ascoli Piceno, Italia. Tras el devastador sismo de 1703, la ciudad atribuyó su integridad a la intercesión del Obispo mártir, consolidando una iconografía donde el santo sostiene una maqueta urbana: un gesto de custodia absoluta ante el caos.
Esta tradición cruzó el Atlántico con misioneros y migrantes, ofreciendo en América Latina un lenguaje compartido para nombrar la fragilidad humana y la esperanza.
Ahora, ese lenguaje místico coexiste con la ingeniería de vanguardia y los sistemas de monitoreo. La fe popular y la cultura de la prevención ya no son excluyentes; dialogan en el espacio público a través de los simulacros, que funcionan como la expresión laica de esta conciencia colectiva.
Estos ejercicios no son solo ensayos logísticos, sino herramientas críticas para medir el tiempo de reacción de una población que ha aprendido a vivir con el pulso de la tierra.
Bajo esta lógica de corresponsabilidad, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, ha convocado al Primer Simulacro Metropolitano este 28 de febrero a las 11:00 horas. El objetivo es poner a prueba el Plan de Emergencia Sísmica, evaluar la operatividad de los comités y aceitar la coordinación interinstitucional.
Cuando los más de 28 mil altavoces del C5 suenen en la capital, la ciudadanía tendrá la oportunidad de validar sus rutas de evacuación y protocolos de seguridad.
Entender el papel de San Emigdio y, simultáneamente, participar en los ejercicios preventivos, implica reconocer que las comunidades buscan sentido ante lo imprevisible.
La protección real nace de una síntesis perfecta: la serenidad del vecino que conoce su protocolo, la certeza de autoridades que informan con precisión y la solidez de edificios construidos bajo normas estrictas.
Colocar a San Emigdio en el centro de los temblores es reconocer que las comunidades buscan sentido frente a lo imprevisible, admitir que la protección no sólo depende de la fe, sino también de edificios con normas claras en caso de riesgos, de autoridades que informan con certeza, vecinos que conocen el protocolo y actúan con serenidad.
La tradición de San Emigdio recuerda que ninguna ciudad está exenta del movimiento telúrico, mientras los simulacros son un ejercicio de prevención para salvar vidas.

