Opinión

Sin freno, la violencia contra la Iglesia y sus ministros

La tarde del lunes 6 de enero fue localizado en el municipio de Santa Rita Tlahuapan, Puebla, el sacerdote y religioso escolapio Roly Candelario Piña Camacho, de 40 años de edad, quien fue privado de su libertad en el estado vecino de Tlaxcala.

Tras la exigencia económica de sus captores, su familia realizó el pago correspondiente; sin embargo, al ser “liberado”, los plagiarios le dispararon en diversas ocasiones dejando al sacerdote herido de gravedad. De acuerdo a información de organismos de seguridad de Puebla, el clérigo fue encontrado por algunas personas en la zona conocida como “El Pipirín”.

El ataque al padre Roly, quien recibió cuatro cesteros disparos, nos deja ver, que las intenciones de quienes dispararon eran privarlo de la vida. El padre sobrevivió esta vez, su condición es muy delicada. Este ataque, como muchos más que se han perpetrado en contra de ministros de la iglesia, llevan sin duda alguna, una carga muy fuerte de odio en contra de la figura sacerdotal en nuestro país.

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Después de varios años de análisis, nuestra unidad de investigación en el Centro Católico Multimedial, ha detectado que quienes atentan contra sacerdotes y religiosos, así como lugares de culto, buscan limitar las actividades del trabajo pastoral de la Iglesia en México que tiene su acción en campos donde difícilmente llegan otras entidades civiles, políticas o gubernamentales. El apostolado de dar refugio y consuelo, de trabajar por los derechos humanos y la de ser portadores de la Verdad a favor de valores universales parece que ha incomodado a más de uno.

Los crímenes contra sacerdotes y lugares de culto en nuestro país en los últimos años, no son propiamente una persecución religiosa por odio a la fe como en los tiempos de la guerra cristera; hoy en día, este fenómeno acusa que en la mayor parte de estos casos hay rasgos concretos de una nueva forma de hostigar violentamente la acción pastoral de sus agentes evangelizadores, así que cuando se agrede, desaparece o ejecuta a un sacerdote, se introduce “un elemento de desestabilización social”, dando origen al crecimiento del temor, de la impunidad, de la cultura de la muerte y de la violencia en diversas entidades del país.

Derivado del análisis de los casos y del seguimiento de las agresiones, extorsiones y asesinatos cometidos contra clérigos y agentes de evangelización, así como al ataque y profanación de lugares de culto, es necesaria la inmediata atención de los organismos de seguridad de las diversas entidades de gobierno para ejercer la realización de la justicia y el acompañamiento eficaz a las víctimas del delito. De seguir ignorando este lamentable fenómeno, la cifras, ya de por sí alarmantes, seguirán en ascenso.

*El autor es Director del Centro Católico Multimedial.

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