Opinión

La fábula del rinoceronte

Cuando observo el avance de las ideologías que han logrado permear en nuestra sociedad, pretendiendo convencernos de aceptar como bueno y deseable lo que en realidad es un feroz ataque a los derechos fundamentales y un atentado a la libertad de la persona, me viene a la mente la “fábula del rinoceronte“, que es en realidad una metáfora en la que el autor Eugene Ionesco provoca la reflexión sobre la actitud y sumisión de los pueblos europeos ante el avance del totalitarismo fascista.

Se trata en resumen de lo que sucede en una pequeña ciudad francesa cuando aparece un rinoceronte al que no aceptan en su sociedad, pero las personas poco a poco se van transformando también en paquidermos y comienzan a aceptar el cambio como parte de una nueva normalidad, pues son ya mayoría.

Berenger, el protagonista principal, pasa de la indiferencia al no sentirse afectado, hasta la sorpresa y la resistencia a convertirse en un rinoceronte más cuando sus seres queridos también han sucumbido, y a pesar de la presión que éstos y la comunidad ejercen, termina condenado a la soledad y a la marginación en una sociedad de rinocerontes, por negarse a renunciar a su individualidad.

¿Nos estamos convirtiendo en una sociedad de rinocerontes?

Durante años, hemos sido mudos testigos del avance de las ideologías que a veces, con paso lento pero siempre constante, han ido permeando en nuestra cultura, en nuestra sociedad, familias y escuelas, penetrando además en nuestras conciencias y en las  de los niños y jóvenes para confundirlas y deformarlas, presentándoles como bueno, verdadero y apetecible, un falso concepto de libertad.

La legalización de la mariguana y las reformas que pretenden hacer a nuestra Constitución el grupo mayoritario de legisladores en favor del aborto, del “matrimonio” igualitario, de restringir tanto la libertad de expresión como el derecho natural de los padres para educar a sus hijos, son sólo una muestra del poder que los “rinocerontes” han obtenido ante nuestro silencio o indiferencia.

Los obispos de México y algunos grupos sociales han levantado fuertemente la voz ante el peligro en que se encuentra nuestro país, adormecido por el dolor que ha provocado la pandemia, y pidiendo la participación responsable de los ciudadanos en las próximas elecciones y la actividad solidaria de todos los católicos.

La solidaridad cristiana debe reflejarse en la sociedad, comenzando por la familia. Durante décadas hemos delegado a otros la tarea educativa, hoy es imperante retomar a la educación  como el camino seguro para formar a las nuevas generaciones desde el hogar y desde la escuela: “educar es apostar y dar al presente la esperanza que rompe los determinismos y fatalismos con los que el egoísmo de los fuertes, el conformismo de los débiles y la ideología de los utópicos quieren imponerse tantas veces como el único camino posible” nos dice el Papa Francisco en la convocatoria al Pacto Global por la Educación, de octubre del 2020.

Hoy estamos ante la disyuntiva del peligro de caer en un estado totalitario, y como en la “fábula del rinoceronte”, quedar atrapados en la marginación y el silencio, o asumir la responsabilidad que a cada uno nos compete para la construcción del bien común, desde la esperanza y la responsabilidad del cristiano.

“Educar es siempre un acto de esperanza que invita a la coparticipación y a la transformación de la lógica estéril y paralizante de la indiferencia en otra lógica distinta, capaz de acoger nuestra pertenencia común” SS Francisco, octubre 2020.

Consuelo Mendoza García es ex presidenta de la Unión Nacional de Padres de Familia  y presidenta de Alianza Iberoamericana de la Familia.

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