La pertinencia de las misiones extranjeras

Las misiones extranjeras tienen que ser acciones de intercambio, en beneficio del espíritu humano. Personalizar el evangelio lo hace posible. Nuestra vocación es una: “ser de Dios”.
Misiones en el extranjero
Foto: Especial

¿Quién no tiene la ilusión de comunicar algo que le es muy significativo e importante? Desde niños, buscamos compartir y hasta presumir lo que tenemos. Queremos que la gente, ante lo que experimentamos, se sienta bien como nosotros. Si me gusta la música de un determinado grupo de rock, un libro en particular o alguien a quien aprecio y admiro, entonces aprovecho toda ocasión para dar a conocer esos particulares valores propios. ¡Qué gusto sentimos al darnos cuenta que otros experimentan el propio agrado!

Eso sucede en las misiones cristianas locales o extranjeras: queremos compartir el mensaje de salvación de Dios, testimoniado por Jesucristo, Hijo de Dios, a través de su vida, muerte y resurrección.

Octubre es considerado el mes de las misiones. El tercer domingo se celebra en todo el mundo la Jornada Mundial de las Misiones y en este contexto cabe reflexionar por qué son pertinentes las misiones extranjeras.

Pertinencia es, según una definición que encuentro confiable, “la oportunidad, adecuación y conveniencia de una cosa”. Pero, más aún, “es algo que viene a propósito, que es relevante, apropiado o congruente con aquello que se espera”.

Al hablar del mensaje cristiano, la reflexión sobre la “pertinencia de las misiones extranjeras” se hace más interesante. Se trata, no de convencer a nadie de creer en las misiones cristianas, sino de justificar su existencia. Ahí es donde se fomenta la reflexión más sólida sobre este asunto.

Y el mensaje de salvación viene muy a propósito de las necesidades espirituales más profundas de todo ser humano. Sin este mensaje, no tendríamos acceso a la presencia liberadora de Dios. La pertinencia empieza por aquí, por darnos cuenta que tenemos una vocación a la vida de Dios, que empieza por aceptar a Jesucristo en nuestras vidas.

Una razón más, es la capacidad humana y moral de creer. Una misión cristiana ayuda a reconocer que somos capaces de dar inteligencia a nuestras creencias, de darles razón. No siempre la inteligencia humana podrá escrutar minuciosamente todas las verdades acerca de Dios y de su salvación ofrecida a los seres humanos. No siempre podrá entender, pero podrá educar la fe para anidarse integralmente en la propia vida.

Por otro lado, la misión extranjera asume que todo hombre es libre y que el mensaje de salvación reconoce en la libertad humana la posibilidad de que todos nos acerquemos voluntariamente a ella.

La solidaridad humana es también otra razón acerca de la “pertinencia de las misiones extranjeras”. Todo empieza por reconocer que Dios ha llegado de muchas maneras a todos. Algunos pueblos han recibido el mensaje de salvación de manera más directa, y han podido desarrollarlo en el contexto de organizaciones eclesiales. Otros han recibido el mensaje de salvación de Dios, en el contexto de modelos culturales propios. Algunos más, quizá en contextos de secularismo evidentes o, incluso, de ciertas formas de ateísmo, han recibido “presencias de salvación de Dios” en sus búsquedas de la verdad.

Las misiones extranjeras cristianas son pertinentes en la medida en que promueven el encuentro con la verdad de la salvación de Dios, en Jesucristo, en solidaridad humana. En el lenguaje de la misionología, “inter gentes” podría reflejar esa preocupación cristiana por aprender unos de otros, por recibir la gracia de la salvación por donde sople el Espíritu de Dios.

La “pertinencia de las misiones extranjeras” tiene que ver con reconocer el poder del testimonio humano de la Verdad. Podemos ir de un lado a otro personalizando el mensaje de salvación de Dios, y esto tiene ciertamente un enorme efecto. En el respeto de cada comunidad particular y de sus modelos culturales, puede irse construyendo, ladrillo a ladrillo, la comunidad humana.

La comunidad humana necesita de testimonios que le ayuden a entenderse y comprometerse más. No hay de otra, pues ahí estamos para ayudarnos unos a otros. Los problemas son comunes a todos; las soluciones, tratándose de seres humanos, tienen que ir vinculándose. Al final de todo, las misiones extranjeras tienen que ser acciones de intercambio, en beneficio del espíritu humano. Personalizar el evangelio lo hace posible. Nuestra vocación es una: “ser de Dios”.

 

Pro. Mtro. Javier Gonzalez Martínez, MG
Ex director del Instituto Intercontinental de Misionología de la Universidad
Intercontinental (UIC). Actualmente Misionero en Perú

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