Opinión

El asesinato del jesuita Hernando de Santarén

Entre el 16 y el 19 de noviembre de 1616 fueron asesinados ocho jesuitas en el hoy estado de Durango en el marco de un levantamiento de los tepehuanes, que dejó cientos de muertos. El 19 de noviembre es asesinado el padre Hernando de Santarén Gómez en Tenerape, cerca de Santiago Papasquiaro. Hay fuentes que aseguran el hecho ocurrió el 20 de noviembre.

El jesuita nació el 18 de febrero de 1567 en la ciudad de Huete, obsipado de Cuenca, España. Sus padres fueron Juan González de Santarén, de linaje judeoconverso originario de Portugal, y su madre María Gómez. Un tío abuelo, Esteban Ortiz, funda el colegio de los jesuitas en esa ciudad. Aquí hace sus primeros estudios.

El 9 de octubre de 1584, a los 15 años es admitido a la Compañía de Jesús en el noviciado de Villarejo de Fuentes, Cuenca. Luego estudia Artes y Filosofía en el colegio de Belmonte. En 1588 solicita ser enviado a la Nueva España. Se concede su petición y viaja con el padre Pedro de Ortigoza. En la capital del virreinato estudia Teología en el Colegio de San Pedro y San Pablo. Aprende náhuatl, que practica con los indígenas del colegio de San Gregorio.


Se ordena sacerdote el 19 de marzo de 1593. Después va al Colegio de Puebla y en mayo de 1594 se le envía a las misiones de Sinaloa. A Culiacán llega el 27 de junio de ese año. En enero de 1595 inicia su trabajo misional en San Felipe y Santiago de Sinaloa, hoy de Leyva.

En 1596 el padre visitador lo envía a misionar con los guasaves. Lo primero que hace es aprender su lengua. Tres años después abandona esta región, junto con el padre Villafañe, por la creciente animosidad que habían generado sacerdotes indígenas hacia el trabajo de estos jesuitas. Sus esfuerzos, entonces, los concentran en las misiones de la Sierra Topia.

En septiembre de 1604 profesa su cuarto voto en Guadiana. Funda las misiones de Santa Ana, San Martín y San Pedro, Octitlan y Ayepa en tierra de los indios acaxees. Sostenía que: “Con grandisima dificultad se podría doctrinar si no se hicieran congregaciones de ellos en la parte más cómodas”.

Para 1609 ya había construido 46 iglesias con sus propias manos. En 1610 pasa a la región de Xoxotilma, nación de los xiximes. Pueblo muy contrario a la presencia de españoles, en permanente guerra con sus vecinos acaxees y caníbales. El padre traduce el catecismo en su lengua.

En 1612 se le nombra visitador de las misiones de Sinaloa, dentro de su intensa correspondencia una de sus cartas lo muestra en lo que es. En ella responde a una propuesta del padre provincial para que, después de tantos años, deje el trabajo y vaya a descansar al Colegio de México.

La carta dice: “Aunque me siento viejo y cansado, deseo que no quede para mí el procurar el bien de estas almas; y misiones; ni pediré salir de ellas, aunque no cerrado por eso la puerta a la obediencia, para que disponga de mi persona, como de un cuerpo muerto: pues harto mal fuera, si de diez y nueve años de Misión, y trabajo, no hubiera quedado con la indiferencia que nuestro Padre san Ignacio nos pide, y ya que no con tantos talentos al menos faltará el ofrecerme de nuevo: Ecce ego non recuso; fiat voluntas Domini”.

El provincial lo mantiene en las misiones y en 1615 lo vemos  entre los bacapas y los habitantes de Chicorato y Cahuameto de la nación cahita. Y en 1616 predicando entre los humis, nebomes, xiximes, yaquimis, hinas y demás pueblos de la sierra.

De acuerdo con el historiador Atanasio G Sarabia en noviembre de 1616 emprende viaje a Guadiana, para entrevistarse con el gobernador, con objeto de “tratar con él sobre una nueva entrada a dar doctrina a una nación de Sinaloa, para la que había sido enviado por su superior”.

En esa travesía, el 19 de noviembre es asesinado en Tenerapa, cerca de Zoracapa y Santiago Papasquiaro, a golpe de macana. Él no estaba enterado del levantamiento de los tepehuanes. Tenía 49 años y 23 años los pasó en su labor misionera en Sinaloa. En 14 de estos años fue superior en algunas de las misiones.

Años después se encuentra su cuerpo, que se lleva a Guadiana. Aquí se le entierra. La ciudad de Huete pide al general de la Compañía de Jesús que les envíe los restos de uno de sus hijos. En 1631 a esa comunidad se le entrega un hueso del padre Santarén.

El padre Eusebio Francisco Kino, desde la primería alta en Sonora, escribe en 1695: “El padre Hernando de Santarén, natural de Huete, del obispado de Cuenca, misionero apostólico en los Xiximes, fundador de las misiones de la Sierra de Topia, trabajó incansablemente y apostólicamente 19 años. Bautizó unas 50 mil almas; edificó más de 40 iglesias; dio más de 40 mil pesos de limosnas a los pobres. Le mataron los rebeldes Tepehuanes, rompiéndole la cabeza con un palo y otras heridas, en 20 de noviembre de 1616 años. Escribió su vida el padre Eusebio Nieremberg”.

En la parroquia de Santiago Papasquiaro hay un óleo de Miguel Cabrera, con esta leyenda: P. HERNANDO DE SANTAREN, DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS, QUE FUE MARTIRIZADO EN TENERAPE DE SANTIAGO PAPASQUIARO A 19 DE NOVIEMBRE AÑO DE 1616. Es una obra que se encarga entre 1745 y 1751 para enviar a las doctrinas del Norte según consta en el archivo de la Provincia de la Compañía de Jesús en la Nueva España de 1753.

 

Twitter: @RubenAguilar

Rubén Aguilar Valenzuela es profesor universitario y analista político.

 

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