La carta a Dios que escribió un sacerdote antes de morir: “Seguirte fue mi vida”
La carta fue escrita por el padre Fernando Torre Medina Mora, M.Sp.S., durante ejercicios espirituales y actualizada por última vez en diciembre de 2025.
La redacción de Desde la fe está compuesta por sacerdotes y periodistas laicos especializados en diferentes materias como Filosofía, Teología, Espiritualidad, Derecho Canónico, Sagradas Escrituras, Historia de la Iglesia, Religiosidad Popular, Eclesiología, Humanidades, Pastoral y muchas otras. Desde hace 25 años, sacerdotes y laicos han trabajado de la mano en esta redacción para ofrecer los mejores contenidos a sus lectores.
*Carta escrita por el padre Fernando Torre Medina Mora, M.Sp.S. el 10 de enero del 2005, durante los ejercicios espirituales en Guadalajara, Jalisco; la renovó el 11 de marzo de 2017 y la actualizó el 20 de diciembre del 2025.
*CARTA A DIOS AL MOMENTO DE MI MUERTE
Mi Dios-Trinidad, estoy a punto de dejar este mundo, maravilloso y desafiante, y de entrar en tu Casa, en tu eternidad. GRACIAS, GRACIAS. No puedo sino agradecerte el don de la existencia, el don de haberme permitido vivir, cada día, la fascinante y riesgosa aventura de ser hombre. He llegado al final. ¡Recíbeme!
Quiero escuchar de tus labios y tu corazón la palabra que tanto he deseado, la palabra para la que he ido preparando mis oídos espirituales: «entra en el gozo de tu Señor».
Te doy gracias, mi Dios, por mi vida tal y como fue. En cada paso descubro tu amor, tu presencia, tu gracia. Gracias por haberme permitido perseverar hasta la muerte en mi hermosa y sabrosa vocación de Misionero del Espíritu Santo – sacerdote.
Gracias por tu perdón, creo firmemente que has perdonado todos mis pecados, que jamás te asombró mi debilidad y pequeñez; al contrario sé que mi miseria ejercía una irresistible atracción sobre tu misericordia. ¡Qué bueno fuiste conmigo! ¡Cuánto amor, cuánta paciencia, cuánta ternura!
Gracias, Padre bueno, por haberme dicho, una y otra vez, esa palabra que inundaba mi ser de alegría y esperanza: «tú eres mi hijo amado en ti me complazco». Yo a mi vez te digo: «Tú eres mi Abbá, mi querido papá, en ti me complazco».
Gracias, Jesús, mi amado Jesús, mi amigo y mi hermano, mi esposo y mi hijo, mi Dios y mi yo. ¡Qué bien nos la pasamos! ¡Cuánto nos quisimos! ¡Cuánto gozamos nuestro amor! Seguirte fue mi vida. Mi consigna: dejar que Tú vivieras en mí. Fuiste mi pasión, mi ilusión, mi tesoro, mi alegría.
Espíritu Santo, alma de mi alma, mi Dios poderoso y tierno, mi guía y mi amor; gracias porque en cada momento de mi vida me acompañaste, me iluminaste, me fortaleciste, me consolaste. Gracias porque me tomaste como instrumento tuyo para engendrar a Jesús en tantos corazones. Gracias porque me fuiste transformando en Jesucristo y me impulsaste a complacer al Padre en todo.
Gracias, mi Dios-Trinidad, porque la certeza de que me esperas con los brazos abiertos me llena de paz y consuelo en estos momentos decisivos de mi vida. Gracias porque la certeza de que tengo reservado un lugar en tu Casa acrecienta mi esperanza y mi deseo de estar contigo. Toda mi vida te he buscado y te he ido encontrando, aunque de manera parcial y fugaz. Ahora, tras mi muerte, será nuestro encuentro definitivo, y podré tenerte totalmente y para siempre. ¡Cuánto vamos a gozar.
Te agradezco, mi Dios, que me hayas dado a María; te agradezco por mis papás y mi familia, por mis amigos y mi Congregación, por… tu Fernando.

