Opinión

Migrantes: compartir para crecer

Al compartir, uno se queda con más de lo que tenía, y eso es una maravilla. Es el milagro de los “5 panes y 2 peces”.

El compartir se vive a diario en las casas del migrante: se comparten el tiempo y el espacio; se comparten la comida y la convivencia; se comparten las angustias y las esperanzas; se comparten los sueños y los desafíos; se comparten la vida y la misión.

En estas primeras semanas de la existencia de la Casa del Migrante de la Iglesia Católica (CMIC), que se encuentra en la Arquidiócesis Primada de México, he compartido el espacio y el tiempo con las mujeres migrantes y con sus hijos.

A la hora de tomar los alimentos, me tomo el tiempo de acompañarlas y escuchar sus pláticas sobre sus países, sus costumbres, las comidas, consejos, etc… Sus mentes y corazones se transportan a sus lugares de origen y recuerdan con nostalgia los buenos momentos de sus vidas.

Sin embargo, por circunstancias trágicas, ahora se encuentran en México sin poder todavía integrase laboralmente.

Lamentablemente, estas mujeres sufrieron abusos y persecuciones, pero las veo con determinación de seguir buscando oportunidades mejores para sus hijos, de tener mejor educación y, por supuesto, seguridad para todos.

Entre ellas se comparten sus propias historias y, por ende, se le hace fácil la convivencia. Se conocieron al llegar en la CMIC, y la confianza entre ellas se desarrolló.

Con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2020, invitamos a los jóvenes y personas de buena voluntad de “compartir”, ya sea su tiempo o recursos económicos, a una casa del migrante en su diócesis.

*La hermana Arlina Barral es la responsable de la Pastoral de Migrantes de la Arquidiócesis de México.

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