Cielo y tierra

¿‘Comamos y bebamos que mañana moriremos’?

La frase que da título a este artículo está tomada de un texto del profeta Isaías, en el que Dios denunció que cuando Su pueblo vio venir una grave amenaza, en lugar de llorar, lamentarse y volverse hacia Él, se dedicó al jolgorio diciendo: “¡Comamos y bebamos, que mañana moriremos!” (Is 22, 13).

Expresa perfectamente el sentir de miles de jóvenes ucranianos que ante la aterradora y muy plausible amenaza de perder la vida en un ataque nuclear, están organizando lo que llamaron la ‘orgía del fin del mundo’.

La noticia apareció hace unos días. Los organizadores lanzaron la convocatoria en Telegram y hasta ahorita se han unido más de 15, 000 jóvenes que coinciden en opinar que deben aprovechar el tiempo que les quede entregándose desenfrenadamente a lo que más disfruten.

Es impactante que ante la posibilidad de morir, no se detengan a reflexionar cuál es el sentido de su vida, ni cómo podrían hacerla útil y significativa, aun si fuera a terminarse prematuramente.

No se les ocurre preguntarse por qué están en este mundo, quién los creó, para qué, o si existen el Cielo y el Infierno y de qué depende pasar la eternidad en alguno de ellos.

Dios está por completo ausente de sus mentes. Y tal vez se podría pensar que esto se debe a que son descendientes de personas que crecieron en la URSS, cuyo gobierno comunista se empeñó en desterrar la fe.

Pero esa misma mentalidad está presente también en países, supuestamente cristianos. Ahí está el caso de EUA. Sus jóvenes suelen elegir una universidad lejos de casa y allá se van a vivir. La mayoría lo considera una liberación que le permite hacer lo que le dé la gana, lo cual incluye omitir asistir a la iglesia, y parrandear todos los fines de semana.

Se supone que recibieron una educación religiosa, pero resulta evidente que ésta no sólo fue superficial, sino, en muchos casos, muy mal encaminada. Por ejemplo: desde niños aprendieron que quien llega en Navidad es santa Claus, a traer regalos, y que el demonio es un personaje ficticio simpatiquísimo del que se disfrazaban en Halloween para recibir dulces. No es de extrañar que al llegar a la universidad se topan, por una parte, con maestros que atacan y ridiculizan la fe, y los engañan haciéndoles creer que la única manera de conocer la realidad es a través de la ciencia, a lo cual no saben qué contestar, y, por otra parte, se ven metidos en un ambiente en el que la meta es destramparse en alocadas fiestas, y se dejan llevar.

Claro, cuando les toca enfrentar situaciones que los ponen a prueba, frustraciones, dificultades, decepciones, incluso tragedias, no saben cómo resolverlas. Como están lejos de Dios y no cuentan con la cercanía y consejo de sus padres, optan por seguir el ejemplo de sus ‘cuates’: evadirse, beber, drogarse, y, desgraciadamente, incluso suicidarse.

Hay una solución, y la tiene Aquel que dijo que solos no podemos hacer nada.

Que los jóvenes descubran, o recuperen, su fe, que establezcan una relación personal con Jesús.

Cuando éstos empezaron a abandonar las parroquias, hubo quien sugirió que lo que hace falta es tener mejores homilías y mejor música, para competir con las iglesias protestantes. Pero la Misa no tiene por objeto entretener, sino facilitar a sus fieles tener un encuentro personal con Jesús, que está allí realmente Presente, y recibir Su perdón, Su Palabra, a Él mismo en la Eucaristía.

Es indispensable ayudar a que los jóvenes se den cuenta de que Jesús es el Único que puede responder a todas sus preguntas, y darle sentido a sus vidas.

En su Carta a los Gálatas, san Pablo enumera las obras que proceden del desorden egoísta del hombre, y entre otras menciona la lujuria, la impureza, el libertinaje, las borracheras, las orgías, y afirma que quienes hagan estas cosas no conseguirán el Reino de Dios (ver Gal 5, 18-25).

El diablo se ríe, si ante la amenaza de un ataque nuclear, los jóvenes, en lugar de volver la mirada a su Creador, se dedican a cometer pecados graves, asegurando su propia condenación.

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