Cultura Bíblica

El que regresó, se postró a los pies de Jesús y le dio gracias

En el pasaje que leímos Jesús parece darle importancia a los sacerdotes, sin embargo al final cuando solamente uno de los leprosos curados regresa ya no menciona nada a proposito de ellos. ¿Qué tanto valoraba el Señor a los sacerdotes y los ritos de la Antigua Alianza?

En los últimos años del siglo veinte, algunos interpretes del Antiguo Testamento llegaron a considerar que más que ritos esotéricos o mágicos, muchas prescripciones sobre el tratamiento de los enfermos así como de los alimentos en el pueblo judío eran más bien una forma de ejercicio de la sanidad pública, la higiene personal y la sana alimentación. El caso del tratamiento de los leprosos, es muy característico a este respecto, ya que se describen los síntomas: “cuando una persona tenga en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca…” (Lv 13,1).

Esto podía ser observado por cualquiera, pero quien debía determinar si se trataba de lepra era el sacerdote, quien debía declarar a aquella persona impura (Lv 13,3-4). La persona confirmada como leprosa debía abandonar la población y no permitir que se le acercaran los demás, por supuesto todo aquel que tocara a un leproso también quedaba impuro. Todas estas normas no parecen muy religiosas sino más bién prescripciones higiénicas para evitar la propagación de la enfermedad, que en aquella época era incurable y fuente de terribles sufrimientos.

La tarea de declarar que alguien estaba curado, por supuesto milagrosamente, de la lepra también correspondía al sacerdote (Lv 14,1-9). Como el mismo Jesús lo declaró: “no he venido a derograr la Ley y los profetas, sino a darles cumplimiento” (Mt 5,17), entonces la primera órden a los leprosos es que se presentaran ante los sacerdotes para que éstos certificaran su curación y pudieran reintegrarse a la comunidad.

Este comando, de ninguna manera se contrapone con el regreso del samaritano agradecido, porque ninguna persona que hubiera sido declarada públicamente como leproso podría reintegrarse a su familia o a su pueblo sin la mediación del sacerdote levítico.

El Señor Jesús ya no se detiene a considerar si este hombre deberá presentarse o no, seguramente debería hacerlo. Más bien el Señor se desvía a la consideración de la gratitud, volver con él para dar gloria a Dios.

Mons. Salvador Martínez es rector de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe.

Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

 

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