Santa Mentoría

No abandonemos al niño

“Que el Niño Dios nazca en tu corazón”, éste fue uno de los buenos deseos más comunes durante la celebración de la Navidad. Por fin llegó el día… el Niño Jesús nació tanto para quienes prepararon su llegada durante el adviento, como para aquellos que sintieron ese deseo fugaz minutos antes de las 12:00 am, durante la cena de Noche Buena, incluso, nació también para quienes han decidido reducir la Navidad a una fiesta más.

Lo verdaderamente importante es que llegó, pero… ¿y ahora qué hacemos con el Niño? ¿Lo guardamos pasando el Día de la Candelaria? ¿Lo reemplazamos por uno nuevo en el nacimiento del siguiente año?  El Niño Dios no es un adorno de temporada, sino que es la presencia viva que nos muestra el punto de partida de la historia de nuestra salvación.

3 preguntas que nos recuerdan la importancia de mantenernos cerca del Niño Dios:

1. ¿Para qué vino?

Por amor a nosotros y para devolvernos la esperanza a través del cumplimiento de la promesa que Dios le hizo al hombre sobre la llegada del Salvador, quién nos redimiría del pecado y quien nos enseñó a vivir en la única y verdadera paz: aquella que viene de Dios y de cumplir su voluntad.

2. ¿Cómo vino?

Siendo Él quien es, pudiendo llegar en una forma correspondiente a su infinita grandeza y majestuosidad, decidió hacerse pequeño, vulnerable y nacer en condiciones tan humildes para enseñarnos lo que verdaderamente da sentido a una vida: el amor que Dios nos tiene, el amor que nosotros le tenemos y el amor que compartimos con nuestro prójimo.

3. ¿Qué puedo ofrecerle yo?

¿Qué es lo que realmente quiere de mí? ¿Cómo puedo adorarlo con mis acciones, más allá de mis palabras? La vida de Jesús nos habla del amor, la confianza y la misericordia como algunos de los gestos que Él recibe con mucho agrado.

Su Pasión y su muerte nos demuestran un amor que no podremos jamás entender o igualar, pero que sí podemos corresponder centrando nuestra vida en Él y el cumplimiento de su voluntad. Sus acciones y milagros nos recuerdan que la confianza y la fe son la clave para para sanar cualquier mal que aqueje nuestra vida.

Por último, los actos de misericordia (corporales y espirituales) son el mapa que nos da, a través de su ejemplo, para guiarnos y trazar el camino hacia el reino de los cielos. Son la ofrenda verdadera que espera de nosotros, que seamos capaces de compartir con los demás todo lo que Él ya nos ha brindado.

Las respuestas a estas 3 preguntas significarán un reto diario y constante para mantenernos firmes ante el compromiso de estar cerca de Él y evitar abandonarlo en cuanto se terminen las celebraciones Navideñas. ¿Qué harás tu para mantener su presencia viva en tu corazón?

¿Quién es Marcela Hernández?

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México y está certificada como Coach Ontológico por parte del Tecnológico de Monterrey CEM. También tiene una especialidad en Logoterapia por parte del Instituto Mexicano de Tanatología. Instructor y facilitador en temas de desarrollo humano y empresarial, tales como: Sentido de Vida y Trabajo, Inteligencia emocional, Liderazgo, Coaching, Comunicación Asertiva, entre otros. Actualmente es Socia Fundadora de Sensum, empresa especializada en estrategias de sentido para empresas y personas.

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.