Desde la familia

Marihuana para divertirse

Aunque algunos activistas y promotores de la legalización de la marihuana ven con mirada escéptica el fallo de la SCJN sobre la despenalización del uso lúdico de la marihuana, declarando su consumo como un “derecho al libre desarrollo de la personalidad”, lo cierto es que han dado un paso contundente para su legitimación y para cambiar la percepción de la sociedad sobre su uso, de manera que muchos ya no la ven como una amenaza, sino como un beneficio, un derecho y por supuesto, una diversión.

Ahora será posible que los consumidores tengan en casa las plantas de cannabis que requieran, y las restricciones señaladas de edad, cantidad, uso en lugares abiertos y sin la presencia de menores de edad, serán decisiones que quedarán dentro de las puertas cerradas de los hogares, en la intimidad de la familia y al criterio de quienes probablemente padecen ya una adicción, como sucede con el alcohol.

Aún sin legalizarla, el consumo de la marihuana se ha incrementado en un 33.3% y su combinación con el alcohol ha crecido en un 12.4% en los últimos diez años; es la droga de mayor consumo y la edad promedio de inicio es a los 13 años, según datos recientes publicados por los Centros de Integración Juvenil que durante años han dado la batalla contra las adicciones en México.


El Dr. Manuel Mondragón y Kalb durante el período en que dirigió la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic), realizó diversos estudios que con evidencia científica demuestran que “causa serios daños a la salud humana, pero también incide en el ámbito familiar, social educativo y productivo” afirmando que “el consumo lúdico y recreativo de la mariguana contraviene el enfoque de salud y bienestar, mismo que debe prevalecer en todo momento a fin de evitar que la población, especialmente niños, adolescentes y jóvenes inicien el consumo de la mariguana y con ello el riesgo de desarrollar un problema de dependencia hacia la sustancia” (noviembre, 2016).

Lo cierto es que hoy nuestros niños y jóvenes se encuentran más vulnerables en una sociedad herida por la cultura de la muerte, cuando las instituciones que debieran velar por la justicia y el bien común, avalan en aras de un supuesto “derecho” acciones que lesionan y amenazan la salud, la integridad de la persona e incluso justifican el asesinato del más débil como sucede con el aborto.

Ante este escenario, se requiere un mayor compromiso para que los verdaderos derechos fundamentales y la búsqueda del bien común estén por encima de lo que, aunque esté permitido no es la solución, no es ético, ni moral, ni justificado.

Los testimonios de hombres y mujeres que por simple curiosidad probaron un cigarrillo y con él iniciaron el tortuoso camino de las adicciones nos alertan sobre el riesgo que representa lo que se nos quiere presentar como una actividad divertida y recreativa y termina convirtiéndose en un infierno para sí mismo y para quienes le rodean.

El papel de la familia como educadora y formadora en la libertad, y de la sociedad civil organizada con acciones preventivas serán definitivas para amortiguar el daño que provocan estas absurdas decisiones.

Consuelo Mendoza García es ex presidenta de la Unión Nacional de Padres de Familia  y presidenta de Alianza Iberoamericana de la Familia.

*Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad de sus autores.

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